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Red Internacional
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El fin de ciclo, la unidad de la CGT y la emergencia de la izquierda

En los últimos días ha vuelto a sonar con insistencia la discusión sobre una posible unidad de las CGT´s antes de que termine el mandato de Cristina Kirchner. El rol de la burocracia sindical en la transición, en el próximo gobierno y los desafíos de la izquierda.

Fernando Scolnik

Fernando Scolnik @FernandoScolnik

Jueves 27 de noviembre de 2014

Un viejo anhelo del Papa Francisco, la unidad de las distintas centrales sindicales, podría dar pasos adelante en concretarse durante el próximo año, si se da crédito a declaraciones de dirigentes sindicales de los últimos días. Hombres como el ex agente de inteligencia del Batallón 601 durante la dictadura y actual dirigente de la UOCRA, Gerardo Martínez, y Hugo Moyano, entre otros, se han referido, con sus matices, a esta posibilidad, lo cual no impide que por el momento actúen divididos y ligados a distintos proyectos electorales de los partidos tradicionales.

El primero de ellos señaló que la unificación de la CGT será posible el año que viene "en abril, mayo, lo buscamos antes de las primarias. Estamos haciendo todo para que el año que viene sea de la unidad de las centrales de trabajadores. Con Caló y Moyano". Por su parte, el dirigente camionero de la CGT opositora señaló que "la unificación de la CGT se está conversando, se está avanzando sobre este tema, hay mucha voluntad. El trabajador reclama unidad para pedir con firmeza las respuestas que el gobierno no da. Hoy se piensa en la unidad porque el gobierno no ha dado respuesta a los reclamos. Los muchachos (oficialistas) se están dando cuenta que hacer el papel que hacían y no tener respuesta no tenía sentido. No sé si la CGT unificada va a ser opositora o no, pero lo que hará es defender al trabajador".

La unidad de las centrales sindicales es uno de los "pedidos" que cada dirigente sindical que visita el Vaticano trae como mensaje del ex cardenal Bergoglio. Otro de sus "mandatos", el que llamaba a "cuidar a Cristina", ya es realidad desde hace bastante, ya que los jefes de las centrales, unos por oficialistas, y otros por querer garantizarle una transición ordenada a los que vengan y por no querer desatar la fuerza de los trabajadores, han decidido dejar pasar el ajuste. Para eso se limitan a medidas aisladas o, simplemente, no hacen nada más que declaraciones y "pedidos" que son archivados automáticamente, cuando no actúan abiertamente en contra de las luchas, como Pignanelli y las patotas del SMATA contra los trabajadores de Lear, entre otros ejemplos.

Pero faltando solo un año para el fin del gobierno de Cristina, la burocracia sindical, a la par que juega este rol, piensa cada vez más en su futuro después de 2015, tanto los que se mantienen en el oficialismo como los que apuestan a Massa o a Macri. Más allá de sus declaraciones vacías sobre la "defensa de los trabajadores", Moyano dejó en claro hace poco más de un mes cuál deberá ser el rol de esta casta enquistada en los sindicatos durante el próximo gobierno: hacer que pase el ajuste. En declaraciones a Radio 10, el dirigente camionero había señalado que "el futuro gobierno que venga, cualquiera sea, necesitará del respaldo de toda la sociedad, y no solamente del movimiento obrero, porque de acuerdo a cómo van las cosas, va a tener que producir ajustes muy duros. Para eso tenemos que tener un movimiento obrero que sepa y que acompañe con responsabilidad el futuro gobierno, cualquiera sea".

Sin mucha ambigüedad, Moyano se ofrece como un factor de orden para la reconfiguración política que surja después de 2015, ofreciendo la degradación de las condiciones de vida de los trabajadores como moneda de cambio por las prebendas que el próximo gobierno y las empresas le den a la burocracia sindical por estos servicios. El dirigente camionero quiere recuperar el rol que tuvo durante la mayor parte de los años del kirchnerismo, cuando era uno de los principales sostenes de la "gobernabilidad" con una fluida relación con el poder gubernamental que le daba mayores garantías para sus privilegios.

Junto con eso, mientras empresarios y políticos opositores esperan que llegue la "lluvia de dólares" que sueñan que vendrá tras el gobierno de Cristina con la "vuelta a los mercados", la dinámica actual de la recesión de la economía, acompañada de una política de ajuste, puede llevar a mayores enfrentamientos con el movimiento obrero, y para enfrentarlo es necesaria la burocracia sindical como "policía interna" entre los trabajadores. Más aún cuando grandes sectores comienzan a ver como referencia a la izquierda, que tanto en las luchas salariales como en las peleas contra despidos (como el ejemplo de Lear) o cierres (Donnelley) ha demostrado ser la alternativa que empieza a surgir frente a las políticas de la burocracia sindical.

Junto con la defensa de los privilegios de la burocracia, la combinación de resistencia obrera al ajuste y crecimiento de la izquierda es la perspectiva que hace necesaria la unidad de la burocracia sindical en una sola CGT para "poner orden". Como ya lo decía Juan Domingo Perón en su famoso discurso en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires en 1944, "las masas obreras que no han sido organizadas presentan un panorama peligroso, porque la masa más peligrosa, sin duda, es la inorgánica. La experiencia demuestra que las masas obreras mejor organizadas son, sin duda, las que pueden ser dirigidas y mejor conducidas en todos los órdenes".

Si con la burocratización y estatización de los sindicatos Perón buscaba enfrentar el "peligro comunista", hoy, salvando las distancias, la burocracia sindical es el agente patronal contra lo que habitualmente, de forma despectiva, llaman los "zurdos", que es la forma de presentar de forma ideologizada lo que en realidad es un ataque al conjunto de los trabajadores. Por eso Macri hizo hace algunas semanas reuniones con distintos dirigentes de la CGT en las cuales les prometió que “los voy a ayudar a frenar a los troskos que les están complicando la vida en los sindicatos”. Lo mismo hacen los K con dirigentes como Pignanelli que se enorgullece de que "ya no hay delegados de izquierda en el SMATA".

En tiempos de vacas flacas quieren redoblar su control sobre los sindicatos, para que los trabajadores paguen el ajuste. Para nosotros, la izquierda, el desafío es el inverso, recuperar los sindicatos para los trabajadores de manos de esta casta, para que la clase obrera emerja en la escena nacional de forma independiente de los partidos tradicionales y, junto al pueblo pobre y la juventud combativa, dé otra salida a la crisis nacional. Para eso estamos construyendo la izquierda de los trabajadores.


Fernando Scolnik

Nacido en Buenos Aires allá por agosto de 1981. Sociólogo - UBA. Militante del Partido de los Trabajadores Socialistas desde 2001.

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