En un escenario marcado por el intento de Sebastián Piñera de levantar un nuevo organismo internacional, servil al imperialismo norteamericano, (Prosur) con ayuda de los gobiernos derechistas de la región, es que el gobierno se prepara para pasar sus mayores ataques contra la clase trabajadora y las mayorías populares.

Juan Andres Vega Estudiante de Derecho de la Universidad de Chile. Militante de Vencer
Martes 19 de marzo de 2019
Estos ataques llevan por nombre "Reformas estructurales" y son tres: tributaria, laboral y previsional.
La primera en ser enviada al congreso fue la reforma tributaria -cambio en el sistema de impuestos-, que entró el año pasado, pero fue trabada administrativamente por la oposición a raíz del debate de su parte más polémica: la reintegración del sistema tributario para las grandes fortunas. Cambio cuya consecuencia inmediata es la enorme reducción de los recursos que entran al Estado. Sin embargo ¿en qué consiste concretamente la integración?
Una reforma antipopular, a la medida de los empresarios
Actualmente, el sistema tributario contempla un mecanismo mediante el cual los empresarios pagan impuestos "dos veces", una en su calidad de dueños de empresa y otra como "ciudadanos comunes, pero poderosos".
Para ilustrarlo usaremos un ejemplo: tomemos una gran empresa que recibe como beneficios por la venta de sus productos miles de millones de dólares. A ese monto se le descuenta como impuesto una cantidad equivalente -por ejemplo- del 20%, el resto será utilizado en parte para pagar salarios de hambre y la mantención de las máquinas. Luego, a la gran parte que se llevan los dueños de la empresa a sus bolsillos se le descuenta -digamos para ejemplificar- un 30%.
Con el cambio que quiere introducir Piñera, el pago del primer impuesto -sobre las ganancias de la empresa- valdría como un descuento para el segundo -sobre la ganancia neta del empresario. Tal es el enorme privilegio en que consiste la integración. Mientras las y los trabajadores deben pagar sus impuestos sobre el total de sus ganancias, por miserables que éstas sean, los empresarios reciben un trato especial... solo por ser empresarios, con la excusa de ser "un incentivo para la inversión" ¿es que sus exorbitantes ganancias no son suficiente incentivo?
Este elemento trabó la discusión sobre la idea de legislar la reforma, hasta ahora. Esto porque la oposición -desde la DC hasta el Frente Amplio- no tenía acuerdo por la reducción de recursos públicos que este "incentivo" implica, sin darle mayor peso al contenido político de la reforma: que el Estado garantice las enormes ganancias empresariales. Esto al menos hasta hace unas horas porque las diputados de oposición que son parte de la comisión de Hacienda presentaron un protocolo de acuerdo para legislar la reforma ¿cómo solucionó el problema "puramente económico" sin tocar el problema "político", clave para el gobierno? Sencillo: cargar el costo del dinero faltante sobre los hombros de las grandes mayorías, mediante un aumento del impuesto a los servicios de Internet, las compras online y los productos que emitan CO2 en su producción -con la excusa de combatir el cambio climático-, todos con cargo al consumidor.
Contra los ataques de Piñera y los privilegios empresariales
Tanto el Partido Comunista -que está a la cabeza de la central sindical más grande, la CUT- como el Frente Amplio -a la cabeza del Colegio de Profesores y las principales federaciones estudiantiles- dieron su acuerdo dentro de las paredes del Congreso, para legislar sobre la reforma tributaria.
Sin embargo son esos mismos partidos los que hoy cuentan con la confianza de millones de personas para hacer leyes a su favor y dirigir sus organismos. Por ello, ante el ataque que intenta pasar la derecha, es necesario que esos organismos sean puestos en función de preparar un gran plan de lucha nacional y desde las bases para frenarlo. Porque si Piñera pasa este ataque sin respuesta, tendrá un mejor pie para preparar los siguientes.
Ante esta perspectiva, no da lo mismo si el PC y el FA, como la alternativa política actual de las grandes mayorías, deciden seguir tranquilamente las maniobras y acuerdos de los partidos podridos de la vieja Concertación o si preparan una verdadera respuesta progresiva contra los ataques, mostrándose a la altura de la circunstancias y respondiendo acorde a las expectativas depositadas en ellos por la la mayoría de la clase trabajadora y sectores populares.