Piñera estrenó a los ministros que serán su nuevo gabinete presidencial. Un gobierno "negociador" con apariencia "fuerte", pero solo lo que la relación de fuerzas permite. ¿Cómo garantizar "gobernabilidad"?

Pablo Torres Comité de redacción La Izquierda Diario Chile
Martes 23 de enero de 2018

La espera de los ministros y su nuevo gabinete terminó. Ya se dieron a conocer los nombres.
En apariencia sería un gobierno más "político", con centro en la negociación y un discurso más "moderado" (de llamado a la "unidad" mas que autoritario derechista). En apariencia más "fuerte" o "duro" pero que en verdad tiene un marcado perfil "negociador" con ortodoxia neoliberal. Sin embargo, es producto de los límites o complejidades, o la debilidad estructural de este nuevo gobierno que hace a la relación de fuerzas, difícil de avanzar sin "negociar", pues se sostiene en régimen aun muy cuestionado (corrupción, rechazo partidos, etc.), fragmentación/rearticulación del sistema de partidos, y un clima social de inflación de expectativas pero a la vez de un gran malestar y descontento que recorre amplias franjas de masas, y que han expresado también "las calles" estos últimos años. Buscará recomponer el inestable equilibrio que cruza a la situación política, es decir, desde el punto de vista defensivo.
El fuerte del comando económico, que quiere reponer un gran ciclo de ganancias empresariales de la mano de condiciones más favorables, irá cruzado con más peso en la política y un acento nuevo de "lo social", en el intento de conquistar una "hegemonía" derechista que hoy no tiene, ganando a algún sector y base social más estable (programa clases medias, etc.) mientras golpeará a sectores de trabajadores y jóvenes, sobretodo organizados.
Política "piñerista" de "centro"
Probablemente busque darle desde el comienzo un peso político a la dirección del gobierno. Es clave conquistar “gobernabilidad”, en un escenario más complejo, tanto con la sociedad y “la calle” (protagonista de su primer gobierno) como en la relación con el parlamento, donde el gobierno no tendrá mayoría. Y será con el "piñerismo" duro: con el equipo del “segundo tiempo” de su primer gobierno, y con los cuales desde Fundación Avanza Chile, uniendo tras de sí a Chile Vamos, retornó a La Moneda.
Andrés Chadwick (UDI) será Ministro del Interior (UDI) y Cecilia Pérez (RN) Secretaria general de Gobierno, mismos cargos que cumplieron en el primer gobierno de Piñera. Serán claves en articular una negociación permanente entre la propia derecha, así como la relación con la sociedad (donde es clave la vocería). Estos "negociadores" puros del piñerismo, sin embargo, tendrán también el timón de la represión, que no dejará de asomar apenas veamos los límites de este discurso "conciliador" de los negociadores de pactos expertos de piñera, pues no estamos en los 90.
La Secretaría General de la Presidencia, a cargo de Gonzalo Blumel (Evópoli) será muy clave: como “primera minoría” parlamentaria, deberá negociar diversas leyes y acuerdos, en el marco de fragmentación de la Cámara y mayor polarización política. El ex jefe programático de su campaña, tendrá un enorme desafío: junto a La Moneda, mantener cohesionada sus filas, pero además, buscar pactos con la DC (o sectores) para una mayoría circunstancial; y negociar con el "progresismo" y el Frente Amplio. Este será un primer desafío, complejo, de un piñerista sin experiencia parlamentaria aunque sí programática. De mostrarse impotente, las salidas de "decreto" y bonapartistas podrían ganar fuerza.
Este será su “equipo político”. Lo ha sido estos últimos 6 años, constructores del “piñerismo”, un “partido “transversal” (Chadwick UDI, Pérez RN, y Blumel ahora en Evópoli), que hegemoniza a Chile Vamos.
Economía y Sociedad. Un comando neoliberal pensando en estrategia
Su equipo político se “extiende”: es a la vez un comando político-económico, del desarrollo del capital (“crecimiento”) de conjunto, para lo cual requiere gobernabilidad, condiciones de inversión, ataque al trabajo, etc. Pero que estará combinado de una "agenda social" no menor, cuyo contenido será político y estratégico.
