Mientras el pinochetista de Kast avanza sin transar ningún punto un programa político, el cual solo puede traer más precariedad y represión al pueblo trabajador, al otro lado de la vereda de los partidos del régimen se viene apostando por hacer todo lo contrario. Boric ha ido gradualmente dándole la espalda al programa presidencial con el que fue electo en las primarias de julio, que ya era moderado, derechizándolo cada vez más. Este giro quedó plasmado en las propuestas que Apruebo Dignidad presentó el 1 de noviembre. Aquí una muestra en materia de Derechos Humanos y represión.
Sábado 13 de noviembre de 2021
El programa de Apruebo Dignidad (AD) proponía en julio “impulsar el indulto a los presos de la revuelta”. Ahora pasó a decir “apoyaremos el proyecto de ley de indulto para quienes injustificadamente siguen privados de libertad”. En 2 años hemos podido ver qué significa para los parlamentarios y convencionales del PC y FA “impulsar el indulto”. Los familiares y amigos de los presos políticos lo saben mejor que nadie. Ha sido, tal como aclaran ahora, limitarse a “apoyar el proyecto de indulto”. Después de firmado el Acuerdo por la Paz, el PC y FA no han hecho absolutamente nada para movilizar a las masas por la liberación de los presos políticos, pese a que ha sido una demanda sentida por miles. Hasta ahora, solo declaraciones de intención, para luego arrodillarse ante los hechos consumados, como si no se pudiera hacer nada más.
Las propuestas de AD se cuidan de evitar la expresión “presos políticos por luchar”. En vez de esta, el nuevo programa insertó el adjetivo “injustificados” para señalar aquellos procesos que merecerían el indulto. No se molestan en hacer más aclaraciones. Esto solo se puede ser leído como una concesión al criterio de “justicia” del actual poder judicial. La larga campaña de criminalización a la protesta que ha llevado adelante el gobierno, los partidos de los 30 años y la prensa empresarial, se introduce con sutileza en el programa presidencial del Frente Amplio y el Partido Comunista.
En la contracara de la criminalización, tenemos la impunidad del régimen. Aquí, pese a la frase ganadora de Boric “señor Piñera, ya está avisado” y las estériles acusaciones constitucionales que hacen los parlamentarios de AD, su programa presidencial parece olvidar la demanda de juicio y castigo a los criminales políticos y materiales de la represión. Apenas propone crear una Comisión de Verdad, Justicia y Reparación para víctimas y “fortalecer a los órganos públicos” responsables de la investigación y sanción de las querellas en curso. En ninguna parte se apunta a la responsabilidad del régimen criminal ni se denuncia la completa impunidad que ha sido garantizada, precisamente, por estos "órganos públicos". Por el contrario, se presenta como si la causa de las violaciones de los derechos humanos hayan sido las “debilidades en seguridad ciudadana” y los “excesivos niveles de autonomía” de Carabineros de Chile. En realidad, todo el programa de AD esquiva cualquier tipo de confrontación directa hacia los principales responsables de las decenas de asesinatos y centenares mutilaciones: los políticos del régimen servil a los intereses de los empresarios y que mandaron a reprimir al pueblo, partiendo por Piñera.
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Siguiendo a "demócratas" de la reconciliación social como Aylwin o Lagos, el programa de Boric eliminó de su propuesta original poner fin al secreto de la Ley Valech. También eliminó la prohibición de la aplicación de beneficios carcelarios en crímenes de lesa humanidad. Y aunque el nuevo programa propone anular el Decreto Ley de Amnistía de la dictadura, no plantea directamente su derogación, sino que más ambiguamente dice “revisaremos la fórmula adecuada para dejar(la) sin efecto”.
Tampoco proponen eliminar ni el uso y ni la facultad dictatorial del presidente para decretar estados de excepción constitucional, facultad que le permite suspender los derechos fundamentales y poner a la población bajo sumisión militar. No es sorpresa. El PC y el FA aprobaron numerosas veces las prórrogas de los decretos de excepción de Piñera durante la pandemia.
El nuevo programa propone “la derogación de leyes represivas”. Se acordaron aquí de la "ley antiprotestas", aprobada gracias a los votos a favor del Frente Amplio y las abstenciones del Partido Comunista. Una de las leyes más represivas de la historia del país que, pese a que Boric aun pretenda desmentir, se trató de un proyecto que de principio a fin buscó atacar, hasta de manera explícita, la protesta social. El programa, eso sí, no incluye la derogación de otra normas criminales como la ley antiterrorista. Solo se propone “reformarla” para ponerla a tono con el “derecho internacional”.
El programa de Boric reafirma su propuesta de refundar las policías para la “construcción de una policía democrática” con “control civil”. En otras partes desde LID hemos abierto el debate respecto de esta peligrosa ilusión, que solo puede tener como resultado armar mejor las instituciones hechas para defender a los ricos. Pero ahora no solo proponen refundarlas, sino además, reforzarlas: “aumentar la dotación”, dicen textual.
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Dentro del “control civil” se propone un sistema de “inteligencia bajo el mando y control de una agencia civil con capacidades operativas autónomas”. Si se refieren a un tipo de “agencia civil” con “autonomía”, tal como Boric describe al Banco Central, al cual el candidato defiende ante las críticas, ya nos podemos hacer una idea de para quienes trabajará esa inteligencia.
En materia de drogas, el programa se limita a decir que buscarán no perseguir el “uso personal” y “analizarán” la legalización del consumo de marihuana. Ni siquiera plantean algo tan mínimo como la legalización del cultivo. Naturalizan que para la producción y el comercio de drogas no habría más alternativa que dejarlas en manos de las coludidas empresas farmacéuticas o del narcotráfico ilegal. Se oculta que la violencia, que no para de crecer al lado de esta industria, se debe exclusivamente a arrojarla a la ilegalidad y a la rapiña empresarial. La propuesta de “persecución penal eficiente del narcotráfico” de Boric, que está en la misma línea de las demás candidaturas, lejos de avanzar en terminar con la violencia criminal en las poblaciones solo le echa más leña al fuego.
Respecto a las Fuerzas Armadas, el programa de AD comienza con la tajante afirmación de que “cualquier alternativa política que se proponga cursar un proceso de transformaciones en paz y estabilidad, debe incorporar a la Defensa Nacional y las FF.AA.”. El FA y PC sienten la necesidad de responder a cada alarma que levantan los partidos del orden y las agencias financieras que oprimen al país, una y otra vez los escuchamos repetir que el propósito de su plan de gobierno es garantizar "transformaciones en paz y estabilidad". Pero, ¿paz y estabilidad para quienes?
Queda en evidencia que la propuesta política que representa Boric dialoga cada vez más con los partidos del régimen y los intereses que estos representan que con las demandas y necesidades del pueblo pobre y trabajador. Promete demagógicamente transformaciones sociales sin tocar un pelo a los intereses de los grandes empresarios ni cuestionar en lo más mínimo el rol de los apararos represivos del estado, más aún, busca embellecerlos "democratizándolos" con "control civil". La permanente y creciente tibieza del programa político de AD se aleja de las masas para asegurar continuidad del régimen heredado de la dictadura y tranquilidad a sus principales defensores.