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Red Internacional
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Cultura. El infierno que vivimos todos los días

Isaac Cordal, artista gallego, crea pequeñas esculturas de cemento que contextualiza con áridos paisajes de desolación y muerte. Recuerdan imágenes trascendentes como las guerras, a la vez que lo efímero del presente en el capitalismo.

Bárbara Brito

Bárbara Brito Docente y ex vicepresidenta FECH (2017)

Martes 5 de mayo de 2015

El cemento, material de construcción de las ciudades, choca con los deseos de los pequeños hombres, choca a su vez con una naturaleza que invade y corrompe, que toma y convierte a sus condiciones y propiedades. La ciudad se vuelve angustiosa y la imaginación pareciera ser un imposible en un entorno donde todo lo sólido se desvanece en el aire como plantaba Marx ante la modernidad.

Las pequeñas figuras chocan entre sí, cubren sus rostros de vergüenza por lo acaecido, se hunden en el agua como reptiles y se adaptan ante la adversidad, aunque sin dejar de asombrarse y buscar perpetuar aquellos fragmentos de realidad (más pequeños aún que ellos mismos) en los que encontramos vida, una salida al caos y a la radicalidad de la barbarie capitalista, una puerta hacia la imaginación.

En uno de sus post en su página de facebook el artista cita a Ítalo Calvino: "El infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquel que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo más. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar y darle espacio."

Lo masculino y la masa social

Casi toda la producción de Isaac Cordal tiene que ver con traducir en su lenguaje una realidad que se presenta en el capitalismo como un universal: pequeños hombres, todos hombres, en realación a una sociedad falocéntrica, donde todo pareciera mirarse a través de la mirada masculina.

A su vez, las masas, el transeúnte de los paseos peatonales de las grandes ciudades, el hombre de negocios con maletín, el hombre cesante, el hombre agobiado y suicida. Cada uno de ellos expresa en su particularidad “la masa social” con las características comunes otorgadas por pisar el mismo suelo, por someterse a las mismas reglas de la sociedad capitalista. Pero obras como “Follow de Leader” presentada en Nantes, y que la conforman más de dos mil hombres de cemento de no más de 25 centímetros de altura, nos hace pensar que el artista, más allá de mostrar las formas particulares de aparecer y ser en el capitalismo, como un fragmento, busca reconocer esta sociedad o este infierno como una totalidad.

Nueva esclavitud

Estaríamos sometidos entonces a una nueva esclavitud determinada por formas ideológicas y silenciosas de cohersión o, como llamó Gramsci, a las estrategias del estado moderno, a formas de consenso que harían olvidar y naturalizar la sociedad que vivimos con sus miserias. Pero no todo estaría perdido, las pequeñas figuras en múltiples ocasiones se detienen a admirar pequeños trozos de pasto que aparecen entre el cemento o, en su soledad, en medio del agua y sostenidos por un carro de supermercado, cuyos orificios se presentan aún más amenazantes. Los hombrecitos se ven envueltos por el reflejo de un bello cielo azul que muestra más que un escape: la posibilidad objetiva de que el futuro pueda alejarse de los bloques de cemento.