Gracias a la enorme fuerza de la marea verde en Argentina, en muchos otros países de América Latina el aborto legal se puso sobre la mesa. En Chile generó debate en varios lugares de trabajo, donde muchas mujeres seguimos con atención el proceso, y este año, por primera vez, fuimos parte de la marcha del 25J.

Beatriz Bravo Militante del Partido de Trabajadores Revolucionarios

Joseffe Cáceres Trabajadora UMCE y vocera de Pan y Rosas Chile
Lunes 30 de julio de 2018
Para nadie es indiferente la gran marea verde que se tomó las calles en Chile y el congreso de Argentina donde miles de mujeres, jóvenes, estudiantes y trabajadores coparon las calles por el aborto legal.
Mientras al otro lado de la cordillera este miércoles 8 de agosto se definirá la ley en la cámara del Senado, acá damos los primeros pasos para que esa masividad se transforme en un gran movimiento para conquistar nuestro derecho.
Desde el 2016 el movimiento de mujeres se ha tomado las calles de Chile, al grito de "Ni una menos",y luego de este año ha demostrado que lo hizo para quedarse. La Nueva Mayoría (NM) con una mujer como presidenta, buscó responder a este, pero solo dio el derecho al aborto bajo 3 causales que no hacen más que cubrir a aproximadamente el 1% del total de los abortos que se realizan en el país. Que de fondo esconde bajo la alfombra un profundo problema de salud pública, el negocio de las clínicas privadas y farmacéuticas, el precario acceso a educación sexual en los liceos y universidades y la intromisión de la iglesia en nuestros propios derechos junto al enorme peso de esta institución sobre las millones de mujeres.
Hoy con la derecha en el Gobierno, queda demostrado que son el Estado, los empresarios y la iglesia, quienes se enriquecen a costa de condenar, anualmente, a cerca de 160.000 mujeres al aborto clandestino.
Mientras fuimos miles en las calles de todo Chile este 25, un grupo fascista con ideas conservadoras y antimujeres desataron su violencia contra 3 compañeras apuñalándolas al final de la movilización. Son las primeras y mas crudas reacciones contra este importante movimiento, contra las que hemos decidido avanzar a esta conquista.
2 clases, 2 tipos de clandestinidad
Para ninguna mujer pensar en abortar es una alegría. De las mujeres que han abortado, a nadie le ha resultado una cuestión de trámite o la utilización como método anticonceptivo.
Si pensamos en Chile la educación sexual es deficiente, pues está lejos de ser garantizada para el conjunto de los y las estudiantes, lo caro de los anticonceptivos y la desconfianza frente a los dotes de los consultorios, los riesgos que estos traen “de margen de error” (por ejemplo, disminuye de manera importante el efecto de estos durante una enfermedad estomacal), nos encontramos con que son las mujeres pobres, de nuestra clase trabajadora, las que tienen embarazos no deseados, donde se altera brutalmente nuestro proyecto de vida.
Todas las mujeres estamos privadas de este derecho, y todas vivimos la opresión del patriarcado, pero no todas vivimos la explotación del capitalismo, al cual no podemos separar de la opresión.
Es así que la clandestinidad para las mujeres ricas es muy distinta a la que vivimos las adolescentes y mujeres de nuestra clase trabajadora. Mientras la clandestinidad de las ricas, hijas, nietas y esposas de quienes hoy son los grandes dueños y empresarios de Chile; los Luksic, los Matte o los Larraín, son clínicas abortivas -y clandestinas- del barrio alto, grandes sumas de dinero para pagar el silencio, viajes al extranjero a países donde este sí es legal o varias apendicectomías en las clínicas privadas más importantes de Chile con supervisión médica, nosotras vivimos la clandestinidad de otra forma. Para nosotras implica riesgo de infección, desangramientos, la cárcel y hasta la muerte, significa nula supervisión médica y ausencia de licencia médica, o sea, precariedad y negligencia. Esta es la realidad de la mayoría de las mujeres en Chile, pues con los datos de abortos realizados en el país, tanto clandestinos como los “acogidos” en las 3 causales, estos últimos corresponden a menos del 1% del conjunto.
Por primera vez en la historia, la histórica lucha contra la opresión a la mujer, se encuentra con que somos la mitad de la clase obrera, y también, las que tenemos los sueldos y condiciones de vida más precarias.
Históricamente los gobiernos empresariales nos han relegado a “trabajadores de segunda categoría”, las portadoras de la mano de obra barata. A nuestra clase siempre se le ha dicho que no importa lo que pensamos, que no podemos cambiar las cosas, que dependemos de los patrones y que sea como sea, la vida continuará siendo así, tanto se nos ha dicho esta gran mentira, que muchos han terminado creyéndola producto de la historia que nos ha contado la clase burguesa, pero no sin el importante rol que ha jugado la burocracia sindical en todos nuestros lugares de trabajo. El movimiento de mujeres, ha venido a decirnos a las mujeres de esta clase, que lo que años callamos, sí vale la pena decirlo, pero que por eso, podemos ir por más y que la fuerza de esta afirmación, radica en nuestra unidad como clase.
¿Qué pasa con nuestras niñas?
