Mas obtuvo ayer un nuevo No a su investidura. Sin embargo coincidió con la CUP en la urgencia de un acuerdo de investidura y estabilidad parlamentaria. La “mano extendida” sigue empujando a la CUP hacia una posición cada vez más auxiliar de los representantes políticos de la burguesía catalana.

Santiago Lupe @SantiagoLupeBCN
Viernes 13 de noviembre de 2015
Foto: Toni Albir/EFE
Y sin embargo, se mueve. Esta es la idea que quisieron que quedara presente los dirigentes de CDC, ERC y la CUP en el segundo pleno de investidura realizado ayer jueves. El resultado de la votación sobre la investidura de Mas fue el mismo que el martes: 62 votos a favor -los de JxSí- y 73 en contra -los de Cs, PSC, CSQEP, PP y la CUP-. Sin embargo el No de la CUP fue un “no tranquilo” en palabras de su portavoz Antonio Baños. Mandaba así un mensaje claro: la CUP no se levantará de la mesa de negociación, habrá acuerdo y no se llegarán a las elecciones anticipadas en marzo.
De parte del resto de formaciones, las intervenciones fueron bastante anodinas y repetitivas. La única “novedad” fueron las defensas de la figura institucional del President y sus atribuciones, que a su juicio quedaría mutilada por su propuesta de competencias compartidas con tres vice-presidencias. El resto, la misma línea del martes aunque radicalizada por las peticiones de respeto a la suspensión del Tribunal Constitucional. Y es que este segundo round era sobre todo una clara “interna” del bloque soberanista.
La sesión la abrió el President en funciones y candidato a la investidura. Lo hizo haciendo pública la reunión secreta que mantuvo el miércoles por la tarde con una delegación de JxSí y tres diputados de la CUP. En ella Mas ofreció un “gobierno coral” con tres vice-presidencias que incluía a dos de los presidenciables propuestos por la CUP esta semana: Raül Romeva y Neus Munté.
La otra clave de su nueva propuesta fue el compromiso a presentar una moción de confianza sobre el nuevo Govern al finalizar el primer periodo de sesiones del Parlament, a finales de julio. Tomando en cuenta que la hoja de ruta de JxSí determina que esta legislatura sería de transición y sólo duraría 18 meses, Mas presentó este compromiso como una reválida a su gestión a mitad de mandato. Si no la pasara se debería investir a un nuevo President y formar un nuevo Govern.
La propuesta de Mas puede parecer “generosa”. Así lo vendió en el atril. Así se lo reconoció la dirigente de ERC Marta Rovira, que consideró que abría el camino para una gobernanza del país “más plural, transversal y con responsabilidades compartidas”. Incluso Baños, aún considerando que era una propuesta todavía insuficiente para lograr expresar una mayoría social, saludo el hecho de que JxSí haya movido ficha. El tema de la “moción de confianza” fue el aspecto considerado como más positivo por la CUP.
Ahora bien, tiene trampa. De hecho lo que Mas pide son 10 meses de prórroga para seguir al frente del proceso de “desconexión”. Muchos votantes de la CUP podrán pensar que no es un cheque en blanco. Si Mas no cumple, si capitula en las negociaciones con el gobierno español surgido del 20D, si intenta desviar el movimiento por el derecho a decidir hacia la reforma constitucional gatopardista por la que aboga el nuevo cuatripartidismo... la CUP estará a tiempo de hacerlo caer en julio.
¿Seguro? ¿No habrá encontrado para entonces JxSí o CDC otros asideros de estabilidad parlamentaria? De hecho, tanto Cs como PSC se han ofrecido reiteradamente para servir de muleta a CDC en caso de que decida retornar al “seny”. Si Mas accede, Iceta y Arrimadas es muy probable que sustituyan entusiasmados los votos de la CUP.
Pero Mas no ha sido el único que se ha movido hoy. Baños no sólo ha valorado la propuesta de Mas. Hoy no ha lanzado ninguna alternativa a ésta. Una ausencia de propuesta que además ha coincidido con ninguna mención expresa a que la CUP no aceptará nunca un Govern presidido por Mas. El tono de su “no tranquilo” ha sido suave y hasta amistoso. Y en el mismo sentido que Mas y Rovira, ha dejado claro que habrá que hacer todo los esfuerzos posibles para garantizar tanto la elección de un nuevo Govern como su estabilidad parlamentaria sostenida en los 72 diputados de JxSí y la CUP.
Este espíritu de “unidad nacional” ha impregnado los discursos de los dirigentes de los tres partidos independentistas. Mas ha metido prisa para el acuerdo al decir que “la situación actual no ayuda a mantener una posición catalana con la solidez que nos da nuestra mayoría parlamentaria” y apurar a la CUP interpelándolos con un “hay tiempo, pero hay poco; en los próximos días esto tiene que resolverse en un sentido u otro”.
Mientras tanto Baños asentía y se podía leer en sus labios la palabra “poc” (poco). Antes había dejado claro que “no caeremos en la trampa de dividirnos, porque el objetivo es compartido (…) y está muy cerca”.
Pero la campeona de la unidad, en cuanto a oratoria se refiere, ha sido Rovira que ha tenido una frase que es toda una metáfora del gran frente de colaboración de clases al que apuestan todos los partidos del bloque soberanista. Refiriéndose a las negociaciones que tendrán lugar en los próximos días, ha declarado que “somos conscientes de que nos necesitamos. Y es un privilegio que nos podamos reunir un día en el Majestic -hotel de lujo donde CiU ha celebrado todas sus noches electorales hasta 2012-, otro en el Palacio de la Generalitat o en Can Vies -emblemático Centro Social Ocupado-, pasando por las sedes sindicales, sociales y hasta de la ANC” .
Si bien el resultado de este nuevo pleno ya estaba cantado desde el martes, los discursos de Mas, Rovira y Baños auguran que el acuerdo está más cerca. Como síntoma de ello la CUP ha convocado ya una asamblea extraordinaria el próximo 29 de noviembre en la que esperar revalidar los acuerdos que se alcancen en los próximos días. La forma concreta que tendrá el próximo gobierno de concentración, e incluso quien lo terminará presidiendo, está por verse. Pero lo que es seguro es que el partido de la gran burguesía catalana será quien lo hegemonice y dirija, con Mas o sin él, y esta vez contará con el apoyo y la estabilidad parlamentaria de la izquierda independentista.
La única esperanza para que no se consume una política de entrega a los representantes de la burguesía catalana como a la que se están ofreciendo los diputados de la CUP, está en la misma asamblea del 29 de noviembre. Que de allí salga un sector que pelee por una estrategia opuesta a la mano extendida, que ponga su eje en el desarrollo de la movilización social para tumbar el Régimen del 78, conquistar el derecho de autodeterminación y abrir un proceso constituyente para cambiarlo todo, dependerá del futuro de la izquierda independentista como posible alternativa a la bancarrota a la que conduce Mas al proceso.

Santiago Lupe
Nació en Zaragoza, Estado español, en 1983. Es director de la edición española de Izquierda Diario. Historiador especializado en la guerra civil española, el franquismo y la Transición. Actualmente reside en Barcelona y milita en la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT) del Estado Español.