Pablo Iglesias presenta un nuevo “código ético” para la III Asamblea de Podemos a través de “Un Podemos Contigo”, el equipo que lidera. Las modificaciones con respecto a los salarios de los cargos del partido y la supresión de los límites a los mandatos han generado polémicas en las redes.
Jaime Castán @JaimeCastanCRT
Martes 3 de marzo de 2020
Esta semana se han dado a conocer las propuestas para la III Asamblea de “Un Podemos Contigo”, el equipo liderado por Pablo Iglesias. Algunas de ellas han generado mucha polémica, como la modificación de la limitación de sueldos a tres veces el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) para todos los cargos internos y electos, así como la eliminación de los límites de mandato.
Con la cuestión de los sueldos ahora se plantea poner fin a la limitación de tres salarios mínimos, donde el resto del sueldo como cargo público era donado al partido o a cuestiones sociales, por un sistema basado en porcentajes. Como han argumentado desde el entorno de Iglesias, debido a las subidas del SMI, muchos cargos dejarían de donar parte de su sueldo. Así se concibe un sistema de porcentajes donde “la gente que gana más va a donar más cantidad, y la gente que gana menos va a donar menos cantidad”. Aunque no termina de quedar claro si se mantiene la limitación del suelo por arriba de los tres salarios mínimos o cargos como el del propio Iglesias van a tener un aumento salarial.
🎬 @Alber_Canarias te explica nuestra propuesta sobre la limitación de sueldo de cargos de Podemos de nuestros documentos, ante la campaña con información engañosa que ha generado.pic.twitter.com/qtXK1NQwnk
— Un Podemos Contigo (@1podemoscontigo) March 2, 2020
Se introduce además la idea de que esos porcentajes salariales irán determinados por el nivel de “responsabilidad” del cargo que se ocupa: cargos con más responsabilidad, mejor salario. Algo que se plantea como un elemento casi de sentido común, y sin duda lo es… para la tradición liberal, no para la izquierda.
En cuanto a la prolongación de los mandatos, en principio limitados a ocho años, la propuesta es alargarlos a doce. Hay que tener presente que el propio Iglesias ya acumula seis años. Pero incluso los mandatos se podrían alargar más, incluido el suyo, si lo permite la militancia en una consulta.
Sin embargo, a pesar de la polémica en torno a estas propuestas que se han publicado, previsiblemente los documentos presentados por Iglesias serán aprobados, ya que no se espera que se alcen voces internas en contra. Podemos como partido se construyó en torno al liderazgo del propio Iglesias y la configuración interna, dirigida por él mismo, ha estado durante estos años enfocada a consolidar ese liderazgo y a arrinconar las voces discordantes.
Como ya señalábamos en una nota hace tiempo: “detrás de un discurso cargado de referencias a la ‘participación’, el ‘empoderamiento de la ciudadanía’ y la ‘horizontalidad’, desde el comienzo Iglesias se ha asegurado ser él y su equipo el que marcaba las reglas del juego. De esta manera, y obviamente coadyuvado por su permanente exposición mediática, ha conquistado un liderazgo casi indiscutido”.
El sistema de la elección de cargos de Podemos ha estado caracterizado desde el inicio por listas cerradas donde la más votada se lleva todos los cargos, un mecanismo que por la preeminencia mediática de Iglesias le ha permitido controlar el Partido. Junto con los “plebiscitos electrónicos” usados para consolidar su figura de poder en momentos en que han surgido críticas internas, como paso con el caso del famoso piso de Galapagar. Del mismo modo, la modificación de la limitación de los cargos puede abrir un escenario donde una “consulta a las bases” permita la continuación en los cargos de Iglesias, Montero y su entorno.
Desde el surgimiento de Podemos tratando de “representar” el “espíritu del 15M”, se mantuvo una retórica de movimiento-partido, como una organización que venía a romper con la casta y hacer “otra política”. Seguramente poca gente se imaginaba que algo pudiera “envejecer” tan rápido, pero había más que indicios desde el principio.
Desde su primer hito electoral en las europeas de mayo del 2014, el partido ya tendió a una forma organizativa más centralista -en el sentido más burocrático del término-, con un método más de “plebiscito” que de participación y, sobre todo, con un programa reformista que ya desde su origen era muy limitado y lejos de proponerse una ruptura con el Régimen del 78 y levantar una alternativa anticapitalista… como quisieron ver algunos “anticapitalistas”.
En este sentido no deja de sorprender la retórica que sostienen algunos sectores de “vuelta a los orígenes” de Podemos, cuando la explicación de la deriva hacia la absoluta integración en el régimen político monárquico comienza en ese mismo origen. Del cuestionamiento de la casta del PP y el PSOE, a ser parte de ella codo con codo con Pedro Sánchez.
Desde el primer momento Podemos ha sido un partido caracterizado por estar subsumido en la video política y el exceso de retórica, que como hemos visto se ha ido descafeinando hasta la náusea. No hay más que ver el nombre con el que se presenta el equipo de Iglesias para la Asamblea: “Un Podemos Contigo”. Un auténtico eslogan publicitario carente de contenido político concreto, simplemente retórica vacía para seguir manteniendo el control.
Iglesias siempre cuestionó a Izquierda Unida como proyecto político, como si esta “vieja izquierda” fuera un lastre que había que superar. Sin embargo, no sólo no ha cuestionado el programa y la estrategia del partido de Garzón, por su reformismo y su adaptación desde Transición al Régimen del 78, sino que asume su balance político. Cuando lo propio sería hacer una crítica consecuente a toda la experiencia nefasta del “eurocomunismo”, lejos de eso se reproducen sus peores vicios sin contar encima con elementos potenciales potentes -como era liderar un movimiento obrero organizado y combativo-.
Por estos motivos consideramos preciso levantar un proyecto político anticapitalista y revolucionario que supere la bancarrota del neorreformismo. Un proyecto político que exija el fin de los privilegios de la “casta política”, siguiendo y haciendo justicia a experiencias como la Comuna de París de 1871, el primer Estado de los trabajadores de la historia, donde todos los cargos políticos cobraban el equivalente al salario de un trabajador calificado o una maestra. Una tradición muy lejana a los privilegios que reivindican Iglesias y su séquito para sí mismos como “políticos profesionales”.
Esta perspectiva es la que nos muestra en la actualidad la experiencia de nuestras compañeras y compañeros del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) y el Frente de Izquierda Unidad en Argentina, donde los cargos públicos cobran el sueldo de una persona trabajadora media (nada de triples sueldos mínimos ni sueldos en función de las responsabilidades); donde políticos de la clase trabajadora como Raúl Godoy han ocupado cargos de diputados de forma rotativa con otros compañeros/as, para después de finalizar su mandato volver nuevamente a su puesto de trabajo en la fábrica de cerámicas Fasinpat -Fábrica sin patrones-, una fábrica ocupada y puesta a producir bajo gestión obrera.
En cualquier caso, no es una simple cuestión formal de sueldos o limitaciones de cargos, sino que hay que pensar la organización de una alternativa política basada en la constante discusión para el desarrollo más efectivo de una estrategia revolucionaria. Pensar otra política, otro partido. En eso estamos.