Sabemos que en Argentina las que estuvieron al centro fueron las “pibas”, adolescentes secundarias que junto a sus compañeros se tomaron liceos en la batalla por arrebatar este derecho tan básico y aún así, tan negado. Acá en Chile, la realidad de nuestras niñas, de nuestras “pibas” es la más crítica, pues son las más expuestas en este mundo de opresión capitalista a ser abusadas sexualmente y muchas veces, a callar. Si queremos hablar de datos, el 2016 hubo 15.266 denuncias por delitos sexuales y se estima que cada 33 minutos ocurre un abuso sexual en el país, a su vez, por cada niña que denuncia, 6 no lo harán. 7 de cada 10 víctimas son mujeres menores de edad, según informe de la propia Fiscalía Nacional; las jóvenes son las que tienen más riesgos de embarazos no deseados y la mayoría de la juventud desocupada que en nuestro país llega al 17%; de este, por cada 10 jóvenes entre 18 y 24 años, 6 son mujeres, justamente, las que acceden a trabajos sin contrato, precarios, con salarios de hambre, con derechos maternales que son pisoteados a todo momento y el abuso y acoso laboral y sexual por parte de supervisores, jefaturas y gerencias, pues saben que “necesitamos el trabajo”. Son ellas, las que con el Estatuto Laboral Juvenil de la derecha serán "la mano de obra barata", que legaliza y profundiza esta vulneración si se vota en la cámara del Senado.
Son nuestras niñas, hijas, adolescentes secundarias, jóvenes trabajadoras, tal como lo fueron nuestras madres, las obligadas a la maternidad por un Estado que sólo ofrece más miseria para los explotados, con un Sename con violaciones a los derechos de los niños, mientras una iglesia azotada por los casos de abuso sexual se toma la “autoridad moral” para decidir sobre nuestros propios cuerpos. Porque sí tenemos el derecho a decidir, y lo que más choca es que nuestras madres, tías, abuelas, nuestras vecinas y las compañeras antiguas de la sección en la cual trabajamos, aunque fuera por una sola vez, habrían dado todo por poder hacerlo. Cada una de nosotras tiene derecho a ser parte de la creencia religiosa que elija, como también a no elegir ninguna, lo que no podemos negar, es que hay mujeres que mueren y sufren la clandestinidad, porque más allá de la creencia, mientras el aborto sea ilegal, los abortos clandestinos serán la norma.
Los mitos del aborto
Aquí nos detendremos un poco, pues es importante esclarecer con precisión qué implica un aborto en concreto. Hemos escuchado que “el bebe siente dolor” o que “el aborto deja a las mujeres que se lo practican con depresión”, por un lado, debemos partir de la base que el aborto implica “interrumpir el embarazo antes que éste sea viable”, a su vez, científicamente esta demostrado que desde las 24 semanas de embarazo recién el feto siente, y no existe ningún estudio fehaciente que compruebe algún trauma psicológico post aborto, lo que si hay, es una sociedad donde fuertes creencias religiosas y morales en contra del aborto cobran peso por medio del Estado, con abortos clandestinos sin asistencia médica, sin licencia.
Los varones que nos acompañan
Mientras los hombres de la derecha y la clase burguesa, como Kast o los fascistas del Movimiento Social Patriota y grupos como los autores de apuñalar a 3 mujeres en la reciente marcha del 25J, ostentan la hipócrita bandera “provida” y el “pañuelo celeste” avalando los abortos clandestinos y atacando a mujeres en la marcha, en nuestros lugares de trabajo hay compañeros que están no sólo dispuestos a acompañarnos en esta batalla, sino también a impulsarla con todo como suya, y es porque son de nuestra clase, han vivido, ya sea con su madre, hermana, pareja, hija o amiga la verdadera cara de la ilegalidad del aborto.
Son esos varones que llevarán junto a nosotras el pañuelo verde, los que nos han apoyado en la conformación de las comisiones de mujeres, que saben que es difícil y que depositan su confianza en la unidad de las y los trabajadores para conquistar no sólo nuestras demandas más sentidas y básicas, que repudiaron el ataque de los fascistas a nuestras compañeras, tal como lo hacen los y las trabajadoras de Madygraf, fábrica bajo control obrero en Argentina, donde el reciente fin de semana con una gran convocatoria de trabajadoras y trabajadores, votaron con fuerza en la asamblea el continuar dando una pelea en la fábrica y en las calles por el derecho al aborto legal. Esto nos dice que podemos ir más allá. Acá radica, en nuestra fuerza y auto organización, la clave de nuestra ventaja: que podemos ser imparables y las mujeres podemos ser la pluma que desequilibre la balanza.
Las mujeres trabajadoras somos parte de un momento histórico, donde somos la mitad de la clase obrera y le damos a la precariedad obrera un rostro femenino, no sólo podemos ser parte de impulsar un movimiento de mujeres en Chile que no se detenga en los protocolos o en la denuncia del abuso laboral y sexual, que son fundamentales, sino que además, vaya más allá. Podemos ser parte de un movimiento de mujeres que vaya a arrebatarle un derecho básico al Estado, los empresarios y la Iglesia, pero podríamos barrer con los muros que el Estado capitalista de los empresarios nos ha levantado a cada paso.
Para esto, es fundamental que a la lucha se unan nuestras centrales sindicales como la CUT, el Colegio de Profesores, confederaciones, federaciones y sindicatos de base, donde el Partido Comunista y el Frente Amplio tienen dirección, pero aparte, los escaños en el parlamento desde los cuales han planteado el querer impulsar esta demanda, para esto, es clave que levantemos una Coordinadora por el Derecho al Aborto Legal, Libre, Seguro y Gratuito llamado desde nuestros organismos, donde la clase obrera seamos parte activa y donde las comisiones de mujeres impulsemos con todo esta campaña en nuestros lugares de trabajo y desarrollemos movilizaciones para conquistarlo, siguiendo el ejemplo de Argentina, pero también siendo parte de esta lucha este 8 de agosto desde Chile.