El ataque a las normales por parte del Estado y sus instituciones, en curso desde hace años, es parte de los planes contra la educación pública, dictados por los empresarios y los organismos financieros internacionales.
Marco Flores Normalista integrante de la Agrupación Nuestra Clase
María González Escuela Nacional para Maestras de Jardines de Niños
Martes 1ro de noviembre de 2016
El objetivo original de las escuelas normales fue permitir la extensión de la educación pública a los sectores más pobres del campo y la ciudad, volviéndose semilleros de maestros con pensamiento crítico y conciencia social. Es aquí donde radica una de las principales razones por las que estas instituciones han sido atacadas y varias de ellas desaparecidas por el propio Estado. La reforma educativa de Nuño y Peña Nieto busca liquidar a la mayoría de las normales y acabar así con su tradición combativa.
El gobierno y los patrones nos temen porque como maestros estaremos en contacto permanente y directo con los hijos de los trabajadores y campesinos pobres, cada vez más inconformes con sus condiciones de miseria. Nos odian porque nos negamos a aceptar sus políticas privatizadoras y asesinas, así como sus modelos con los que pretenden someter a los alumnos y maestros desde las aulas.
El ataque a las escuelas normales cobra sentido si entendemos que los maestros también formamos parte de esa clase trabajadora en la que fue pensado el proyecto del normalismo, a la que hoy le quieren arrebatar sus derechos y conquistas más elementales.
Nuestras escuelas son atacadas porque no responden a las políticas pro empresariales que actualmente el gobierno y los partidos patronales quieren imponer. Muestra de ello es el avance en la privatización de la educación, la precarización de sus trabajadores y el desmantelamiento de las normales; políticas internacionales acordes a las necesidades del imperialismo representado por la OCDE.
Ayotzinapa, bandera de lucha
La más brutal expresión de la guerra del Estado contra el normalismo fue la desaparición forzada de nuestros 43 compañeros de Ayotzinapa, crimen de lesa humanidad ocurrido en el 2014, en el que están involucrados el ejército y diversas corporaciones policiacas.
A nuestros compañeros de la Escuela Normal Rural, Raúl Isidro Burgos, los reprimió la policía –al servicio de los empresarios y el narco–, abrió fuego contra sus vidas, desapareció a 43 y asesinó a otros 3. ¿Por qué? Por salir a defender la educación y su propia escuela.
Por lo que, en jornadas de movilizaciones históricas, miles salimos a las calles convencidos de que los responsables de su desaparición fueron el Estado y sus fuerzas armadas.
No obstante la masividad del movimiento, hizo falta la acción contundente de los millones de trabajadores agrupados en las fábricas, el comercio y los servicios, públicos o privados; que con su movilización y el paro nacional hubieran podido hacer realidad el extendido reclamo de “Fuera Peña”.
Hoy, a dos años de la noche negra en Iguala, nuestros compañeros siguen desaparecidos, su caso sigue sin ser esclarecido y la sed de justicia sigue presente en sus padres, en cada normalista y en cada ciudadano consciente de que la represión no callará nuestra voz.
Los normalistas nos organizamos
¡Como estudiantes normalistas, es momento de que alcemos la voz y nos unamos! Es hora de denunciar las arbitrariedades y dar a conocer nuestras inconformidades, pero sobretodo, de defender la educación. Porque defender la educación es también defender a los miles de niños, niñas y jóvenes, hijos de trabajadores, que en un futuro no muy lejano estarán en nuestros salones de clases.
Desde la Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase extendemos la invitación a sumarse a la misma, a todo aquel o aquella que sienta la necesidad de organizarse para enfrentar la represión; defender y mejorar la educación normal y la educación pública en general, a integrarse activamente a esta lucha de la mano de las y los maestros, de las y los trabajadores, pues estamos convencidos que el cambio es posible si confiamos en nuestras propias fuerzas.
Tomemos ejemplo de las luchas que en otros países están dando nuestros hermanos de clase: como los del Nuit Debout en Francia, y la juventud sin miedo de Chile, que demuestran que la unidad de los estudiantes con los trabajadores es el camino para enfrentar los planes de los gobiernos y patrones, en la perspectiva de echar abajo este sistema de miseria y opresión para los de nuestra clase.
Tomemos en nuestras manos las banderas de la independencia de clase, sin confiar en los gobiernos, partidos e instituciones del régimen, sólo en nuestras propias fuerzas, y salgamos a luchar junto a los trabajadores para echar abajo la reforma educativa, frenar la embestida neoliberal e imperialista y acabar con el régimen político hambreador y asesino.
Los jóvenes y trabajadores necesitamos y merecemos destruir a este sistema de explotación y miseria, para poder construir una sociedad distinta en la que la juventud viva sin miedo a morir por querer ser maestro, donde los trabajadores no le entreguen su vida al patrón soportando trabajos de esclavitud y donde las mujeres puedan salir sin miedo a ser desaparecidas, violadas o asesinadas.