Viernes 10 de octubre de 2014
Hace tiempo que trabajo en fábricas y algo terriblemente común en ellas, es el machismo. Los obreros, por la manera en la que somos explotados y degradados somos blanco fácil para él. Desde que somos chicos nos inculcan que la mujer es un objeto sexual y doméstico del cual el hombre puede hacer uso a su gusto y comodidad, encima ser explotado doce o más horas deriva en que tu compañera tenga que cargar con las presiones de lavarte la ropa o tener la comida lista para cuando llegues, cobrarte el sueldo o ir a pagar las cuentas, en definitiva hacer todas las cosas que no podés porque estás encerrado en la fábrica. Es una posición en donde el hombre machista se siente por demás de cómodo.
Hay dos cosas importantes por lo menos para mí, primero que si no cuestionamos los hechos de machismo después nos parece normal e incluso te deja de molestar y terminás adaptándote. La otra es que te deja de importar o te da igual en qué lugar pones a tu pareja, amigas o familiares mujeres, por ejemplo y eso es terrible.
La explotación en la fábrica genera una contínua degradación hasta el punto de sentirte un objeto y no un sujeto, te embrutece, te reduce a un ser que se esconde para comer algo o para tomar un mate. En pocas palabras intentan, todos los días, aplastarte para que no pienses. Por esto digo que somos blanco fácil.
Como obrero revolucionario quiero cambiar la sociedad y por eso todos los días doy la lucha para combatirlo tanto a nivel personal como también criticando a quienes me rodean, creo que es un pequeño avance hacia esa sociedad libre de opresiones para la mujer que tanto queremos. Veo necesario que combatamos codo a codo con las compañeras para poder cambiar la sociedad de raíz y terminar con el machismo que todos los días se cobra la vida de una mujer