En poco más de un mes, un movimiento con miles de personas inunda las calles de Guatemala y hoy es indiscutiblemente el proceso social de mayor envergadura, desde la caída de la última dictadura militar. Pero nuevos elementos entran a escena que indican que este movimiento puede ir por más.

Sandra Romero México | @tklibera
Sábado 6 de junio de 2015
Otto Pérez Molina está preocupado, pues su gobierno no sólo representa los intereses del derechista Partido Patriota, sino los del empresariado guatemalteco, de los jueces y militares provenientes de la dictadura y de los políticos que impulsan las privatizaciones y el despojo de los recursos naturales.
Por eso, Estados Unidos respalda la permanencia de Pérez Molina en el poder, pues su política es garantía de continuidad para sus intereses económicos en la región y Guatemala es la principal economía de Centroamérica.
Pero las renuncias de miembros del Gabinete guatemalteco, claves en la aplicación de los planes contra los trabajadores y el pueblo, muestran lo agudo de la crisis, donde el movimiento de masas ha logrado poner en jaque en tres ocasiones la presidencia de Otto Pérez.
Las salidas de Roxana Baldetti, Juan de Dios Rodríguez y Mauricio López Bonilla, son triunfos innegables de las protestas y muestra de que se puede ir por más. Pero aún un gabinete desmoronado puede recomponerse si el movimiento democrático no se plantea una salida independiente a la crisis.
Por eso existe un cierre de filas desde el régimen, para llevar la crisis política actual hacia la confianza en el proceso electoral y sus instituciones. Pero no hay garantía de una contienda democrática bajo un régimen político como el actual, que lleva adelante todos los planes marcados por Estados Unidos.
Los de arriba buscan cerrar la crisis a su favor
Algunos analistas comienzan a plantear que sólo las elecciones ofrecen una salida a la crisis política, pero esto no es verdad, pues un gobierno marcado por escándalos de corrupción y enriquecimiento ilícito, como fraudes, vínculos con el narcotráfico, desvío de recursos, relaciones clientelares y sobornos, no puede ser capaz de garantizar una elección limpia.
Pretenden fortalecer la crisis como única alternativa posible, porque la clase política en el poder sabe que la pérdida de credibilidad en el gobierno se extiende rápidamente a las instituciones, por lo que pretenden canalizar todo el descontento en la confianza electoral.
Esta es la única salida que les garantiza recuperar legitimidad política del régimen, posiblemente a través de una mayor alternancia entre los partidos, que aparente una transición ordenada del mando político.
Pero esta forma de gobierno, ha sido probada en países como México, donde luego de 70 años de imposición electoral del régimen priista, se abre el juego a la alternancia con otros partidos en el año 2000. Una política impotente que involucra al histórico partido opositor en el Congreso, el Partido de la Revolución Democrática, que hoy es el principal responsable del asesinato y desaparición de los normalistas en Ayotzinapa.
Ahora hay otras opiniones de derecha, que alertan como un peligro la posibilidad de que cambie la lucha “ciudadana” por la entrada en escena de “fueras radicales” que resultarían un “caos político” para el país.
Algunas de estas posturas, son las mismas que desde la prensa vendida o los análisis de la clase dominante, guardaron silencio cómplice durante estos dos años frente a los escándalos que fueron sacudiendo al gobierno actual.
Nuevos actores y nuevas acciones oxigenan la lucha
La convocatoria de hoy exige reformas a la ley electoral, extinción del dominio, extradición a Estados Unidos de Roxana Baldetti, contra todo candidato corrupto y nuevas renuncias: de Blanca Stallin, Marta Sierra de Stalling, Luis Rabbe y Otto Pérez
La discusión es candente entre la juventud y en redes sociales, las convocatorias cada vez son más numerosas, ahora los principales ingresos a la capital fueron bloqueados por manifestantes que exigen cárcel para los empresarios que evaden impuestos y exigen una investigación contra todo el Gabinete.
La entrada en escena de estos sectores es profundamente progresiva, así como su sensibilidad expresada en sus exigencias de no permitir un político o empresario corrupto más en el país.
Pero para resolver definitivamente estas demandas es necesario barrer con todo el régimen podrido enquistado en las raíces de las dictaduras, donde ningún político estuvo dispuesto de llevar a la cárcel a los principales genocidas.
Para que se desarrollen elementos nuevos en la lucha que la fortalezcan, es urgente que entren en escena los trabajadores con sus métodos de lucha, con una imponente huelga general que imponga la caída del gobierno de forma revolucionaria.En ese camino, estará planteado que las amplias masas populares, que salen a las calles motorizadas por la lucha contra el régimen político, enfrenten las trampas para desviarlo.
Es necesario que el pueblo guatemalteco haga nuevas convocatorias desde redes sociales, pero convocando también a asambleas en las calles, de trabajadores, estudiantes y sectores populares que comiencen a discutir y organizarse por tirar al gobierno.