Barack Obama se autodenominó feminista en un ensayo publicado en Glamour. ¿El presidente del país más poderoso del mundo es feminista?

Celeste Murillo @rompe_teclas
Jueves 11 de agosto de 2016 22:01
Fotografía: Barack Obama y sus hijas en la Casa Blanca.
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, publicó un artículo en la revista Glamour en el que reflexiona sobre la igualdad, la lucha de las mujeres y qué significa hoy ser feminista. ¿Obama es feminista?
Empecemos por las verdades que dice Obama: las mujeres han conquistado muchos derechos a lo largo de la historia. Y eso es motivo de admiración, especialmente en el país desarrollado que más tardó en reconocer el derecho del voto a las mujeres. Lo que Obama olvida sugerentemente es que esos derechos fueron conquistados con la movilización y la lucha, incluso el sufragio femenino que lejos de la imagen de la señora con enagua y sombrero, incluyó marchas, piquetes y cárcel para muchas. Los derechos no fueron el resultado del "desarrollo y el avance" de la democracia; al contrario, en más de una oportunidad su conquista implicó un cuestionamiento de la democracia, como cuando las sufragistas denunciaron, "Nosotras las mujeres de Estados Unidos decimos que Estados Unidos no es una democracia".
En su artículo, Obama reflexiona sobre los roles de género, llaman a no juzgar a las mujeres por ejercer libremente su sexualidad y habla de la necesidad de terminar con el acoso y el sexismo. Todos son buenos objetivos y luchas necesarias. Pero si los vemos detenidamente notaremos que no habla de medidas o políticas a gran escala que podrían, y deberían, ser impulsadas por un gobierno encabezado por alguien que se autodenomina feminista.
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En una era donde el feminismo se concentró en las ONG y las agencias oficiales, y se alejó de la lucha callejera y los lugares de trabajo donde está la mayoría de las mujeres, es conveniente y menos incómodo abonar la idea de que el feminismo es una elección personal, una forma de vida, y menos un movimiento social contra la opresión.
La versión de Obama del feminismo a la que quiere que sus hijas se acostumbren es justamente ese, uno que encarne lo que esta sociedad acepta del feminismo (y, por omisión, todo lo que es excluido). Por eso, Obama no dice nada serio sobre las batallas cotidianas de las mujeres: el derecho al aborto bajo ataque o las desigualdades monstruosas que viven las mujeres en general, especialmente las negras y las latinas. Mucho menos habla de las guerras que él mismo, como comandante en jefe del Ejército de Estados Unidos, emprende en nombre de la “guerra contra el terrorismo” y se traducen en violaciones masivas, destrucción y masacres para las mujeres de países como Irak, Afganistán o Yemen (por mencionar las más conocidas).
Los discursos y los silencios del presidente de un país desigual
Obama cierra su artículo en Glamour diciendo, “De esto se trata el feminismo del siglo XXI: de la idea de que cuando todos somos iguales, somos más libres”. Parecería un guiño a las mejores ideas, si no supiéramos que el partido del presidente (Demócrata) controló el Congreso algunos años y que Obama estuvo en la Casa Blanca durante casi una década, periodo durante el cual no se avanzó en la igualdad que nos haría más libres a todas las personas.
Derecho al aborto. Durante los dos mandatos de Obama las restricciones del derecho al aborto avanzaron en muchos estados. La mayoría fueron impulsadas por republicanos, pero no se conocen actos de resistencia del presidente. El número de estados hostiles al derecho al aborto creció desde 2000, y el pico fue en 2011 (en plena presidencia de Obama). En el año 2000, solo 13 estados tenían restricciones y medidas hostiles al derecho al aborto, en 2010 eran 22 y en 2013, 27 (Guttmacher Institute).
Obama dice que las mujeres tendrán la oportunidad de votar por una mujer, pero se olvida de mencionar que el compañero de fórmula de Hillary Clinton es un antiabortista confeso. Como gobernador del estado de Virginia Tim Kaine participó en la creación de la ley que obliga a las mujeres que desean interrumpir su embarazo a una ecografía y ultrasonido (en el que se escucha el latido del feto), médicamente innecesarios, como forma de obstaculizar ese derecho.
Cuidado infantil y licencias. El cuidado infantil universal es una demanda histórica junto con la licencia paga de maternidad, especialmente entre las trabajadoras, la mitad de la fuerza laboral en Estados Unidos. El cuidado infantil representa uno de los motivos más importantes para que las mujeres no trabajen fuera del hogar en EE. UU. y no por elección. Es la primera vez en los últimos veinte años que aumenta la cantidad de mujeres (29 por ciento) que se quedan en casa por el costo del cuidado infantil. Los gastos semanales por cuidado infantil ha aumentado más del 70 por ciento desde 1985 (Pew Research Center, según censo 2011). Estados Unidos es además el único país avanzado donde no existe licencia paga por maternidad.
Salarios. La ley de igualdad salarial estuvo entre las promesas electorales de Obama y hoy es parte de la plataforma de Hillary Clinton. Aunque la ley fue bloqueada por los republicanos, el partido de Obama nunca dudó en postergar este derecho en pos de negociaciones parlamentarias. Las mujeres ganan 77 centavos por cada dólar que ganan los varones. Y no se trata de una consigna feminista sino de una desigualdad que afecta a importantes sectores: las mujeres son jefas de hogar de 4 de cada 10 hogares con hijos menores. Esto sin contar las enormes brechas raciales que amplían la desigualdad para las afroamericanas y las latinas.
Nadie nos regaló ni nos regalará nada
Muchas feministas saludaron las declaraciones de Obama por representar el “feminismo del siglo XXI”. Es innegable que las declaraciones del presidente del país más poderoso del mundo significan un reconocimiento al impacto que han tenido las luchas de las mujeres por la conquista de sus derechos. Pero es igual de innegable que el “feminismo de Obama” poco tiene que ver con la lucha de millones de mujeres por sus derechos más urgentes. “Nunca nadie nos regaló nada”, lo sabían las sufragistas a comienzos del siglo XX y lo sabían las militantes del movimiento de liberación de los años ‘70. Las democracias capitalistas han tolerado y reproducido la desigualdad y la opresión de las mujeres durante años (modernizando lo necesario), y las acciones de gobierno de Obama, más que sus palabras, lo confirman. Todos los derechos conquistados, incluso aquellos que reconoce Obama, son producto de la movilización, pero las mujeres saben que no son suficientes para terminar con la desigualdad y la violencia. Esa certeza y la movilización independiente de cualquier gobierno es el verdadero feminismo del siglo XXI, y el único camino efectivo para la emancipación de las mujeres y el fin de toda opresión.

Celeste Murillo
Columnista de cultura y géneros en el programa de radio El Círculo Rojo.