Las declaraciones de Peña Nieto fueron su respuesta a la presente resistencia magisterial. “El diálogo, vía para solucionar el conflicto magisterial”, tituló el periódico La Jornada. Esto, después de las amenazas abiertas con las que su secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong cerró la semana pasada.

Pablo Oprinari Ciudad de México / @POprinari
Jueves 7 de julio de 2016
Las declaraciones de Peña Nieto fueron su respuesta a la presente resistencia magisterial. “El diálogo, vía para solucionar el conflicto magisterial”, tituló el periódico La Jornada. Esto, después de las amenazas abiertas con las que su secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong cerró la semana pasada.
A su vez, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), salió a respaldar la reforma educativa en voz de Gabriela Ramos, directora de gabinete, y reivindicó en particular la evaluación y el control de calidad, días después de que el mismo organismo exigiera públicamente al gobierno de Peña Nieto la aplicación de las reformas estructurales.
A no engañarse. Peña no está aceptando dialogar en las condiciones que reclaman las bases magisteriales, con la reforma educativa como primer punto a discusión. Por eso dijo “el tema de la ley no es negociarla, la ley es un mandato y el gobierno está como Ejecutivo para velar por su cumplimiento y observancia“. Se trata de una “negociación” donde los maestros acepten todas las condiciones del gobierno, y éste no retroceda en la reforma educativa. Una trampa que apuesta al desgaste, a que llegue el 15 de julio y las vacaciones enfríen la movilización.
En ese sentido, la estrategia política del gobierno no cambia. Y está abierta a combinar el “diálogo” con la represión que ya vimos en Nochixtlán. Los ritmos con que se combinen, dependerá de la persistencia y el curso de la resistencia magisterial.
Propuestas tales como negociar una suspensión de la reforma educativa no representan una verdadera salida para las demandas del magisterio y por el contrario, un gran peligro de caer en las maniobras dilatorias del gobierno y la desmovilización de la lucha. Por eso la abrogación debe continuar siendo la bandera central del movimiento.
Rebelión en la megalópolis
A Peña Nieto y sus asesores no les quedó otra: tuvieron que leer la dinámica de la lucha contra la reforma. El elemento más novedoso es la rebelión magisterial que recorre la Ciudad de México. Ésta se expresa en el paro indefinido que inició el 5 de julio, en las movilizaciones y bloqueos que cruzaron la ciudad de norte a sur los últimos días.
La Ciudad de México es el centro político, económico y administrativo del país. Hoy también es el centro también de una verdadera efervescencia política que recorre a los mentores, así como a decenas de miles de padres y madres de familia –los que en su mayoría son también trabajadores– que se sumaron a estas acciones.
La movilización del 5 de julio, con sus varias decenas de miles en las calles, expresó una situación que le plantea un gran peligro al gobierno: los maestros tienen múltiples vasos comunicantes con la población trabajadora y la juventud. El apoyo popular recabado enseña que la campaña estigmatizadora no ha tenido éxito.
Además, la gran metrópoli fue epicentro de grandes movimientos democráticos en los pasados 4 años, desde el #YoSoy132 hasta las movilizaciones de Ayotzinapa. Los cientos de miles que formaron parte de esos movimientos, aunado a los trabajadores que son la principal fuerza social de la entidad, pueden entrar en acción bajo el impacto de la resistencia magisterial. De hecho, muchos ya lo están haciendo. El 26 de junio, esta potencialidad se mostró en las calles, cuando cientos de miles acudieron a los llamados por la CNTE y la dirección del Morena.
Hay un reverdecer de la protesta magisterial, con miles y miles de profesores que despiertan a la vida política. La rabia ante años de agravios contra el magisterio, de imposición de las autoridades de la SEP y de represión política y administrativa en las escuelas de la ciudad, hacen eclosión. Y junto a esto, el descontento ante las políticas de los gobiernos federal y local, que cruza a millones de trabajadores y sectores populares.
En estas circunstancias, Peña Nieto y Mancera saben que deberán calcular pros y contras de una acción represiva, ya que puede generar una movilización democrática de cientos de miles en la ciudad más importante del país.
El movimiento magisterial y el charrismo
La protesta magisterial en la capital del país se suma a la que se mantiene en pie en distintos estados de la república.
Durante meses, el magisterio y los sectores populares en Oaxaca y Chiapas fueron vanguardia y mantuvieron la resistencia ante los embates represivos, como se vio en Nochixtlán, Huitzo y Vigueras.
En las últimas semanas, el movimiento escaló y se “nacionalizó”, desde Nuevo León hasta Chiapas. En varios estados, se ve un proceso similar al de la Ciudad de México, con sectores cada vez más amplios del magisterio, como en Monterrey. Cada día hay acciones en 5, 6, 10 o hasta 20 estados.
Esta “insurgencia” magisterial a nivel nacional, ya tuvo sus antecedentes en el 2013. Ahora vuelve con más fuerza.
Salta a la vista en esto que el gobierno de Peña Nieto –después de su enfrentamiento con Elba Esther Gordillo–, no logró consolidar una dirección en el SNTE que no sólo sea servil, sino que controle férreamente a los cientos de miles de maestros que no están organizados por la CNTE.
Esto es un elemento de crisis para el gobierno. El movimiento en curso –y en particular las protestas en una veintena de estados después de la represión en Nochixtlán– enseñan que surge un movimiento magisterial democrático que está desbordando al charrismo del SNTE.
Es por eso que la dirección de este sindicato, reconocido por su servilismo a los gobiernos de turno que recientemente se expresó en la firma de un acuerdo con la SEP para desaparecer el programa de estímulos Carrera Magisterial, pretende reubicarse presentando un pliego petitorio y la “exigencia” al gobierno para “respetar invariablemente la dignidad y prestigio profesional de los maestros, especialmente en los procesos de evaluación”.
En este contexto, la efervescencia política y la incorporación de cientos de miles de maestros a la protesta, puede alentar el desarrollo de nuevas formas de autoorganización, como asambleas y coordinaciones por distrito, como las que están surgiendo en la Ciudad de México.
La perspectiva de que se profundice la rebelión magisterial y que se concrete un Paro Nacional es una posibilidad para lo cual se requiere de una propuesta como la que se plantea aquí. Es por eso un escenario de pesadilla para un Peña Nieto cruzado por la pérdida de popularidad de su gobierno. Un escenario que quiere conjurar con nuevos engaños y trampas.

Pablo Oprinari
Sociólogo y latinoamericanista (UNAM), coordinador de México en Llamas. Interpretaciones marxistas de la revolución y coautor de Juventud en las calles. Coordinador de Ideas de Izquierda México, columnista en La Izquierda Diario Mx e integrante del Movimiento de las y los Trabajadores Socialistas.