Inés Arrimadas, candidata de Ciudadanos, aseguró no apoyar la huelga del 8M si va contra el sistema capitalista. Lejos de ser homogéneo, en el movimiento feminista y de mujeres existen diferentes perspectivas de clase y estrategias.

Cynthia Lub Barcelona | @LubCynthia
Martes 30 de enero de 2018

Ante la pregunta de la periodista María Llapart en la Sexta Noche a Inés Arrimadas de si va apoyar la huelga feminista del 8 de marzo, la candidata de Ciudadanos, la formación de la nueva derecha más votada en Catalunya en el pasado 21-D, respondió que "hay que mirar, pues hay algunas reivindicaciones que no compartimos", ya que "Dentro de esas reivindicaciones, algunas van en contra del sistema capitalista".
Las redes estallaron criticando duramente a Arrimadas. No obstante, sus declaraciones son expresión de un debate dentro del feminismo en todo el mundo. Actualmente, la problemática de género está en la agenda política de todos los partidos, incluso en los de derecha, ya que es “políticamente correcto” integrarla en las políticas de gobierno y diferentes niveles institucionales.
En el Estado español, frente a las grandes manifestaciones contra los feminicidios todos los partidos del Régimen, desde el PP, PSOE, Cs y Podemos, se vieron obligados a implementar un Pacto de Estado, muy limitado en sus propuestas y con importantes tijeretazos en los presupuestos.
La clase nos divide
A la pregunta de si se considera feminista, Arrimadas responde que “Sí, por supuesto. Entendemos al feminismo como la igualdad plena y real. Yo soy una mujer que he sufrido en primera persona muchas veces lo que es ser la única mujer en un debate electoral. Sufrir como todas nosotras insultos machistas”.
Es un hecho innegable que la opresión de las mujeres se manifiesta de diferentes formas en todas las clases sociales. Esto ha llevado a múltiples debates en el seno del movimiento de mujeres y feminista, frente a diferentes perspectivas en la lucha por los derechos o emancipación de las mujeres, que algunas feministas pretenden ocultar con el argumento de que debatir “divide”. La realidad es que hay estrategias opuestas.
La postura de Arrimadas es contundente: luchar por la igualdad dentro del sistema capitalista. El feminismo liberal, institucional y hegemónico entre los partidos y las instituciones capitalistas, plantea que la “lucha por la igualdad” consiste simplemente en la conquista gradual de derechos dentro del régimen político. Y una vez conquistados esos derechos, este feminismo alienta “la idea de la posibilidad de una batalla puramente individual, donde las mujeres eligen cómo vivir su vida (las que pueden hacerlo, por supuesto)”1
Y en eso “la clase nos divide”, de mujeres como Inés Arrimadas de forma contundente, clara, aguda a quienes pensamos que este feminismo oculta la realidad de la mayoría de las mujeres, que somos también mayoría entre los explotados y pobres de este mundo y no nos repartimos equitativamente entre las diferentes clases.
“Siendo las mujeres algo más que el 50% de la población mundial, constituimos el 70% de los millones de pobres en el planeta y, por otro lado, el 1% de la propiedad privada mundial está en manos de mujeres”.2
Con estos datos, no se trata de ocultar tampoco la opresión que sufre la mitad de la humanidad pertenezca a la case que pertenezca. Pero quienes defendemos una perspectiva de clase consideramos que esa opresión tiene su base en un sistema perpetuado por la explotación de la enorme mayoría de la humanidad por una pequeña minoría de esos parásitos capitalistas.
Patriarcado y capital: alianza criminal
Este grito ha empezado a retumbar por el mundo desde el crecimiento del movimiento Ni Una Menos. Porque, contrariamente a Arrimadas, para un importante sector del movimiento feminista y de mujeres, para terminar definitivamente con el sistema patriarcal, es necesario un cuestionamiento radical al sistema capitalista.
Arrimadas, del partidos de la nueva derecha, Ciudadanos, también defiende su perspectiva de clase (capitalista) y en eso no podemos negar su transparencia.
Por su parte también el PSOE, pero con discurso progresista y “de izquierda” ha formulado leyes de “igualdad” que se han ido transformando en “desigualdad” frente a los recortes y reformas laborales perpetuadas por todos los partidos y gobiernos.
