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OPINIÓN. El malestar de los estudiantes universitarios se hace viral en redes sociales

A lo largo de estos días de cuarentena miles de alumnos de todo el Estado denunciamos desde redes sociales que la gestión de la Universidad en medio de esta crisis descomunal se parece mucho a un “sálvese quien pueda” que deja a muchas estudiantes atrás. La universidad muestra así sus contornos de clase.

Elías Lavín Madrid

Martes 21 de abril de 2020

En medio del confinamiento, muchos no sabemos cómo van a hacer nuestros padres para pagar el alquiler o si van a conservar su trabajo. Muchos de nosotros no sabemos si vamos a poder terminar la carrera o tendremos que salir a buscar un trabajo precario. Pero aún así, en medio de esta crisis, se nos exige más que antes, mediante trabajos y exámenes virtuales que evalúan contenidos que no se imparten.

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A medida que pasan los días de confinamiento la incertidumbre aumenta, los problemas de los y las universitarias se acumulan, pero el Ministerio de Universidades está desaparecido. Quisiéramos saber dónde está el ministro Castells. Tenemos constancia de que sigue escribiendo artículos, pero parece que la cuarentena también ha llegado a sus responsabilidades como Ministro de Universidades.

Muchos estamos convencidos de que esto es insostenible y no tardará en estallar a finales de cuatrimestre, cuando llegue el momento de las evaluaciones finales. Las autoridades de las universidades dicen que han puesto en marcha medidas excepcionales, pero más bien están siendo los profesores y delegados de estudiantes los que, entre ellos, están dando solución a parte de los problemas derivados del confinamiento.

El hecho de cargar todo el peso en las decisiones individuales de los profesores, independientemente de las buenas intenciones que muchos de ellos puedan tener, ha convertido el estudio virtual en un auténtico caos, en muchos casos sobresaturando a los estudiantes de tareas, sin coherencia interna e inabarcables. Adaptar el programa de una asignatura de un día para el otro al trabajo virtual no es nada fácil, mucho menos si no se cuenta con medios suficientes o entrenamiento adecuado. En este marco, muchos profesores no están dando clases virtuales, mientras los estudiantes reciben listas de tareas que no terminan nunca. En muchos casos, las tareas de los universitarios rayan lo absurdo.

Pero la responsabilidad de todo este caos recae en primer lugar en la desidia de rectores, decanatos y del Ministerio de Universidades del nuevo gobierno. Las universidades han hecho recaer los trapos sucios sobre los hombros de los profesores, sobrecargándolos de tareas que exceden sus funciones, y para las cuáles nunca fueron preparados. Los estudiantes no olvidamos que entre el profesorado existe una gran cantidad de docentes en precario, sobresaturados de tareas y ultra explotados por la misma Universidad que ahora se desentiende. Por eso, animamos a estos profesores e investigadores a unirse a nuestro descontento.

Esta semana, los estudiantes de la Universidad de Granada se han hecho escuchar con el hashtag #vergUGRenza que ha llegado a ser trending topic en Twitter a nivel nacional, denunciando la falta de organización de cara a finales de curso. No es, ni mucho menos, un caso aislado, cualquier universitario entiende bastante bien de esa vergüenza y se solidariza con la indignación de los estudiantes de Granada. En el mismo sentido se han viralizado hashtags de estudiantes de las universidades de Valladolid, de la Complutense y la Universidad Autónoma de Madrid.

Es que todas las medidas adoptadas hasta el momento por las universidades son “por los estudiantes, pero sin los estudiantes”, tomadas a puerta cerrada, sin consultarnos, y de manera antidemocrática. Entonces, dejan de ser “por los estudiantes” y se convierten en un vano intento de aparentar que la Universidad no se está lavando las manos. Un buen ejemplo, por seguir con el caso anterior, es el de Granada, donde no sólo los cambios de la evaluación se han hecho sin consultar a los alumnos, sino que el rectorado de la Universidad ha hecho un “Plan de Contingencia para la docencia y evaluación” donde establece una lista de recomendaciones para los profesores, una lista ambigua y que se limita a “recomendar”. Es decir, que a efectos prácticos siguen igual que antes. Hablando claro: no han arreglado nada. Los y las universitarias estamos hartas de que todo dependa de la buena voluntad de un profesor individual.

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Las medidas tomadas para las evaluaciones, como hacer los exámenes online a contrarreloj y con la webcam encendida, han causado un profundo rechazo. Ya son muchos años de unos mecanismos neoliberales de evaluación, completamente absurdos y sin sentido pedagógico, que solo buscan convertirnos en futuros trabajadores flexibles y productivos para un mercado de trabajo completamente precarizado.

Los estudiantes denuncian en las redes sociales que a las universidades se les olvida que estamos en una pandemia mundial, que muchas familias pasan por dificultades y que también se acentúan nuestros problemas personales. Twitter está en ebullición: “No evalúan conocimientos, sino cuán rápido escribes”, otro tuit afirma tajante que “ponen por delante la necesidad de ponernos una nota numérica a que aprendamos algo… ¡ni un solo suspenso!”, “debemos juntarnos todo el alumnado para luchar por nuestros derechos, ¡hagamos algo!”

Dado que las universidades no han habilitado recursos y medios para dar verdaderas clases virtuales, muchos profesores se las apañan como pueden a través de videos, audios y videollamadas, pero en muchos casos los estudiantes solo reciben algunos PDFs, presentaciones y lecturas.

Lo que genera más incertidumbre, finalmente, es que la inmensa mayoría de los y las universitarias desconocemos cómo vamos a ser evaluados. Por ahora nada está claro. Mientras tanto el descontento crece, ya son muchas universidades como la Universidad Complutense, la Universidad de Vigo, la de Alicante, Sevilla, etc., cada vez hay más hashtags como UCMNorespeta, NoagUAMtamosmas, QuemadUS, AsiNonUSC, UAnoactUA, laUVAnoResponde, que muestran la profunda indignación de los estudiantes. Tenemos que unirnos y plantar cara a la Universidad y al Ministerio de Universidades.

Las demandas de gran parte de los estudiantes son claras: 1) Devolución de las Tasas de este año: para no sobrecargar a las familias afectadas por la crisis, por las enormes carencias de este año académico, en perspectiva de conquistar una educación pública gratuita. 2) Apto General: para que no haya ni un solo suspenso, para poder estar tranquilo si pasas por una situación complicada sabiendo que no que no vas a salir perjudicado, y para que si no lo estás puedas pedir ser evaluado; y 3) Decidirlo todo: que podamos decidir sobre los métodos de enseñanza y evaluación, por una Universidad radicalmente democrática, gestionada por los estudiantes, profesores y trabajadores.

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Pero todas estas reivindicaciones no las va a regalar el gobierno por muy buenas razones que demos, el PSOE es artífice de este modelo de universidad-empresa. Es por ello que llamamos a todos los estudiantes a expresar su malestar en redes sociales y a organizarse con sus compañeros y compañeras de clase, impulsando asambleas virtuales y eligiendo delegados por curso, que sean rotativos y revocables, para así decidir democráticamente sobre las evaluaciones y nuestra educación. Solo reconstruyendo las bases de un movimiento estudiantil organizado desde las bases y combativo lograremos imponer esas medidas a este gobierno, que se dice progresista, pero que sólo se ha dedicado a defender los intereses de los bancos y las grandes empresas.

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