El primer ministro de China Li Keqiang llega a Brasil con el propósito de concretar acuerdos por 50 mil millones de dólares entre los dos países, incluyendo importantes proyectos de alcance regional.
Miércoles 20 de mayo de 2015
Fotografía:EFE/ Fernando Bizerra Jr.
Fotografía:EFE/ Fernando Bizerra Jr.
Brasil es la primera escala de una gira que incluye visitas del primer ministro a Colombia, Perú y Chile. El viaje reforzará el carácter estratégico de América Latina para China, que pretende aumentar sus inversiones en la región en 250 mil millones en la próxima década.
Li será recibido con honores de Jefe de Estado por Dilma, con quien tiene pensado firmar más de 30 acuerdos bilaterales que pueden alcanzar la suma de 50 mil millones en negocios e inversiones en diversos sectores de la economía brasilera como agricultura, aeronáutica, piezas para automóviles, electricidad, equipos de transporte, infraestructura, carreteras, puertos, energía, siderurgia, entre otros.
Entre estos acuerdos, se encuentra el que representa el inicio del proceso de venta de 60 aviones de la empresa Embraer a dos compañías aéreas chinas, adquisición acordada a mediados del año pasado durante una visita al país del presidente de China, Xi Jinping.
También serán firmados convenios de cooperación en el sector ferroviario, que pueden abrir las puertas a inversiones multimillonarias chinas en el país, un área que Dilma plantea como clave entre los proyectos de infraestructura para los próximos años. Atentos a las privatizaciones que Dilma pretende seguir promoviendo en el sector, los inversores chinos esperan conquistar posiciones estratégicas en la economía brasilera.
Uno de dos proyectos dados a conocer tiene amplitud regional: la construcción de una ferrovía entre la costa atlántica del nordeste del Brasil y los puertos peruanos del Océano Pacífico.
El gobierno federal pretende, además, poner fin a las prolongadas negociaciones para la reapertura del mercado chino a la carne brasilera, que estaban limitadas desde fines de 2012 cuando fue registrado en el país un caso atípico del mal de la “vaca loca”.
Dilma también explorará junto al primer ministro posibles alternativas para aumentar el comercio con China, que se mantiene como el mayor socio de Brasil en el mundo aunque el flujo de negocios se redujo en un 6% en 2014, cuando llegó a 78 mil millones de dólares.
La tendencia a la retracción, que contribuyó con el déficit comercial de 3,93 mil millones de dólares de Brasil el año pasado, se mantuvo en los primeros meses de 2015 y preocupa al gobierno, que apuesta a las exportaciones para ayudar a la recuperación económica del país.
Después de pasar por Brasilia, Li visitará Río de Janeiro, donde conocerá las instalaciones del subte que utiliza trenes de origen chino y visitará una feria de equipos chinos. Luego, el primer ministro chino viajará a Colombia, segunda escala de la gira sudamericana que continúa en Perú y cierra en Chile, países que junto a México integran la Alianza del Pacífico.
Estos nuevos acuerdos económicos entre Brasil y China reforzarán aún más las crecientes relaciones comerciales del país asiático con América Latina. Al fin de esta década, se estima que la cantidad de negocios entre América Latina y China pasarán los 500 mil millones de reales.
Gran parte de los gobiernos latinoamericanos utilizan la transformación de las nuevas relaciones con el país asiático para hacer demagogia, al afirmar que representa el fin de la dependencia de la región frente a los Estados Unidos. Lo que olvidan mencionar es que esta nueva relación no se da de manera equilibrada ya que profundizan la primarización de las economías latinoamericanas. Mientras América Latina provee en general materias primas a China, los productos chinos invaden nuestros mercados, provocan crisis en diversos sectores industriales de la región y avanzan en el control de sectores estratégicos de nuestras economías.
A pesar de estas nuevas relaciones, diversos sectores estratégicos de la economía brasilera continúan en manos del imperialismo americano y europeo. Es decir, es cada vez mayor la dependencia de la economía en relación a las potencias capitalistas, sean imperialistas o aspirantes a serlo.
Por Redacción Esquerda Diário