La crisis social y económica se empieza a acrecentar. Las medidas que anunció el Gobierno no garantizan nada a amplios sectores de la clase trabajadora.
Lunes 16 de marzo de 2020 21:37
El hombre tiene más de 65 años. Se lo confirma a su interlocutor en la puerta del Hospital Posadas. No debería estar ahí. Sin embargo, espera desde hace más de cuatro horas: tienen que darle el turno para una operación de corazón. “Yo no debería haber venido”, reflexiona. Y sin embargo sigue esperando.
La joven tiene apenas 22 años. Trabaja de moza. Le pagan $ 460 por día, en un restaurante donde el plato más barato sale $ 350. Este lunes se despertó con un mensaje que no quería leer: "Hasta nuevo aviso no va hacer falta que vengas".
No sabe cuando llegará ese nuevo aviso. Con solo $ 1.000 en el bolsillo tiene que pagar el alquiler, los servicios y comer. La cuenta no cierra bajo ningún punto de vista.
Te puede interesar: Mano de obra descartable: la precarización y el coronavirus
Te puede interesar: Mano de obra descartable: la precarización y el coronavirus
"Anoche no podía dormir. Yo no entro en pánico, pero tuve que pensar que era lo mejor para mí y mi hijo. Todo es muy precario, ni hablar por ejemplo si tenés que tomar el transporte público”.
Vane vive y labura en La Matanza. Es una de las tantas docentes que se enteró el domingo por la noche que las clases se suspendían a partir de este. No solo tuvo que reorganizar su trabajo, sino también su vida.
Te puede interesar: “Que Trotta nos acompañe a las escuelas a ver las desastrosas condiciones de higiene”
Te puede interesar: “Que Trotta nos acompañe a las escuelas a ver las desastrosas condiciones de higiene”
Esa misma precariedad es la que vivieron decenas de miles de usuarios este lunes en el tren Roca, cuando la empresa -con aval del Gobierno- decidió reducir frecuencias. El hacinamiento no perdonó a nadie, fuera persona en situación de riesgo o no.
Algunas pequeñas historias. Testimonios de como ya golpea la crisis causada por el coronavirus sobre las condiciones de vida de amplios sectores de la clase trabajadora. La epidemia que empieza a entrar al país va trastocando las condiciones de vida de las amplias mayorías.
Entre ellos son muchísimos los que se encuentran al margen de cualquier encuadramiento legal. Como la joven moza de esta nota, que carece de derechos sindicales y no puede defenderse de la prepotencia patronal.
En la Argentina, cuatro de cada diez trabajadores se hallan en la informalidad. Entre ellos y ellas hay que contar a los trabajadores de la llamada economía de plataforma (Uber, Rappi, Glovo y otras); jóvenes que trabajan en comercio o en la construcción; empleadas domésticas; trabajadores rurales y muchos más.
Trabajo en negro y precarización con la constante. Sobre ellos recaen las peores condiciones de trabajo. Sobre ellos se descargará más brutalmente la crisis que venga de la mano del coronavirus. Serán ellos y ella -ya lo empiezan a ser- quienes sean suspendidos, despedidos, pierdan la mitad o más del salario y tengan que aceptar peores condiciones laborales.
Esto no puede permitirse. Hay que establecer subsidios masivos para todos los trabajadores en situación de precariedad. No pueden quedar a la deriva, sin ningún ingreso y dependiendo de lo que los empresarios o quienes los emplean quieran hacer. El Estado tiene que garantizar esos subsidios. ¿Con qué recursos? En primer lugar rechazando el pago de la deuda pública. Una deuda que solo beneficia a los grandes acreedores internacional y al FMI. Pero, además, esa plata se puede obtener con impuestos progresivos extraordinarios a los grandes grupos capitalistas. A todos aquellos sectores capitalistas que en estos años ganaron y ganaron.
Son estos sectores también quienes no pueden acceder a las obras sociales o a las prepagas. Eso quiere decir que, si sienten algún síntoma, deberán correr a los hospitales públicos. Esos hospitales donde faltan las camas, los médicos y las enfermeras. Los mismos donde no hay test para el coronavirus ni respiradores.
Por eso también es necesario un aumento de emergencia en el presupuesto del sistema sanitario que garantice más camas, más médicos, más enfermeras y más insumos. La salud y la vida de las familias obreras está por encima de las ganancias capitalistas.
Desde la La Izquierda Diario queremos darle voz a todas las denuncias que permitan mostrar esta situación. Este lunes recibimos decenas de denuncias desde distintos lugares del país. Hacemos llegar la tuya. No hay que quedarse callado. Hay que plantear las cosas como son: los trabajadores y trabajadoras no podemos terminar pagando también esta crisis.