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Red Internacional
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El doble peligro de ser enfermera y vivir en un barrio carenciado

Angélica Brites, enfermera reincorporada del Hospital Posadas, vive en El Palomar. Su hija, también trabajadora de la salud, se contagió de Covid-19 en una clínica privada.
Denuncia cómo sufre en carne propia la desidia y desprotección a la que se ven expuestos los que están en primera línea y quienes habitan los barrios populares.

Martes 26 de mayo de 2020 00:25

Foto I Ignacio Roncoroni, EFE

Soy Angélica Brites y esta no es sólo una historia de cómo el Estado y su desidia expone a los más vulnerables al contagio del virus. Esta es mi historia y la de mi familia. Estamos sintiendo en carne propia lo que sienten día a día miles de trabajadores como consecuencia del abandono de años. Sentirme desprotegida pero no sólo yo, sino principalmente mi hija, que hace unos días fue diagnosticada como positivo de Covid-19.

Hace más de 20 años soy enfermera, recientemente reincorporada al Hospital Posadas. Vivo en la zona oeste, cerca de dicho centro de salud. Todos los trabajadores de la salud, de una forma o de otra estamos expuestos al contagio constantemente y así exponemos a nuestras familias. Esta situación se ve agravada porque ni el sector público ni privado están garantizando las medidas necesarias ni los equipos de protección personal para que ese riesgo sea mínimo. Mi hija trabaja en una clínica muy conocida de Morón. Lamentablemente, por el riesgo de que la dejen sin trabajo no puedo decir su nombre ni el de la institución, pero si voy a contar cómo se maltrata a los trabajadores de la salud, en un país donde supuestamente se protege a quienes estamos “en la primera línea”.

Mi hija estaba trabajando y por una medida de seguridad le realizaron un hisopado. En ese momento, antes de saber el resultado, al ser un “caso sospechoso”, por protocolo la tendrían que haber aislado, cosa que no hicieron. Ella lo consultó con las autoridades de la institución y le contestaron que, hasta no saber el resultado tenía que seguir trabajando. Solo le recomendaron que se ponga el barbijo. Ella continuaba en servicio cuando la llamaron para avisarle que se tenía que retirar porque era positivo. No le dieron ni siquiera la posibilidad de transporte, elegir si quería internarse en la clínica o al menos preguntarle si en su domicilio tenía la posibilidad de hacer un aislamiento seguro. Es tal el desastre que hicieron que tuvo que ir a buscarla el padre, porque ella, muy atinadamente, no quiso salir a la calle para exponer al contagio a otros.

Al llegar a casa, nos encargamos de dar aviso de la situación al 148, ellos me dieron todas las recomendaciones, pero en ningún momento nos preguntaron si hay seguridad para el aislamiento en nuestro domicilio. Para colmo, todos los que estamos en la casa tenemos que estar aislados 14 días, sin contacto de ningún tipo con el exterior. Es preciso aclarar que el 148 no cumple la función de brindar información, sino que solo coteja y carga datos.

Recibí alrededor de cinco llamadas del ministerio para consultarme como me estaba sintiendo pero, ninguna llamada para mi hija, que es la afectada. Cuando me doy cuenta de esta situación llamé para preguntar si tenían registros de esta situación. Pero como sospechaba, no estaba cargado en el sistema. Recién esa noche la llamaron por teléfono para saber su estado. Es decir, desde la clínica nunca dieron aviso de que una trabajadora era positiva de Covid-19.

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Comencé el 25 de mayo con algunos síntomas muy leves. Ante el llamado del Ministerio y al contar las novedades, me avisaron que va a venir un móvil a realizarme un hisopado en las próximas 48 horas, pero sólo porque soy personal de salud y que al resto de mi familia no los van a hisopar. Nuevamente, no se me preguntó si el aislamiento es seguro, ni tampoco se me ofreció un lugar distinto para hacer el aislamiento. Yo me pregunto, ¿No habían preparado miles de camas en distintas instituciones para estas situaciones? ¿O era sólo para la foto?

Es claro que a ellos no les importa si somos pacientes de riesgo, si estamos hacinados, si contamos con una situación estructural adecuada. Solo les importa que nos encerremos. Nada más.

Por eso, cuando veo la situación de los habitantes de la Villa Azul en Quilmes me doy cuenta que al gobierno nacional, provincial y los municipios, el aislamiento seguro, el cuidado a la higiene y seguridad de la población más vulnerable no les importa nada de nada.

Al barrio lo trasformaron en un gueto, abarrotándolo de policías y gendarmes que impiden que nadie pueda entrar y salir y donde lo único que les importa es no seguir propagando el virus. Los afectados y sus familias pueden seguir la misma suerte que miles en las villas de CABA, donde las denuncias por la falta de agua potable, de elementos de higiene y el hacinamiento nunca fueron escuchadas.

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Me pregunto si conocerán la angustia de ver el agua marrón que sale de las pocas canillas, o la falta de servicios básicos que no te permiten ni siquiera hacer la comida o calentar un poco de agua para higienizarse. Y a esto se suma la desesperación de vivir en una misma casa con niños y adultos mayores, pensando todos los días como se podrían contagiar.

Los trabajadores de la salud debemos tomar las demandas de los habitantes de los barrios más humildes. Nosotros estamos viviendo esas mismas situaciones, son nuestros pacientes y no queremos recibirlos en camiones o colectivos llenos como está ocurriendo en la Ciudad de Buenos Aires.

Por todo lo dicho debemos exigir: Más y mejores elementos de seguridad para todos los trabajadores de la salud. Testeos ya para todos los trabajadores de la salud y las poblaciones en barrios más humildes con mayores riesgos por deficiencias estructurales como falta de agua o hacinamiento. Necesitamos saber quiénes estamos infectados. Para no seguir propagando el virus ellos nos encierran y hacinan pero nosotros decimos: Abran los hoteles, las casas deshabitadas. Son cientas de miles. Garanticen un aislamiento seguro, no queremos un policía o un gendarme, queremos médicos, enfermeros y trabajadores sociales para los más vulnerables.

La tarea que tenemos por delante es la de aunarnos con las familias de los barrios, con los precarios, con los pacientes, y empezar a organizarnos porque si nosotros no nos movemos nadie lo hará. Porque a los que trabajamos en salud nos une mucho más que el trabajo con nuestros pacientes, nos une la misma clase, nos une la solidaridad, nos une la empatía, el cuidado y la responsabilidad. Nosotros no estamos en el escritorio, la vivimos todos los días.