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Red Internacional
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Testimonio. El regreso a clases presenciales: una imposición sin condiciones seguras

Testimonio de una maestra de la CDMX ante la proximidad del regreso a las aulas en condiciones de riesgo.

Piquinita Maestra de básica e integrante de la agrupación magisterial y normalista Nuestra Clase

Lunes 24 de mayo de 2021

Me despierto, recién amanece, el celular no deja de sonar avisándome que mis compañeras ya están pasando lista en el WhatsApp porque la autoridad así lo exige; no quieren perder el control que les asigna la figura de capataz. Me vuelvo a acurrucar pero ya no consigo rescatar el sueño; vuelvo a tomar el celular y veo que las páginas de los maestros están plagadas de memes por el humillante aumento salarial de 3.9%, ese con el cual apenas alcanzará para las tortillas y a eso le sumamos la aberrante medida política del pronto regreso a clases presenciales impuesto desde el Estado y casi dándole la orden a la gobernadora de la CDMX para que se regrese a clases el 7 de junio, violando la autonomía constitucional de los estados a tomar sus propias decisiones y, más aún, la promesa de consultar a las comunidades escolares.

Miro mi computadora con ya casi 10 años de batalla laboral (al servicio de la SEP pero comprada con el préstamo personal conseguido en aquellas épocas), la que intenté prender el domingo pasado para trabajar y tardó hora y media en encender, la que cada vez que trato de abrir un documento se traba y hay que reiniciarla a ver si tengo mayor suerte en la próxima. Me veo en la necesidad de leer los documentos que me asigna la autoridad en el celular, el cual tiene estrellada la pantalla y me lastimo los ojos del esfuerzo. Porque estas realidades las vivimos cotidianamente los docentes desde antes de la pandemia; durante la pandemia nos vimos obligados a no solo poner al servicio del patrón nuestros dispositivos electrónicos sino que pagamos nuestro internet y fuimos condenados a trabajar horas extenuantes frente al computador y sometidos al tormentoso ruido de la mensajería que mandaban las autoridades a toda hora, sin respetar horario laboral.

Hoy se intentan consumar un acto criminal, sí, porque la imposición del regreso a clases presenciales es la antesala de la muerte de los más vulnerables, de los olvidados, los más pobres; a los que no les importó consultar, negándonos el derecho de escuchar nuestra voz. Estamos a un par de semanas de regresar de forma insólita e irresponsable a clases presenciales, arriesgando la vida de las familias de los alumnos y la vida de nuestras familias. Nuestros recintos, nuestro segundo hogar carece de lo más indispensable para prevenir el contagio, el precioso líquido y un derecho humano: EL AGUA. Los padres y madres de familia, los más dolidos, los desempleados tendrán que pagar los insumos para la limpieza de los planteles. Regresaremos a los planteles sin contar con personal especializado como psicólogos y médicos y sin una capacitación que vaya más allá de sus protocolos; reafirmando nuevamente que los docentes somos todólogos, evidenciando el desprecio hacia el maestro, hacia su profesión y su compromiso con la educación. Impondrán su modelo híbrido sin otorgarnos las herramientas tecnológicas y duplicando nuestra jornada en el hogar sin sueldo extra alguno.

Hoy me preguntó un vecino de secundaria: ¿maestra es verdad que en junio regresamos? Porque yo ya no tengo uniforme ¡ya crecí! ¿Tendremos que comprar útiles? Lo miré tiernamente y le dije: no te angusties Hugo, haremos hasta lo imposible porque esta ignominia no se consume.