El aumento considerable de casos diarios de coronavirus tira por el suelo el discurso triunfalista del gobierno y desnuda su farsa de “estrategia sanitaria”: lo único que procura es mantener la ganancia empresarial a costa de arriesgar al contagio a cientos de miles ¡Hay que hacerles frente!
Miércoles 6 de mayo de 2020
Desde hace 5 días al momento de escribirse esta nota que los casos de COVID-19 se han disparado en Chile. El 30 de abril se informó de 888 nuevos casos en las anteriores 24 horas, y desde ahí cada nuevo informe diario ha marcado un nuevo “peak” de contagios por día, alcanzando al día de ayer los 1.317.
Así, se llega a la cifra de 22.016 contagiados en total el 04 de mayo, con 275 fallecidos, situación que se vuelve más preocupante si se considera que “El día 15 (abril) fue la última vez que el Ministerio informó cuántas personas estaban con el origen de su enfermedad claro y cuántas no se sabía de dónde le había llegado”, como plantea el Médico Epidemiólogo Aníbal Vivaceta, lo que muestra que no hay forma de seguir el rastro del virus con la política sanitaria del gobierno.
En ese marco, la Región Metropolitana es la más afectada concentrando el 81% de los nuevos casos, donde destaca la comuna de Santiago Centro como la que tiene más casos activos a nivel nacional, marcando 610 en el último informe epidemiológico del Ministerio de Salud.
Al mismo tiempo los casos de funcionarios de la salud contagiados siguen en aumento, y las cuentas que se sacan preocupan: tan sólo en el Hospital Sótero del Río hay 75 trabajadores de la salud contagiados con coronavirus.
Esto mientras los insumos siguen faltando en los recintos de salud, y la falta de infraestructura se mantiene. El colapso del sistema sanitario es inminente se comenta en los pasillos de los servicios de salud. Según el medio Interferencia, en total hay 1.585 camas UCI en las redes públicas asistenciales del país, de las cuales hay 1.069 utilizadas y 516 disponibles, de las cuales sólo 191 pertenecen a la Región Metropolitana que, como hemos visto, se ha convertido en el epicentro de nuevos contagios.
Pero aquí salta a la luz otro dato preocupante entregado por el mismo medio: del total de camas disponibles, 80 se concentran en el sector oriente de la capital, donde los sectores central, sur, suroriente y occidente de la ciudad tan sólo poseen la dramática cifra de 48 camas disponibles.
El fracaso del triunfalismo hipócrita
Ni todas las felicitaciones de las autoridades internacionales (todavía no sabemos cuáles) salvaron a Mañalich de enfrentar el derrumbe de su discurso triunfalista.
Si luego de la “nueva normalidad” que anunciara el gobierno, Piñera declaró el “Plan de retorno seguro” el 24 de abril, ahora tienen que hablar de la “Batalla por Santiago”, luego del aumento significativo de casos en la región.
No había ni una curva aplanada como querían hacernos creer, ni estaba dominada la pandemia, ni el país era un ejemplo “único” en el mundo. Estos días se comprobó lo que cientos de miles denunciaban, ante el silencio y el oscurantismo del gobierno: a menos test, menos contagiados.
Y ahora, que subieron los test de un promedio aproximado de 3500 diarios a cifras de entre 7.000 y 8.000 por día, las cifras aumentaron considerablemente. No se había controlado la curva, lo que hacían era controlar la cantidad de test para facilitar el discurso triunfalista, y la vuelta “al trabajo” sin resguardo ni garantía alguna para los trabajadores, lo importante era mantener las ganancias empresariales.
Pero siguen faltando testeos. Dicen que tienen la capacidad de realizar y procesar 14 mil test al día ¿Por qué hacen menos, prácticamente la mitad? ¿No quieren imágenes más completas y “reales”? Debilitaría aún más su discurso triunfalista farsante.
Y qué decir del hecho que recién hace 5 días comenzaron a considerar a los asintomáticos como contagiados, cuando esos casos son peligrosos vectores de contagio al no poseer síntomas. Se parece a los fallecidos que consideraban entre los recuperados. El gobierno amaña las cifras y las manipula para mostrarse victorioso, cuando la realidad es otra.
Cifras tramposas, falta de testeos y a seguir trabajando ¿Estrategia sanitaria?
El gobierno habla de “cuarentenas dinámicas” y Jaime Mañalich ostenta toda su prepotencia en cada declaración para demostrar que tiene todo bajo control. Pero las denuncias de información poco clara, el escándalo de los ventiladores chinos, los fallecidos “recuperados”, la falta de testeos, la falta de insumos médicos y tantos otros hechos, demuestran que la política del gobierno en términos sanitarios es realmente criminal.
Esto sin considerar la política en el terreno laboral con la ley de protección del empleo o el teletrabajo que precariza todavía más las condiciones de vida.
El gobierno ha intentado instalar un discurso “exitista” para que se vuelva a trabajar rápidamente porque sus amigos-empresarios se lo piden, aunque cueste vidas. Pero ahora se desmiente esa farsa y se muestra un escenario preocupante al cual debemos hacerle frente. La pandemia está lejos de estar controlada.
Y si la nueva normalidad no funcionó y el retorno seguro no convencieron, ahora quieren culpar “a la gente” de ser irresponsable, como si quien fuese a comprar al barrio Meiggs (como citó Mañalich hace tres días atrás) fuese tan responsable como un gobierno que actúa en el Ministerio de Salud como gerente de empresa privada.
Que la pandemia no la paguen los trabajadores
Para que la pandemia no la pague el pueblo trabajador hay que pelear por testeos masivos a toda la población de riesgo, a todo quien tenga que trabajaro, a todo el personal de la salud o quien tenga riesgo de contagio, para identificar el virus y tener una política racional de combate al virus con información sobre la mesa.
Al mismo tiempo, pelear por la prohibición de los despidos y por el cese de las labores no esenciales con el pago íntegro del salario.
Finalmente, hay que terminar con el negocio de la salud, unificando el sistema sanitario, estatizando clínicas privadas y farmacéuticas, bajo control de sus trabajadores, para poner todos esos recursos e infraestructura al servicio de combatir la pandemia.
Los costos de la crisis sanitaria no debe pagarlos el pueblo trabajador. Estas son medidas básicas de un programa de emergencia para que la crisis la paguen los capitalistas.