En un giro completo del discurso de años atrás, cuando Lula y Dilma vestían el mameluco de los petroleros y afirmaban que Brasil tenía un “pasaporte para el futuro” y necesitaba recorrer un camino “soberano”, estamos asistiendo a una ofensiva en la entrega de los recursos nacionales y un ataque al gigante Petrobras.

Leandro Lanfredi Trabajador petrolero | Rio de Janeiro
Sábado 20 de febrero de 2016
El imperialismo al acecho
La Operación Lava-Jato y antes de ella diversos escándalos involucrando a las fuerzas de la inteligencia americana, ponían en evidencia el interés imperialista sobre nuestro petróleo. El área de Pré-sal es una de las mayores del mundo.
Algunas evidencias de ese interés ya lo habíamos visto a través de los “cables diplomáticos” revelados por Snowden (los famosos “wikileaks”) que mostraban cómo la embajada americana se preocupaba por el aumento de la participación estatal brasilera en el Pré-sal. Años más tarde, un nuevo escándalo, el del espionaje, mostró cómo la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) americana grababa los e-mails y los llamados de millones de brasileros, especialmente los de Petrobras. Ahora se está viendo cómo en la Operación Lava-Jato no se afecta a ninguna empresa en el área de plataformas, incluso contando con documentación para hacerlo e investigar. Se quiere dejar a la Haliburton, la Schlumberg, entre otras, libres para operar las plataformas de Shell.
El mismo día que diversos diarios publicaban el acuerdo entre Dilma, Renan y Serra para aprobar el Proyecto de Ley 131 (PLS-131) que entrega parte del Pre-sal al imperialismo, Shell publicó notas en los grandes medios Folha de São Paulo y Globo declarando que estaba lista para hacer grandes “inversiones” en Brasil, a la espera de que la legislación cambiara. Un mes antes todas las empresas extrajeras festejaban el decreto 8637/16 de Dilma que disminuye las exigencias sobre cuántos recursos “hechos en Brasil” deben usarse para poder extraer petróleo y el gas de aquí.
Privatizar rápido y todo o mucho de a poco (o el debate PSDB x PT)
Los tucanos (PSDB) siempre quisieron acabar con Petrobras. Fernando Henrique Cardoso (FHC) se esforzó para privatizarla. No logró plenamente su objetivo pero terminó con el monopolio de la empresa y su capital fue abierto. Hoy el gobierno aun tiene la mayoría de las acciones pero buena parte de las ganancias va a los accionistas privados de aquí y en Nueva York. No solo esto, muchos de los campos de petróleo son asociaciones de Petrobras con otras empresas. Del mega campo de Libra en el Pre-sal solo un 40% pertenece a Petrobras.
Contar con el 60% de la participación no es suficiente para las empresas extranjeras, por eso buscan maneras de aumentar su participación. Serra, que aparecía en los escándalos de Wikileaks como un defensor de los intereses americanos en el petróleo, presentó un proyecto de ley, el PLS 131, para poner fin a la obligatoriedad de Petrobras de operar los campos de Pre-sal y fin a la obligatoriedad de que cuente con un mínimo del 30%, abriendo de par en par el camino a las extranjeras. El petismo criticó fuertemente este proyecto el año pasado, sin embargo este año Dilma ya dio señales de que apoyará algún acuerdo con Renan para implementar lo mismo, aunque tal vez con alguna enmienda. Se trata de la entrega de inmensos recursos que podrían servir al pueblo brasilero.
Con gritos de la oposición petista o no, todo indica que este proyecto será aprobado en los próximos días y junto a él está en trámite el PLS 555 de otro tucano, que prevé transformar todas las estatales del país, de cualquier ámbito de gobierno, en empresas de Sociedades Anónimas, tal como Petrobras, dejándolas rehenes de las Bolsa de Valores y dando curso a las privatizaciones.
Es posible que el gobierno de Dilma o al menos la bancada del PT se oponga al PLS 555. Esta oposición ilustra la divergencia entre tucanos y petistas. Una divergencia que no reside en “privatizar o no”, sino de cómo y a qué ritmo. Mientras los tucanos prevén la entrega rápida y completa de los recursos, los petisas pretenden repetir lo que hicieron en Infraero (Empresa Brasilera de Infraestructura Aeroportuaria), manteniendo la empresa funcionando pero arrancándole preciosos activos. En Petrobras, el gobierno de Dilma prevé una “desinversión” de más de 14 billones de dólares este año y cerca de 50 billones en tres. Este total es más que un tercio de toda la empresa. Los medios diariamente especulan sobre cuáles serían los activos a vender.
Las centrales oficialistas como la CUT y su brazo petrolero, la Federación Única de los Petroleros (FUP), se posicionan en sus sites contrarios al PLS de Serra y al PLS 555 pero no mueven un milímetro a la base contra estos proyectos. También dicen oponerse a las desinversiones. Pero nada hacen. Incluso la opositora Frente Nacional de los Petroleros (FBP) no ha organizado acciones contra estos profundos ataques en gestación. Es urgente un plan de lucha, discutido en asambleas, coordinando unidades y diferentes locales del país, contra todas las amenazas sobre el petróleo nacional y Petrobras, tanto del PLS 131, el PLS 555 como de las desinversiones de Dilma. Es necesario construir una gran lucha nacional muy superior a la huelga del año pasado para derrotar las diferentes privatizaciones que se planean.
En medio de la lucha defensiva contra la privatización es importante que los petroleros y trabajadores de todo el país avancen en el cuestionamiento a petistas y tucanos: el petróleo nacional y Petrobras están siendo entregados al imperialismo. La corrupción le dará la mano a Shell, a los tucanos y petistas pues es intrínseca al capitalismo y especialmente con empresas especializadas en rapiñar los recursos de otros países.
La única forma de impedir esta sangría de recursos, los accidentes que se llevan vidas y la exposición a inmensos riesgos ambientales, es luchar por una Petrobras 100% estatal, controlada por los trabajadores.