En Hacienda nuevamente Felipe Larraín, mismo que durante los 4 años del anterior gobierno de Piñera. En Economía José Ramón Valente, puesto a “destrabar” obstáculos y poner en circulación las inversiones. Estos economistas son neoliberales de derecha, ligados a los grandes capitales y organismos económicos mundiales. Una dupla fuerte en los lazos con el gran capital es clave para poner con fuerza sus negocios al centro, y ligado a Minería o Energía, así como por otro lado a Trabajo (una de las claves del nuevo gobierno), buscarán afectar a los trabajadores (cambios en ley laboral) y comunidades (política medioambiental).
Estratégicamente fue pensado el rol de Alfredo Moreno en el Ministerio de Desarrollo Social (que se ubica físicamente en La Moneda, y que entraría en el nuevo diseño de "equipo político"): puede servir al intento de crear una estrategia “social” al empresariado, con alto rechazo (más del 70% considera que el crecimiento favorece exclusivamente a los ricos), pero sobretodo que será y jugará un rol muy político-estratégico en el intento de la derecha de hacer alguna “hegemonía” (ganar aliados sociales estables, contener y realizar expectativas, etc.). Es decir, a la vez que atacará en "economía", buscará hacer una nueva base social estable (hoy son votos "prestados") en la "clase media" combinando ataques y concesiones. Este Ministerio será clave en esto último.
Un Gobierno donde dirige el núcleo duro de Piñera (Chadwick, Pérez, Blumel, Larraín, Valente, Alfredo Moreno), con figuras más "moderadas", con una agenda estratégica de iniciar un "ciclo de gobiernos derechistas", pero con un gran límite. En Relaciones Exteriores el cargo del "converso" Roberto Ampuero, aumenta la sombra del "piñerismo" en diversos núcleos del Estado.
Ministerios “estratégicos”
Educación y Trabajo serán clave. Se juegan la relación y el futuro aquí del movimiento sindical y estudiantil, de la "gobernabilidad" y por tanto, del Gobierno. En ambos se juega la posibilidad de conquistar “hegemonía” y avanzar en sus planes políticos, o retroceder en ellos.
Educación será clave, un centro de gravedad propio. Ha sido un cáncer que corroe a la mayoría de los gobiernos. Por el Ministerio de Educación con Piñera pasaron 5 ministros, y enfrentó las agudas movilizaciones del 2011. El 2011 el movimiento estudiantil fue la principal fuerza de oposición en las calles a Piñera. Será clave, porque es un movimiento estudiantil que si bien desviado y relativamente pasivizado los últimos años (producto de las falsas reformas como de las políticas de “incidencia” del Confech), sigue siendo un actor en estado latente. Será clave en permitir o no “gobernabilidad” al régimen y a la reaparición de “la calle” (luchas, movilizaciones, paros, tomas). Y porque se juega la “gratuidad”, que además Piñera prometió extender. La clave no será “técnica” sino política. Sin embargo, al parecer ha decidido tácticamente "quemar un fusible" con un total desconocido del mundo de la política y sí activo en el mundo de los negocios y la academia, el extremista liberal Gerardo Varela (independiente) ligado a la Fundación Para el Progreso. Con ello no solo es un intento de un defensor del mercado, pero a la vez "equilibrista" (la educación como derecho y bien de consumo a la vez) intentando no quemar a su Gobierno con una cartera que inmediatamente genera conflictos, y que posiblemente no sean cargos tan duraderos.
También el Ministerio del Trabajo, donde asumirá el abogado RN Nicolás Monckeberg, donde Piñera quiere aplicar un programa de pérdida de derechos y conquistas de la clase trabajadora, tanto en derechos individuales (como el banco de horas, que permite flexibilizar y extender la jornada de trabajo a antojo del patrón) como en derechos colectivos, especialmente los servicios mínimos contra el derecho a huelga, y los grupos negociadores contra los sindicatos. También será clave pensiones, el gran debate de los últimos años, impuestos por movilizaciones de millones gritando NO+AFP, y donde Piñera se propone restaurar la confianza en este sistema. Y en ambas, sus medidas pueden enfrentar una respuesta, de un movimiento sindical que aunque fragmentado, viene en un proceso de recomposición y rearticulación sindical que podría enfrentar los planes de Piñera.
De reconocer la importancia de estos ministerios y agendas “estratégicas”, el movimiento obrero y estudiantil pueden jugar un rol clave en frenar la agenda de Piñera, poner en crisis a su gobierno y conquistar las demandas históricas planteadas, de desarrollar una agenda totalmente independiente al viejo progresismo.
