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Red Internacional
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OPINIÓN. El cobarde moral

Sin mostrar el menor arrepentimiento ni duda, uno de los personajes más espurio de la política chilena y hoy precandidato presidencial del PS, José Miguel Insulza, no dudó en señalar que cuando Pinochet fue traído de vuelta de Londres, se levantó de su silla de ruedas y caminó perfectamente calificándolo como un “acto reflejo”.

Cristian Bustos

Cristian Bustos Periodista @bustoc

Miércoles 7 de diciembre de 2016

Fueron sus declaraciones en la serie de TVN sobre los últimos 10 años del dictador, y donde se entregan detalles íntimos desde el momento en que en la capital inglesa, mientras estaba en The Clinic por una operación a la columna, fue que a instancias de la justicia española fuera detenido para ser procesado por múltiples violaciones a los DD.HH.

Insulza ha tenido el descaro –habitual en él- de encubrir esta provocación de Pinochet a la justicia inglesa, que por conmiseración y razones humanitarias no lo extraditó a España por un hipotético grave estado de salud, y a diferencia de quien fuera el Ministro del Interior inglés, Jack Straw, que reconoció un arrepentimiento genuino de haberlo liberado y admite que fue “engañado”.

Straw no busca pretextos y hace su mea culpa. Tiene la valentía y la altura moral para darse cuenta de su error político. A diferencia del cínico Insulza, no pretende competir en neurología con el premio Nobel, Iván Pavlov, -quien descubrió los mecanismos fisiológicos y sicológicos de los reflejos innatos y los reflejos condicionados-, y concluye que la caminata de Pinochet al momento de arribar a Santiago fue una burla para su gobierno.

Fue el momento en que el dictador provoca al mundo levantándose de su silla de ruedas, camina altaneramente, saluda uno por uno a los comandantes en jefe y familiares por sus nombres y levanta las manos a sus partidarios. Y eso no tiene nada de “acto reflejo”.

Nada de Insulza debe sorprendernos. Recorrió el mundo como Canciller de Frei, prometiendo que el criminal sería juzgado en Chile, a sabiendas que moriría plácidamente en su cama.

El hoy presidencialista tiene una larga huella de inconsecuencias y turbiedades. En marzo de este año estuvo en el Congreso informando a los legisladores que “no sería candidato a nada”… e incluso el Canciller Heraldo Muñoz, en declaraciones a El Mercurio, reconoce que le sorprendió su decisión, porque le había asegurado que permanecería hasta el final como agente de Chile en La Haya en el conflicto con Bolivia.

Insulza y su precandidatura sólo tiene como objetivo negociar en el PS su futuro político, y está dispuesto a “sacrificar” su pretensión de llegar a La Moneda para dejarle el paso a su ex jefe Lagos, a cambio de 8 años en el Senado, en un cargo público. Desde allí ambos sueñan con reconstruir a la Concertación… sin reparar que la naftalina no sirve para todo.