Piñera se ha esforzado por perfilar como un Presidente a favor de los consensos nacionales. Sin embargo, esto lo hace por una razón: No dispone de todas las fuerzas para gobernar a rostro descubierto, por lo que mientras intenta llevar acuerdos, por debajo de la mesa da patadas.
Domingo 1ro de abril de 2018
Desde antes de su retorno al sillón presidencial se podía apreciar de una falta de hegemonía a favor de la derecha que le permitiera gobernar a rostro descubierto.
De esto podemos afirmar que la lucha que dio el movimiento estudiantil el 2011 abrió una olla a presión que estaba pronta a estallar: una profunda crisis política, crisis de las instituciones y de representatividad que siguió los pasos. Es por esto que hoy en día Sebastián Piñera y su séquito gobiernan a rostro cubierto, encapuchados, adaptando su política más al centro, una política “impuesta” por el descontento social.
Expresión de esto es que Piñera haya desarrollado un discurso de unidad desde que fue electo el 2017, llamando a la Nueva Mayoría a colaborar del gobierno, impulsando el programa de clase media protegida, modificando la postura de ChileVamos frente al proyecto de ley de identidad de género después de masivas movilizaciones para el 8 de marzo y el aclamado Oscar recibido a la película protagonizada por Daniela Vega. Así como también la política de los cinco “acuerdos nacionales”, entre la que se encuentra la política de reestructuración del Sename, con la Comisión de la Infancia, a la cual fueron convocados personeros políticos del espectro entre Felipe Kast hasta el Frente Amplio con Gabriel Boric, quienes también manifestaron estar a favor de colaborar con el gobierno en estas materias.
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¿Hacia dónde orienta Piñera sus acciones?
En este marco de primacía de los “acuerdos” con ataques parciales, intentará promover un clima ideológico reaccionario para revertir la relación de fuerzas que le impone “moderaciones”, y cuando pueda, pasar a la ofensiva con ataques más frontales. Tanto el discurso de “ajuste fiscal” de sus ministros económicos (para preparar las “contrarreformas” para bajar impuestos patronales, y contra los sindicatos en Trabajo), como la ofensiva para defender la “tolerancia” de los discursos de extrema derecha y de provocación de José Antonio Kast (que recorre el país hacia universidades para fundar su nuevo movimiento de ultra-derecha) intentan ello; aunque más bien exprese polarización que derechización asentada.
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Los ataques a rostro cubierto de los “tiempos mejores”
Como la derecha no tiene el apoyo de la población, ni la mayoría parlamentaria, a lo que se suma la continuidad de movimientos sociales que han desestabilizado y desafiado la gobernabilidad, tales como el movimiento estudiantil, el movimiento de mujeres, la lucha mapuche, cientos de huelgas obreras, etc., debe realizar acuerdos por arriba, pero por debajo de la mesa continúa con sus tan propios ataques.
Expresión de esto es la modificación que se han propuesto realizar a la Ley Antiterrorista, 11 cambios para combatir el “terrorismo”, y que van directamente contra el pueblo mapuche y para fortalecer la represión estatal. Esto, encubriendo también un salvavidas para Carabineros, en momentos de la crisis más grave de la historia, entre mega fraudes, asociación ilícita en los altos manos y manipulación de pruebas. Los cambios a la Ley Antiterrorista anunciados en la primera visita de Estado a La Araucanía, buscan hacer más operativa la acción penal y policial para evitar las derrotas judiciales y tener una base mayor para proyectar los ataques al pueblo-nación mapuche y en particular a las comunidades en conflicto. A lo que además se suma la propuesta de Chadwick de poner en pié una policía anti-terrorista. En pocas palabras: fortalecer la institución con la que reprimirá a todo el que se disponga a enfrentar su gobierno en las calles o en las tierras.
Después de todo, para Piñera y el gobierno: “La búsqueda de acuerdos no significa que el gobierno no tenga una misión a cumplir.”
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Otro ataque a rostro cubierto por parte del gobierno su arremetida en contra del aborto en tres causales –el cual sólo cubre entre el 3% y el 5% de los abortos que en Chile se realizan-, en donde se pasa a permitir que tanto instituciones públicas como privadas puedan eximirse de la realización de aborto en las tres causales legisladas, cuestión que anteriormente se encontraba restringido para aquellas instituciones que tuvieran contrato con el MINSAL por concepto de prestaciones obstétricas y ginecológicas.
