Ha pasado un mes desde el asesinato vil de Camilo Catrillanca que abrió una crisis para el gobierno -con su ministro del Interior, Chadwick, cuestionado y miles de jóvenes en las calles movilizándose. Una serie de huelgas obreras amenaza con frustrar el deseo de "paz social" que el gobierno quiere imponer para implementar su agenda.

Juan Valenzuela Profesor de filosofía. PTR.

William Muñoz Trabajador Industrial
Viernes 14 de diciembre de 2018
Estas huelgas -aun aisladas- ocurren en sectores altamente relevantes en términos económicos -como el puerto de Valparaíso, Chuquicamata o LATAM-; o en un sector altamente feminizado con extensión nacional, como lo es Integra, conflicto que dio grandes muestras de combatividad y que mientras escribimos estas líneas, las dirigencias burocráticas buscan cerrar generando un descontento importante en las bases respecto a lo negociado.
Estas luchas, se han mantenido aisladas porque la CUT y el Colegio de Profesores -que son las centrales sindicales más grandes- han renunciado a luchar después del 8 de noviembre (que no fue realmente un paro activo) y la negociación del sector público la semana pasada. ¿Logrará Piñera volver a controlar la agenda o su pesadilla de la lucha de clases se tornará real?
Querían moderar nuestras expectativas
Se acaba de aprobar el acuerdo de un aumento salarial de 3,5% para el sector público que fue avalado por las 15 organizaciones que componían la mesa que negoció con el gobierno y que conducía fundamentalmente el PC. “Es un proyecto que muchas veces produce dificultad y ahora salió en una discusión que yo creo que fue razonable, argumentada y que en definitiva nos permite tener una ley de reajuste” -de esa manera, Gonzalo Blumel, ministro de la Secretaría General de la Presidencia, saca cuentas alegres de lo negociado. Se trata apenas de un 0,6% real pues el resto será absorbido por la inflación.
Para el gobierno, todo lo que sirva para que la clase trabajadora se ajuste el cinturón en beneficio de las ganancias empresariales es bienvenido: por eso también durante estos días apoyándose en el Informe de Política Monetaria del Banco Central, culparon al crecimiento abrupto de la población inmigrante de la tendencia al congelamiento de los sueldos. Confiesan de esa manera que usan los prejuicios racistas o xenófobos para generar mayor competencia entre los trabajadores y para pagar menos.
Al mismo tiempo, a través del ministerio del Trabajo, anuncia una reforma laboral que abaratará las indemnizaciones por años de servicio. Así será más fácil despedir. Pretenden también debilitar a los sindicatos reponiendo las facultades de los grupos negociadores y flexibilizar el trabajo. Otras medidas gubernamentales en curso son la reforma al sistema de pensiones que tiene como fin maquillar las AFP cuestionadas en los últimos años o el aval a la medida de los parlamentarios de derecha de recurrir al TC con el fin de restringir el aborto en tres causales.
El rol de la burocracia sindical
Pero previamente la CUT en manos del PC en vez de preparar realmente un paro activo el 8 de noviembre, impulsando asambleas en los lugares de trabajo y en los sindicatos e incentivando la discusión de un plan de lucha; o en vez de pensar en un plan de lucha que permitiera salir de una pelea por “hitos”, giró en ese momento a una política de “unidad social y política” nada menos que con la Democracia Cristiana. No han querido luchar. Luego, cuando vino el asesinato de Camilo Catrillanca, se limitaron a dar declaraciones. La burocracia sindical quería dejar las cosas “ahí”.
Lo mismo Mario Aguilar del FA, que tuvo una línea de ir “decreciendo” la movilización en profesores, en vez de llevar adelante el plan ascendente votado por el gremio. En una consulta realizada después de varias maniobras dilatorias de la dirección del gremio, como segmentar el paro del 3 y 4 de octubre, se terminó decidiendo volver en marzo, aunque más de 11 mil profesores votaron a favor de un paro indefinido ahora.
La burocracia sindical de Integra también está actuando como un límite a la lucha, presionando para que se acepte lo ofrecido por el gobierno y atemorizando con nuevos días de descuento si se persiste en la movilización. Rojas, dirigente sindical burocrático en el puerto y miembro de la DC, es directamente opuesto a la lucha.
