El encuentro fue el jueves en la residencia papal de Santa Marta, en el Vaticano. A una semana de la votación en el Congreso por el derecho al aborto libre, seguro y gratuito, proyecto del cual ambas funcionarias son acérrimas enemigas, siguiendo la línea de la Iglesia.
Mirta Pacheco @mirtapacheco1
Sábado 9 de junio de 2018
En el marco de la crisis política y económica del Gobierno, donde su nivel de popularidad no deja de caer, luego del préstamo del FMI, se realizó esa reunión que resultó secreta.
Ni la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, ni la Gobernadora Vidal, como tampoco los voceros del Vaticano, hicieron mención a lo que conversaron durante poco más de una hora. Participaron también el Jefe de Gabinete de la provincia Federico Salvay, esposo de Stanley y el Secretario General de la gobernación bonaerense Fabián Perochodnik.
Es sabido que tanto la ministra como la gobernadora de la Provincia, sostienen una aceitada relación con Bergoglio, desde que ambas estaban en el ministerio de Desarrollo Social de la Ciudad, con Macri como Jefe de Gobierno.
Pero no es solo eso, ambas son activas militantes contra el derecho a la libre interrupción del embarazo, un derecho elemental a que las mujeres no se sigan muriendo por abortos clandestinos, en particular las más pobres. De ahí la predilección del papa con las funcionarias macristas.
Tan férrea es esa posición entre las funcionarias, que María Eugenia Vidal a un año de haber asumido en la Provincia, dejó sin efecto el protocolo de abortos no punibles, que había firmado la ahora ex ministra de Salud provincial, Zulma Ortíz.
Ni siquiera el hecho de que ese protocolo fuera avalado por un fallo de la Corte Suprema de Justicia, le impidió a Vidal eliminarlo en todo el territorio de la Provincia de Buenos Aires. A Dios rogando y con el mazo –a las mujeres- dando.
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Antes del encuentro con el papa, el comunicado de Cambiemos que lo anunciaba planteaba que la reunión serviría para que ambas, junto a Salvay y Perochodnik, hablaran con Bergoglio sobre las acciones que el Gobierno está llevando adelante contra el narcotráfico, las mafias y las adicciones.
En los dos primeros ítems, la realidad en las calles muestra que esas acciones se traducen en mayor militarización sobre todo en las barriadas pobres, el menudeo es el blanco, nunca el gran delito. De hacerlo tendrían que ir contra las mismas fuerzas de “seguridad” como la Policía Federal. En cuanto a las adicciones aquí el blanco son los jóvenes pobres de esas mismas barriadas.
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Pero luego de la reunión se hizo un “silencio sepulcral”. Pareciera como si hubieran sellado un pacto, porque ninguno de los asistentes dijo una palabra de lo conversado allí.
En momentos en que Cambiemos plantea un plan de guerra contra el pueblo trabajador, a instancias del acuerdo que cerró con el FMI, donde lo que se avecina, si logran hacer pasar su programa -muy alejado del gradualismo del que el Gobierno hablaba hace tan solo dos meses- es mayor devaluación de los salarios, más despidos, mayor ajuste fiscal. Esta reunión parece una apuesta preventiva.
Frente a este programa, el comunicado del FMI del jueves 7 plantea: “tanto el Gobierno argentino como el FMI tienen intención de colaborar para que se tomen las medidas y se activen integralmente los recursos necesarios a fin de proteger a la población más vulnerable a medida que avancen las reformas económicas”.
Estas líneas están diciendo por un lado que esas reformas económicas de imponerse, dejarán un tendal de pobres y que necesitan contención para esos sectores (Dujovne ya aclaró que tienen contemplado en caso de necesidad social, aumentar la Asignación Universal por Hijo –AUH-. Unas migajas, manteniendo a millones en la pobreza), para tratar de provocar una división entre los trabajadores. Para eso nada mejor que calmar la bronca, prometiendo un mundo mejor, en otro mundo y aconsejar poner la otra mejilla. La Iglesia es ducha en esos menesteres, y cuánto más si al frente se encuentra un “papa peronista”.
Porque Bergoglio podrá no tener mucha simpatía personal hacia Mauricio Macri, pero si se trata de evitar que el pueblo trabajador tome su destino en sus propias manos, enfrentando a la clase empresarial, es posible que las devotas Carolina y María Eugenia hayan ido a pedir ayuda al Vaticano.
Aunque claro, primero debieron contar los porotos de cuántos diputados votarán en contra del derecho a decidir y del derecho a la vida de las mujeres pobres, como las que año a año mueren por abortos clandestinos.