Esto es un claro ataque en contra de las mujeres y el movimiento feminista, sobre todo las mujeres pobres, quienes son las que con menos cuentan para realizarse abortos en Chile, en donde las mujeres ricas se los pueden costear en el extranjero o como apendicitis en clínicas privadas. Piñera y su séquito restringe aún más el derecho a decir sobre sus propios cuerpos a las mujeres.
El ataque más reciente a escala nacional corresponde al fallo del Tribunal Constitucional, en donde permite el lucro en las universidades. Pese a que se pueda argumentar una supuesta autonomía del Tribunal Constitucional por parte del Ejecutivo, es innegable que el TC ha actuado como una tercera cámara que históricamente ha jugado a favor de la derecha, velando cual perro guardián del legado de Pinochet y su constitución.
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A lo que se añaden los violentos desalojos por parte de Carabineros a los campamentos de inmigrantes en Antofagasta, los despidos anti-sindicales a dirigentes y trabajadores afiliados a los sindicatos, como en profesores, en FCAB, Orica, en la minería con MantosBlancos, etc., el arresto del dirigente del Sindicato de Profesores y Profesionales de la Educación justo antes de comenzar la movilización del 27 de marzo, en donde la policía argumentó que: “el gobierno cambió y no pueden marchar”.
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Todo esto sumado a la brutal represión por parte de fuerzas especiales en Santiago ante las movilizaciones en respuesta al fallo del TC o la brutal detención que sufrió el dirigente secundario Tadeo Villanueva.
Y entonces… ¿Cómo enfrentamos a Piñera?
Lo primero que debemos tener presente es que no podremos hacerle frente a Piñera y sus secuaces, vale decir empresarios, ministros, congresistas, políticos, policías, etc., si no estamos unidos estudiantes, trabajadores, mapuche, migrantes, mujeres, diversidad sexuales, entre otros.
Piñera se trama entre manos pasar una aplanadora en el momento indicado y sepultar todas las conquistas parciales que se obtuvieron con lucha y movilización durante los últimos años.
Es por esto, que debemos tomar en cuenta la experiencia anterior que tenemos con él: el 2011. En donde surgieron dirigentes como los Boric, los Jackson, los Vallejo, los Cariola, etc., quienes se esforzaron empedernidamente en desviar las luchas de las calles a las estrechas paredes del parlamento, con negociaciones eternas e infértiles, que dilataron los procesos y restaron fuerzas de movilización.
Además, fue un periodo de brutal represión policial, con asesinatos, montajes, persecuciones por parte de Carabineros y la Policía de Investigaciones.
En base a esto, debemos seguir el ejemplo de unidad de trabajadores y estudiantes en Antofagasta, quienes se unieron bajo una causa común para luchar, en donde este martes 27 de marzo, los profesores de la región de Antofagasta encabezados por Patricia Romo, protagonizaron una importante jornada de lucha donde paralizaron más de 24 liceos y salieron más de 400 profesores a la calle. Lo hicieron en conjunto con los trabajadores de Orica, en paro indefinido. Ambos sectores se unieron para pelear por mejores condiciones laborales y contra los despidos con los que vienen atacando la organización sindical, buscando debilitar la fuerza de los trabajadores.
Con un escenario en donde el Frente Amplio no sólo se encuentra reducido a Boric y Jackson, sino que cuentan con 21 personeros políticos en el Congreso, sumado a los parlamentarios del Partido Comunista y las Juventudes Comunistas, los riesgos de parlamentarización de las luchas son aún mayores. Estas bancas deben estar dispuestas y coordinadas en la lucha en las calles y no en los cómodos asientos del parlamento.
Debemos ser claros: la política de las negociaciones, del “pacto social” y de la incidencia parlamentaria llevó a dilatar las luchas, poniendo la confianza en la Nueva Mayoría, la que terminó por abrirle la puerta a la derecha. Debemos depositar toda la confianza en nuestra propia fuerza unificada: Estudiantes y trabajadores, en un plan de movilización ascendente, que tenga como punta-pié inicial la movilización de este 19 de abril convocada por la Confech. Sólo así podremos abrir nuestra senda hacia el triunfo, gritando fuerte y claro a Piñera y todo lo que representa: ¡No pasarán!