La persistencia de la huelga obrera
La huelga portuaria y los otros conflictos revelan la persistencia de una tendencia a la lucha de clases, pese a que el gobierno está empeñado en “ablandar” a los trabajadores. El paro portuario mantiene vivo el temor a las calles. Pese a todos sus intentos de apagar los “incendios” dando de baja y procesando a los ejecutores directos del asesinato de Catrillanca y blindando a los altos mandos de Carabineros; presionando en su momento la renuncia del exintendente Mayol, todo para que esa juventud y el pueblo mapuche no escalen en la movilización; ahora la huelga obrera amenaza. En Valparaíso la vida en las calles no es la de siempre, hay cortes, escaramuzas con la policía, barricadas. La semana pasada las calles fueron de portuarios, empleados fiscales y trabajadoras de Integra.
En el puerto, donde se desenvuelve la principal lucha, lo que moviliza a los trabajadores fundamentalmente es el costo que han tenido que pagar por la reducción de los turnos producto de los flujos menores del comercio exterior, piden un bono compensatorio por $3 millones además de sentarse a conversar condiciones laborales y de seguridad y que no exista ninguna represalia a quienes han participado de la huelga. Pero Von Appen está lejos de eso, con su ofrecimiento de un bono de $400.000.
También están en huelga de los trabajadores de LATAM y los mineros de Chuquicamata. El paro de las trabajadoras de Integra, fundación que dirige la esposa de Piñera, Cecilia Morel, quieren cerrarlo ayudados por una decisión burocrática de sus dirigencias, pero el descontento en la base y la combatividad de las trabajadoras no descarta que esa decisión sea enfrentada por sectores que quieran mantener la lucha.
En la huelga de LATAM vemos como los 270 trabajadores afiliados al SINLATAM se movilizan en rechazo a que los nuevos contratados estén ingresando, según el dirigente sindical Sebastián Lobos, “con un sueldo base de $280 mil, que se ajusta de acuerdo a los bonos que cada uno obtiene, pero existen casos en que ese mismo trabajo tiene un sueldo base de $400 mil, eso es una disparidad enorme”. Entre otras cosas están pidiendo una carrera funcionaria para que no existan pagas distintas por trabajos iguales. Los trabajadores si bien no han conseguido paralizar el aeropuerto, han interrumpido su “funcionamiento normal”, con manifestaciones y bulla, y han obligado a la empresa a citar con mayor antelación a los vuelos pues una serie de trámites propios del aeropuerto se ven afectados con el paro. Por su parte, los mineros de Chuquicamata organizados en los sindicatos 1, 2 y 3, se movilizan demandando mejoras en las condiciones de salud y claridades respecto al proceso de desvinculaciones anunciado por la conversión de la mina en subterránea. Las trabajadoras de Integra -fundación dirigida por Cecilia Morel, esposa de Piñera- han enfrentado el divisionismo de sus direcciones sindicales y la represión de la policía en lugares como Chiloé o Valparaíso.
Si bien se trata de luchas por pliegos con demandas propias de cada sector, bastante defensivas en el caso de Latam, Chuquicamata y portuarios y salarial en el caso de Integra, aun así, hay elementos altamente dinámicos en estos conflictos.
La juventud y los puertos de norte a sur con los eventuales de Valparaíso
En la ciudad de Valparaíso, muchas y muchos de los jóvenes que expresaron su rabia después del asesinato de Camilo Catrillanca, se solidarizan con los trabajadores como hacen desde la Facultad de Humanidades de la UV. Hace unos días los puertos de Huasco, Chañaral, San Vicente, Huachipato, Penco, Lirquén, Coronel y Puerto Montt paralizaron en solidaridad con los eventuales de Valparaíso a instancias de la Unión Portuaria.
El papel del Frente Amplio y Sharp
El Frente Amplio, en la región de Valparaíso cuenta con tres parlamentarios: los diputados Jorge Brito (RD), Camila Rojas (IA) y el senador Juan Ignacio Latorre (RD). En la ciudad, es alcalde Jorge Sharp (MA) que el 2016 subió al cargo con alrededor de 50.000 votos. Es una de las ciudades donde el FA obtuvo la mayor votación en las últimas elecciones del 19N: su candidata presidencial, Beatriz Sánchez, sacó 43.766 votos. Es decir, existe una importante base electoral del FA que podría transformarse en una importante fuerza social movilizada para llenar de solidaridad la lucha portuaria y fortalecer la unidad con los estudiantes.
