El 5, 6 y 7 de octubre se realizó la III Conferencia Feminista Marxista en la Universidad de Lund, Suecia. Conversamos con Celeste Murillo, de la agrupación Pan y Rosas, invitada por las organizadoras a exponer en la Conferencia.
Jueves 25 de octubre de 2018 10:31
La primera conferencia de feministas marxistas se había realizado en Berlín, en 2015 y la segunda, al año siguiente, en Viena. La tercera edición, realizada en la ciudad de Lund (Suecia) contó con la presencia de 200 persona –en su mayoría, mujeres–.
¿Cuáles fueron los principales debates de la Conferencia en Lund?
Una de las ideas que motorizó la convocatoria fue “Transformar nuestras vidas. Transformar el mundo”. Con ese punto de partida, se organizaron paneles y talleres con una amplia variedad temas. También se llevaron a cabo varias conferencias en las que participaron renombradas teóricas feministas como Heidi Hartmann, economista feminista de Estados Unidos, autora del clásico Un matrimonio mal avenido: hacia una unión más progresiva entre marxismo y feminismo; Nikita Dhawan, filósofa y profesora de la Universidad de Innsbruck; el sociólogo Göran Therborn, autor entre otros libros de Between Sex and Power: Family in the World (Entre sexo y poder: la familia en el mundo) y la alemana Frigga Haug, feminista marxista especialista en la obra de Rosa Luxemburg.
Dos de los debates que atravesaron la conferencia fueron el lugar del trabajo reproductivo y sus lazos con la transformación política en el capitalismo, por un lado, y las diferentes perspectivas políticas del feminismo en temas tan variados como la representación política, la participación en los espacios de poder, las vías y contradicciones de los feminismos en las luchas actuales como las peleas contra la xenofobia, la islamofobia y los derechos de las mujeres. El escenario internacional, con la impronta de la ultraderecha europea y la aparición de fenómenos como el de Donald Trump en Estados Unidos o Jair Bolsonaro en Brasil, estuvo presente en casi todos los debates.
También estuvo presente en varios talleres y paneles el lugar del trabajo reproductivo, los diálogos y tensiones entre marxismo y feminismo. En los intercambios y ponencias, más allá de las diferencias y debates, quedó en evidencia que el marxismo sigue siendo una voz indispensable en el feminismo, especialmente para quienes no se conforman con los cambios graduales y buscan, en cambio, un cambio de raíz y la construcción de otra sociedad libre de explotación y opresión.
¿Cómo fue tu participación en la conferencia?
Las organizadoras nos invitaron a esta tercera conferencia. Mi participación intentó expresar las ideas y la política que llevamos adelante con la agrupación Pan y Rosas, en Argentina y otros países, especialmente entre las trabajadoras. Aunque para nosotras es parte de nuestra política cotidiana, el enfoque de un feminismo socialista y con una perspectiva de la clase trabajadora fue llamativo para la mayoría de las participantes. El panel en el que participé, “Feminismo de la reproducción social: explorar los lazos entre la opresión y la explotación”, compartí las experiencias de las comisiones de mujeres y la participación de las trabajadoras en la fábrica alimenticia Kraft contra el acoso sexual de un supervisor y el valioso aporte de la comisión de mujeres de la gráfica Donnelley, hoy Madygraf bajo control de sus trabajadoras y trabajadores.
En la experiencia de las comisiones de mujeres en las luchas obreras se ven al mismo tiempo la potencialidad de la participación de las que hoy son la mitad de la clase trabajadora y, a la vez, la perspectiva que le otorga la clase mayoritaria a las luchas de las mujeres por sus derechos y contra la opresión.
En la exposición y luego en el intercambio con las y los participantes, estuvieron presentes el movimiento de mujeres de Argentina, sus diálogos y desencuentros con el movimiento obrero y la izquierda.
Sabemos que después de la conferencia visitaste el Reino Unido, ¿de qué actividades participaste?
En Londres tuve la oportunidad de entrevistar a Juliet Mitchell, psicoanalista británica y activista durante la segunda ola feminista de los años 1960 y 1970. Juliet Mitchell fue parte del ala izquierda del movimiento feminista y autora de Women: The Longest Revolution, un texto que pasaba de mano en los círculos marxistas de esos años y publicado más tarde como libro.
También viajé a la República de Irlanda, donde el movimiento de mujeres conquistó hace algunos meses el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, luego de conseguir derrotar en un referéndum la octava enmienda de la Constitución que obstaculizaba el derecho al aborto legal. En Dublín, intercambiamos experiencias con algunas de las organizadoras de la campaña Repeal The 8th (Rechacemos la Octava Enmienda) y las estudiantes irlandesas que organizaron la campaña Home to Vote (Volver a casa a votar) para que quienes viven fuera de Irlanda acudieran a la votación. Conversamos sobre los problemas que surgen con la implementación de la nueva legislación mientras enfrentan la influencia de la Iglesia católica en el sistema de Salud. De hecho, durante estas semanas, estaban llevando a cabo una campaña para que la Iglesia no controle el nuevo hospital de maternidad que inaugurará pronto el gobierno irlandés.
De la experiencia irlandesa y la argentina, surgen problemas comunes como la injerencia de la Iglesia católica, unidad por múltiples lazos al Estado. En ambos países, aunque el panorama legal es diferente, sigue vigente la pelea porque conquistar el derecho a decidir, y a que ese derecho sea efectivo para todas las mujeres y no solo para una minoría.