Después existe una delgada línea de diferencia con los neorreformismo y formaciones como Podemos, que han intentado arrancar al movimiento de mujeres de su crítica social más aguda y separar la lucha antipatriarcal de la lucha anticapitalista. Y así es que despojaron al movimiento de la lucha contra el sistema social en el que nace, se legitima y reproduce la subordinación y discriminación. Un sistema que no permite elecciones de “libertad individual” a la mayoría de las mujeres: las trabajadoras, pobres o precarias.
Feminismos en debate
No todas las mujeres somos iguales ¿O acaso son iguales las vida de las mujeres precarias o inmigrantes que trabajan de internas, a las de Soraya Sáenz de Santamaría o Angela Merkel?
Suponer que sólo por ser mujeres tienen algo en común las empresarias con las empleadas del servicio doméstico o las camareras de hoteles, es caer en un reduccionismo biologicista inscrito en la ideología patriarcal dominante, superado por el propio movimiento feminista.
Arrimadas dice que “nadie puede apropiarse del feminismo” y que “hay muchas sensibilidades”. Y es cierto. Estamos las que luchamos de manera decidida contra el capitalismo patriarcal. Contra la explotación que se siente diariamente en el cuerpo, bajo la pobreza, la violencia machista y los feminicidios. La violencia y acoso patronal, la de la precariedad, la del racismo. La violencia de la prohibición del derecho al aborto por parte del Estado y la Iglesia, muriendo millones en el mundo por abortos clandestinos.
Por todo esto queremos parar este 8M. Las mujeres feministas socialistas buscamos recomponer la histórica alianza entre el movimiento de mujeres y el conjunto de la clase trabajadora y explotada junto a la juventud. Una tarea ineludible para lograr llevar al triunfo nuestros reclamos, contra el patriarcado y el capitalismo.
Y creemos que esta alianza no puede construirse convirtiendo la lucha antipatriarcal en una lucha “anti hombres”, lo que también sería caer en una categoría de género biologicista, abstracta o vaciada de contenido.
Ni tampoco haciendo caso omiso al hecho de que entre las clases explotadas, existe también machismo y la opresión de unos sobre otras.
Y aquí podríamos detenernos en otro debate, citando el artículo “8 de marzo: cuando la tierra tembló”, de Andrea D’Atri y Celeste Murillo “Lamentablemente, cierta izquierda oscila entre esas dos posturas: se pliega acríticamente a las acciones que emprenden contra los hombres sectores que enarbolan un feminismo radical de corte "vengativo" (por lo tanto, individualista), carente de una estrategia política anticapitalista y antipatriarcal o, por otro lado, se niega a enfrentar los prejuicios sexistas de la clase trabajadora, fomentados por las clases dominantes a través de las instituciones de su régimen de dominio, como también a ponerse en la primera fila de las luchas por derechos democráticos elementales. Y así anda, entre sugerir que el "acoso verbal" de un joven, en la calle, merece el mismo castigo y repudio que el terrorismo de Estado o plantear que todos los oprobios se subsumen en la explotación capitalista, absolviendo en el acto a los miembros más conscientes de la clase trabajadora (y por qué no, a su propia militancia masculina) de toda responsabilidad en la reproducción del machismo”.
Estos debates, lejos de dividir al movimiento feminista, son muy necesarios frente a un movimiento masivo de mujeres en las calles en todo el mundo que actualiza la disputa por cuál será el camino a seguir para no acabar como en la oleada anterior de la década del ’70, sepultando la perspectiva de una transformación radical del sistema capitalista.
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1. Celeste Murillo, “Feminismo cool, victorias que son de otras”, IdZ 26, diciembre 2015.
2. D’Atri, Andrea, Pan y rosas: pertenencia de género y antagonismo de clase en el capitalismo.

Cynthia Lub
Doctora en Historia en la Universidad de Barcelona (UB), especializada en clase trabajadora durante el franquismo y la Transición, también en estudios sobre género y clase, feminización del trabajo y precariedad. Docente de educación secundaria pública.