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Editorial. El debate sobre el debate

La disputa política que generó el debate de candidatos y candidatas a la presidencia. Editorial de “El Círculo Rojo”, programa de La Izquierda Diario que ese emite los jueves de 22 a 24 h por Radio Con Vos, 89.9.

Fernando Rosso

Fernando Rosso @RossoFer

Jueves 5 de octubre de 2023 23:25

  •  La primera parte del debate de candidatos y candidatas a la presidencia que tuvo lugar el domingo pasado en Santiago del Estero ya estuvo sobreanalizada.
  •  Es interesante observar los balances porque hubo de todo: los partidarios de Javier Milei salieron a mostrar resultados de encuestas de los medios más a fines a la derecha para “demostrar” que habían ganado el debate (entre otras cosas por la acción de las granjas de trolls que operan esas encuestas); los medios a fines al Gobierno festejaron que Sergio Massa saliera más o menos parado en un contexto propicio para que cualquier candidato oficialista directamente se hunda; hubo quienes hasta llegaron a decir que Patricia Bullrich —que tuvo la peor performance—, fue muy aguda (admirable ese periodismo militante); Juan Schiaretti aportó muchos memes post debate por hablar sólo de Córdoba (un detalle acá: hay otra Córdoba que no tiene nada que ver con el paraíso que presentó el gobernador). Y todos —quienes son más afines al macrismo, al kirchnerismo, al mileísmo y los que somos más afines a la izquierda— coincidieron en destacar la buena y sólida intervención de Myriam Bregman del Frente de Izquierda.
  •  ¿Esto reportará votos? Bueno, todavía falta la segunda parte del debate que se realizará el próximo domingo en la Facultad de Derecho en la Ciudad en Buenos Aires. Y, además, en la bibliografía de análisis de los debates a lo largo de la historia hay una amplia gama de posiciones: desde aquellos que dicen que no cambia nada a otros que aseguran que puede mover el amperímetro (depende cuando se realicen, cuánto se sostenga el “efecto” hacia el día de la elección etc.). Personalmente creo que como todo hecho político depende del marco general: en una elección más o menos definida, con algún nivel de estabilidad o “normalidad” (aunque eso en los parámetros argentinos es muy relativo) es muy difícil que un debate cambie las tendencias o influya mucho. Ahora, en una situación de crisis aguda como la actual, de cambios vertiginosos en el escenario político, de retroceso significativo de las grandes coaliciones o ascenso acelerado de otras; cualquier evento puede jugar un rol. Digo, no sólo un debate, también otros hechos: por ejemplo, si se descubre a un funcionario clave de la provincia que es el centro de gravedad del oficialismo de paseo por Marbella gastando fortunas. Puede confirmarse o no, pero creo que el escenario es más propicio para que el debate tenga algún impacto.
  •  La buena performance de Myriam Bregman no sólo se demostró por los que la reivindicaron positivamente, sino por los ataques que comenzó a recibir. Lógicamente, de parte de Milei y sus partidarios porque le dolió lo de “gatito mimoso del poder económico” etc. Pero me quiero centrar en un relato que comenzó a circular entre el sector “progresista” de adherentes del oficialismo que comenzó diciendo: “Myriam estuvo muy bien, coincido con muchas cosas de las que planteó, pero no tiene posibilidades etc.” y luego escaló para afirmar que cosas del tipo “ojo con Myriam porque puede ser la diferencia que permita que gane la derecha etc.”.
  •  A ver, empecemos de nuevo: el peronismo perdió entre 2019 y 2023 seis millones de votos (¡seis millones de votos!) ¿Por qué? Tengo algunas hipótesis: quizá sea porque la política oficial (que cumple a rajatabla los mandaros del FMI) provocó una inflación detonada que a la vez pulverizó los salarios (y los ingresos: AUH, jubilaciones, pensiones). Quizá que haya más de 40 % de pobres y 60 % entre niños y niñas tenga algo que ver. Quizá que haya avanzado la informalidad laboral y la precarización. Quizá en el ascenso de Milei tenga algo que ver que —según lo que dijeron tanto Juan Grabois como Sergio Berni— lo fogonearon desde el peronismo, le armaron las listas y le cuidaron las boletas. Y algunas cuestiones adicionales que tienen que ver con este Gobierno: como la fiestita de Fabiola Yañez en Olivos (Alejandro Horowivz en su libro le da mucha importancia) o ahora un acontecimiento similar: el paseo millonario de Martín Insaurralde (“En la vida hay que elegir” ¿se acuerdan?) y el escándalo en la legislatura de la provincia de Buenos Aires.
  •  Bueno, el 30 % de los votos que sacó Milei sale esencialmente de todo este combo. Su eventual triunfo en primera o segunda vuelta será responsabilidad de quienes delinearon estas políticas y quienes llevaron adelante estas prácticas, y no precisamente de Myriam Bregman.
  •  Pero, además agrego un interrogante: ¿cómo saben que los votos que puede obtener Myriam son “naturalmente” de ellos? ¿Por qué alguna porción no puede ser disputada con Milei (u otros)? Obvio que no hablo de los votantes “duros” de Milei, pero está demostrado por estudios elaborados por investigadores que simpatizan con el kirchnerismo, que hay por lo menos un tercio de votantes “disputables” que no comparten las ideas o el programa de Milei ¿Por qué lo votaron? Porque estaban hartos de las dos principales coaliciones y querían otra cosa ¿Por qué no votaban a la izquierda? Quizá porque saturaron con Milei en los medios (cuando creían que lo podían utilizar solo para girar el escenario a la derecha y después descartarlo) mientras a la izquierda no le daban ni el 1% de ese espacio. Porque les recuerdo una cosa: cuando se produjo la emergencia del “fenómeno Milei” en 2021 con el 17 % de los votos en la Ciudad de Buenos Aires; en paralelo tenía lugar en Jujuy, el “fenómeno Vilca”, el recolector de residuos que hoy es diputado y sacó el 25 % y le ganó al peronismo. Claro, algunos tenían más interés en que avance un “fenómeno” y no el otro. A ver, los medios no explican todo, pero sin los medios, no se entiende nada de Milei.
  •  La propuesta de Bregman o de la izquierda es que la bronca se canalice por izquierda, tiene el derecho y el deber de dar esa batalla. Los que quieren ser autoindulgentes con su Gobierno, con su política y responsabilizar a la izquierda por la irrupción de un fenómeno que es el producto de los resultados de su política, no solamente engañan a la gente, sino se mienten a sí mismos.
  •  Esto no quiere decir que el avance de la ultraderecha no interpele a la izquierda (algo escribí sobre eso el domingo pasado en la revista Panamá), ahora esto no debe impulsarla a dar “menos” pelea política, sino más. Y mucho menos quiere decir hacerse cargo de las responsabilidades ajenas que fueron la que nos condujeron hasta acá.

  • Fernando Rosso

    Periodista. Editor y columnista político en La Izquierda Diario. Colabora en revistas y publicaciones nacionales con artículos sobre la realidad política y social. Conduce el programa radial “El Círculo Rojo” que se emite todos los jueves de 22 a 24 hs. por Radio Con Vos 89.9.

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