La película más taquillera del momento pone de relieve la cuestión del rol de la mujer en la sociedad y el debate sobre qué tipo de feminismo necesitamos construir.
Alicia Mella Profesora en Letras
Lunes 12 de junio de 2017 22:29
El 1 de junio estrenó en Argentina Mujer Maravilla, una película que enciende debates desde la histórica rivalidad entre Marvel y DC Comics, pasando por lo que simboliza el personaje de la Mujer Maravilla hasta la elección nada casual de quien encarna a Diana Price en la película.
Mujer Maravilla es un film que pone a una mujer como protagonista y heroína, algo poco común en las películas y en los comics de super-héroes, logrando que el personaje sea especialmente admirado por el público femenino. A esto hay que sumar la novedad de que el film ha sido dirigido también por una mujer: Patty Jenkins. Al parecer en Hollywood las mujeres han comenzado a ocupar lugares de importancia aunque hay que recordar que en 2015 Patricia Arquette denunciaba la desigualdad de salarios en su discurso de los Oscar.
La Mujer Maravilla es, sin dudas, un ícono. Es la representación de una mujer empoderada, independiente, fuerte, con los más altos ideales de justicia y amor. A tal extremo se la considera así que la ONU declaró a este personaje ficticio como Embajadora Honoraria de la buena voluntad ante la ONU para el Empoderamiento de las Mujeres y Niñas en el mundo. A este homenaje asistieron, además del secretario de la ONU, las actrices Lynda Carter y Gal Gadot.
Pero cabe hacerse algunas preguntas: ¿qué tipo de mujer representa la Mujer Maravilla? ¿Qué modelo de mujer es el que la ONU promueve? ¿Qué estereotipos alimenta este personaje? Se trata de una mujer blanca, con una “figura de avispa” y que viste un traje con los colores de la bandera de Estados Unidos (con un águila, también símbolo de EE.UU.). Se trata de una mujer totalmente alejada de la realidad de los cuerpos de millones de mujeres, que recordemos, suman más del 40 % de las masas asalariadas del mundo. Se trata también de un símbolo del imperialismo de Estados Unidos, ya que en el comic lucha junto a ellos en la Segunda Guerra Mundial (aunque la película se ambienta en la Primera Guerra Mundial).
Llegados a este punto hay que hacer mención a la elección de la actriz para protagonizar a Wonder Woman: Gal Gadot, una actriz y ex modelo israelí que también fue parte del ejército sionista de Israel por dos años e hizo numerosas declaraciones a favor de la ocupación de Palestina.
“Mando mi amor y oraciones a mis paisanos israelíes. Especialmente a todos los chicos y chicas que están arriesgando sus vidas al proteger mi país de los horribles actos dirigidos por Hamás, quienes se esconden como cobardes detrás de mujeres y niños… ¡La victoria será nuestra! ¡Shabbat Shalom!”. “tenemos razón”, “Gaza libre de Hamás”, “fin del terror”, “coexistencia”, “amo las Fuerzas de Defensa de Israel”.
Una doble moral es la que expresa la actriz al pretender encarnar las ideas de justicia, amor y paz pero al mismo tiempo apoya los ataques del ejército de Israel contra el pueblo palestino. Sin embargo la ONU la invitó a recibir el nombramiento de embajadora por el empoderamiento de las mujeres y niñas del mundo. No hay que olvidar que EE. UU. es un aliado de Israel. ¿Qué pensarán las mujeres y niñas palestinas sobre esto? De hecho en los últimos días se han realizado boicots para que no se estrene Wonder Woman en los países del Líbano, Túnez y Argelia.
Dicho esto se entiende mejor que un diario de derecha como Clarín titulara hace unos días una entrevista como “"Mujer Maravilla": Gal Gadot, una maravilla de mujer”. Allí Gadot afirma que su personaje es feminista y dice: “Yo creo que la Mujer Maravilla es un ícono feminista, pero muchas veces pasa que hasta las mujeres se ponen a la defensiva cuando escuchan esa palabra. Ser feminista tiene que ver con las elecciones que uno toma, la libertad y la igualdad. No debería ser una palabra que meta miedo”. Sí, la Mujer Maravilla es un ícono feminista, un modelo, pero solo para las “mujeres que pueden”, para las de clase alta. Este ícono nada tiene que ofrecer a las mujeres trabajadoras y niñas de países del tercer mundo que no encuentran como aliadas a las mujeres de clase alta ensimismadas en progresar en su pequeño mundo y en las representantes del imperialismo, pero sí en los varones explotados. Como sostiene Celeste Murillo en el cierre de su artículo “Feminismo cool, victorias que son de otras”:
“Esta realidad es incontestada por la igualdad condicionada o la crítica posmoderna del feminismo edulcorado de las publicidades, de Hollywood y la vida televisada. En las democracias capitalistas del siglo XXI, mantienen su vigencia las reflexiones de las feministas socialistas que desafiaban al movimiento de liberación a no caer en la trampa de querer cambiar solamente su “pequeño mundo” […] El feminismo ensimismado, en su “pequeño mundo”, no representa hoy una perspectiva ni una herramienta política y se vuelve doblemente obsoleto. Para reconstruir sus alianzas estratégicas, el movimiento de mujeres no necesita volver al pasado, pero sí recuperar las banderas de la transformación social, para conquistar su emancipación y el fin de toda opresión.”