Pese a la brutal crisis descargada sobre el pueblo trabajador, el ministro Jesús Farías dice con enorme cinismo que hay que esperar nueva subida del dólar para estimular el ingreso de capitales.
Milton D’León Caracas / @MiltonDLeon
Miércoles 20 de julio de 2016
El ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Jesús Farías, afirmó que "el dólar oficial va a subir aún más y después va a comenzar a disminuir. Cuando sube a tal punto, viene el estímulo para traer capital de afuera".
Si tan severa afirmación no tuviera consecuencias trágicas para el pueblo, se diría que se trata de un chiste de mal gusto, pues con la acelerada devaluación que está teniendo el bolívar con respecto al dólar oficial el costo de la vida galopa a un ritmo mayor y a la par de una vertiginosa inflación. Esto lo sostuvo el ministro en el programa Siete Preguntas que transmitió Telesur este lunes por la noche.
En pocas palabras, para el ministro Jesús Farías, elevar el dólar oficial es un mecanismo para atraer al capital extranjero, no importa si esto sea sobre la base del hambre del pueblo e incluso sobre la explotación de los trabajadores. Farías sabe cómo atraer al capital, alimentándolo en su sed de ganancia. Con un dólar por las nubes los costos de la mano de obra local, por ejemplo, si es que se decide por alguna inversión “productiva”, le sale una de las más baratas del mundo. Actualmente, y al ritmo que se encuentra el dólar oficial en estos momentos, un salario promedio puede estar rondando los 50 dólares.
Pero las perlas del ministro, por no decir su cinismo, no se quedan allí. Sin dar ningún sustento real afirmó que “la producción aumentará porque habrá mayor disponibilidad de divisas durante el segundo semestre del año”. En un país donde por cada 100 dólares que ingresan al país, 96 son por petróleo, la única manera que tales divisas aumenten es por incremento de los precios petroleros.
Más allá del pequeño repunte que ha tenido el barril de petróleo de la cesta venezolana en el último mes, muy difícil que esto se venga a manifestar en una fuerte entrada de divisas, más aún, cuando el gobierno viene pagando una deuda externa que sangra al país en millones de dólares, mientras se ha venido agudizando la fuerte escasez de productos básicos para el pueblo.
Siendo que el precio del petróleo es una “variable” sobre el cual no tiene el más mínimo control el gobierno y que oscila según los humores de la economía mundial o de los problemas geopolíticos, sustentar tal aumento de la producción en los movimientos petroleros es más que jugar a la suerte, por no decir con el pueblo.
O mejor dicho, es repetir lo ya afirmado por el presidente Nicolás Maduro con aquello de que “Pero nunca nos faltará Dios. Dios proveerá” cuando hizo rendición de su Memoria y Cuenta el año pasado hablando de la crisis económica, y ha transcurrido casi dos años en que todo tiende a empeorar con fuerte escasez y desabastecimiento, inflación galopante, carestía de la vida y una aguda y constante caída del Producto Interno Bruto.
Por otro lado, aseguró el ministro que luego de “las medidas económicas implementadas” por el presidente Maduro, el momento económico más crítico de Venezuela ya pasó: "si superamos estos primeros seis meses, que fueron realmente dramáticos, estaremos con mucha coherencia de superar esto". ¿De dónde saca el ministro que lo dramático de los primeros seis meses se ha superado, si lo que se avecina son peores condiciones de vida para el pueblo?
El ministro se sintió “inspirado” en su cinismo pues ahora el pueblo se entera que “el modelo chavista no ha fracasado en Venezuela porque ni siquiera existe en su fase inicial”. Son informados de repente que, casi 17 años después, el proyecto chavista no ha siquiera empezado. Si decir sandeces es propio de personas inescrupulosas, el ministro se lleva la delantera.
¿Pero es que acaso el fallecido presidente Chávez no se cansó en repetirnos que aquí se estaba construyendo el “socialismo”, y que incluso en cada fábrica del Estado se estaba implementando el “socialismo”? Década y media después Jesús Farías viene con la cantinela que éste “ni siquiera existe en su fase inicial”.
Pero hay más platos fuertes en la entrevista al ministro Jesús Farías. Viene el dirigente “socialista” y afirma que en Venezuela “todavía tenemos la misma sociedad y la misma economía: capitalista, rentista, dependiente, subdesarrollada”. Al menos en esto el ministro tiene razón, pero el descaro está en que lo sostiene luego de más de década y media de gobierno del chavismo.
Rentismo puro y duro, sí, ¿pero es que acaso no tuvieron todo a disposición para romper este rentismo, y fue al gran discurso oficial durante todo este tiempo? La verdad sea dicha, jamás implementaron una medida seria para superar tal estado de la economía, y creyeron que toda la vida iban a vivir del boom de la renta, pero cuando esta se vino a pique, la crisis se la descargan al pueblo, para luego decir que “recién empezamos”. Que devaluando la moneda atraeremos al capital extranjero, ¡las transnacionales agradecidas!
Al menos otra verdad que dice Jesús Farías es sobre los altos niveles de corrupción en el Estado, que es administrado por las personas de carne y hueso que dirigen el gobierno, lo que no es una abstracción. A su manera, Jesús se confiesa, sosteniendo que “tenemos el Estado burgués, un Estado corrompido y burocratizado…”. A confesión de partes, relevo de pruebas, casi 17 años de gobierno del chavismo, administrando un Estado “corrompido y burocratizado”, es decir, la corrupción rampante de los señores gobernantes. Lo dice el ministro.
En su entrevista el ministro quiso dar “clase” de socialismo –el ministro proviene de las filas del Partido Comunista de Venezuela- pero lo que termina haciendo es mostrando no solo su desfachatez y cinismo, sino la farsa que ha significado el chavismo para el pueblo. Hecho sobre el cual la derecha busca pescar en río revuelto, afirmando que lo que ha fracasado es el “socialismo”, no, en Venezuela lo que ha fracasado es un proyecto nacionalista burgués que fue incapaz siquiera en avanzar en dar solución a problemas estructurales del país. Hecho que ahora se está constatando en toda su magnitud, pero donde es el pueblo quien paga los platos rotos.
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