Pero la política de Sharp y el FA es otra. El pasado 13 de diciembre, en CNN, Jorge Sharp señaló que él estaba por fiscalizar a EPV para indagar por qué casi no ha habido inversión portuaria durante los últimos 15 años. Llamó a formar una mesa portuaria con todos los sectores interesados -camioneros, locatarios, trabajadores- y a revisar la concesión del puerto con los Von Appen si es que estos no cumplían las condiciones. Denunció la intransigencia de la empresa, pero sin buscar activar la fuerza del FA en la ciudad, sin usar su posición municipal al servicio de la lucha.
¿Por qué poner toda la energía en estas maniobras por arriba y no en activar la movilización en las calles? Valparaíso podría transformarse en un punto de propagación de la resistencia a los planes de Piñera si rodeamos de solidaridad la huelga portuaria y potenciamos la lucha de la juventud y la clase trabajadora.
Sacando en limpio
a) Las luchas acontecen, cuando la orientación del gobierno es atacar los intereses de los trabajadores y cuando la CUT y el Colegio de Profesores se estaban “yendo para la casa”. Es decir, estos paros revelan que hay una tendencia a la activación de la lucha de clases, que ya se reveló con la rabia de la juventud después del asesinato de Camilo Catrillanca, pero que no termina de generalizarse porque las direcciones del movimiento de masas pujan en sentido contrario.
b) Se desarrollan en sectores estratégicos (puerto, aeropuerto, mina), lo que aumenta su capacidad de impactar en la sociedad. En el caso de Integra, es un sector que por su extensión nacional y por la alta combatividad de la huelga, gana en capacidad de impacto. Por eso, estas huelgas, pueden ser un factor para que la clase trabajadora pese en el escenario político nacional.
c) Revelan una tendencia a chocar con las direcciones burocráticas, al menos en el caso de portuarios y en Integra. En el caso de los portuarios se expresa en la desconfianza que genera el dirigente sindical DC, Rojas y en el caso de Integra en la unidad de las bases que muchas veces se hizo contra la voluntad de las dirigencias, marchando en común más allá de la afiliación sindical.
d) En el caso del paro portuario, activan a franjas de la juventud estudiantil con paros y manifestaciones de universitarios y secundarios. La Coordinadora 8M que viene de organizar un Encuentro de Mujeres, se ha solidarizado también con la huelga. Sin embargo, por haber sectores de la juventud que ya habían expresado disposición a salir a la calle por el asesinato de Catrillanca, esto es aun más preocupante para los planes del gobierno.
Construir una alternativa clasista
Para desarrollar estas tendencias, hace falta la mayor coordinación de las luchas, desarrollando todo tipo de iniciativas, tomando como ejemplo la unidad que vienen gestando universitarios y secundarios de Valparaíso, en las calles codo a codo con los portuarios. Es una pelea que es posible dar desde Integra, desde la lucha portuaria, desde las universidades y colegios y de la cual quienes militamos en el PTR somos parte. Es una pelea que también hemos dado en Antofagasta, uniendo la resistencia contra los despidos en el Ferrocarril Antofagasta - Bolivia con el movimiento de mujeres y el movimiento estudiantil. Hay que impulsar la coordinación de las luchas en cada lugar de estudio y trabajo con acciones comunes y generar asambleas e instancias de coordinación donde cada vez más sectores se puedan sumar. Que las federaciones (FEUV, FEUCV, mesa interina de la UPLA) y organizaciones sindicales que se hagan parte de la coordinación y las acciones.
Uniendo las filas de la clase trabajadora y gestando la alianza con la juventud y otros sectores oprimidos podremos ir por más: la expropiación del puerto bajo gestión de trabajadores y comunidad. No queremos más ni a los Von Appen ni a los Luksic en los puertos del país.
Para dar estas batallas hace falta construir un partido revolucionario de la clase trabajadora en los lugares de trabajo y estudio y agrupaciones clasistas: una fuerza material con capacidad de dar la pelea contra la burocracia sindical y las corrientes reformistas que no buscan desarrollar nuestra lucha y con un programa que no se limite a obtener algunas pequeñas concesiones de parte de los capitalistas y el gobierno, sino que se base en la lucha de clases. Sólo una fuerza con un programa socialista, nos permitirá dar las peleas hasta el final, sin bajar nuestras expectativas. Es la pelea que damos quienes militamos en el PTR.

Juan Valenzuela
Santiago de Chile