Se nombraron además Salud, en Vivienda el timonel RN Cristian Monckeberg), en un rol más de “Estado” el UDI Hernán Larraín en Justicia y Derechos Humanos, o Alberto Espina en Defensa. En Transporte Gloria Hutt (Evópoli), en Bienes Nacionales Felipe Ward (UDI), en Medio Ambiente a la exUDI Marcela Cubillos. En Agricultura, un "gesto simbólico" poniendo a un hermano del clan de los DC Walker (Antonio, independiente, seguidor de Piñera) como Ministro de Agricultura. Aunque no es una figura DC o personaje importante de la política de "centro", con un familiar Walker cerca, mayores posibilidades de acercamiento, más en momentos de crisis de la DC y el proyecto centroizquierdista.
Equilibrio, hegemonía y calles: contradicciones estructurales
Será un gobierno que buscará recomponer el inestable equilibrio que cruza a la situación política, con más política negociadora, de pactos de caballeros y cúpulas ("unidad", "consenso"). Es relativamente débil, y gran parte de su fuerza proviene de la crisis extrema de la centroizquierda y de las condiciones y expectativas económicas favorables.
En la gobernabilidad interna de Chile Vamos, ¿Quién ganará y quién perderá poder? Hay llamados al “equilibrio” y tuvieron misma cantidad de ministerios; la UDI sin embargo está dividida, con una fracción disidente, y una directiva carcomida “por izquierda” por Evópoli, esa “criatura” que se ha fortalecido (y ahora juega también su “juego propio” en la agenda valórica), y “por derecha” por José Antonio Kast, que no es descartable funde un nuevo movimiento político de extrema derecha y seduzca al UDI desencantado. Por eso la presidenta UDI, JVR, advierte a Piñera sostener un conflicto de fuego amigo iniciado. Pero además, aunque pueden quedar contentos los partidos, si Piñera concentra sus decisiones y su política en su núcleo duro, pueden agrietarse los conflictos históricos pasados de Piñera con estos partidos, de una derecha históricamente “frondista”. Aunque tenga “hegemonía” interna en Chile Vamos, Piñera no tiene garantizada a priori la “gobernabilidad” ni en su propio sector.
En la “sociedad”, y para la "gobernabilidad" será clave el manejo de agendas estratégicas como Economía, Trabajo y Educación, como en la articulación político-parlamentaria, de un gobierno en minoría, con un parlamentario fragmentado (y un tercer actor, el Frente Amplio, con 21 Diputados) y con tendencias de inicial polarización política. Aunque con distintos flujos y reflujos, las calles o lucha de clases y el parlamento será dos espacios de importancia fundamental durante este gobierno.
La clase trabajadora, el movimiento estudiantil, de mujeres, mapuche, pobladores, son actores centrales de “las calles” y han impuesto la agenda “en las calles”. Piñera quiere que el pueblo y esta “calle” no dicten ni corra en un centímetro la agenda.
En la población parece haber hay una mezcla de altas expectativas con descontentos profundos, que pueden hacer abrir una grieta en el gobierno. El Mercurio (editorial del domingo 21/01) le advierte a Piñera, que en condiciones favorables (precio del cobre, expectativas de inversión, relativa recuperación internacional) que debe tener cuidado con la inflación de expectativas, o mejor dicho de las complacencia en la existencia de éstas: "cometería un grave error el nuevo gobierno si descansase solamente en esa mejoría de las expectativas". Le alerta que una cosa son las expectativas, la otra la realidad, que puede llevar a la frustración.
El fantasma de la "calle" y esa relación con las "expectativas" será clave. La CUT y CONFECH, del PC y el Frente Amplio deben poner fin a la estrategia de pasividad, presión parlamentaria, y conciliación con el progresismo, que han debilitado los movimientos y fortalecido a la derecha. Deben poner sus fuerzas, junto a NO+AFP, sindicatos, federaciones, en función de preparar y movilizar una gran fuerza social de la clase trabajadora, la juventud y el pueblo, para enfrentar a Piñera y luchar por nuestras reivindicaciones. Ganar las calles, las únicas que han impuesto nuestra agenda en el escenario, y la alianza con la clase trabajadora, de forma independiente a la centroizquierda y el progresismo “neoliberal”. En esa tarea, construyendo una oposición combativa y de clase a este gobierno empresarial, y fortaleciendo una alternativa anticapitalista e independiente de los trabajadores, estaremos.

Pablo Torres
Dirigente nacional del Partido de Trabajadores Revolucionarios (PTR). Autor y editor del libro Rebelión en el Oasis, ensayos sobre la revuelta de octubre de 2019 en Chile, Edición Ideas Socialistas, 2021.