La irrupción de Beatriz Sánchez en la carrera presidencial, representa los cambios en la escena política nacional y también abre el debate sobre qué alternativa necesitamos para enfrentar este escenario.

Néstor Vera Médico.
Viernes 14 de abril de 2017
Fuerte ha sido la irrupción de Beatriz Sánchez, la crítica periodista y actualmente precandidata del Frente Amplio, en la carrera presidencial. A poco menos de un mes ya alcanza el 6% de intención de voto en la encuesta CADEM y 11% en la Criteria Research, superando incluso a grandes figuras de la centroizquierda como Ricardo Lagos, y posicionándose como una tercera alternativa (aunque aún muy lejos de Piñera y Guillier).
Sánchez es apoyada por Revolución Democrática y Movimiento Autonomista, siendo proclamada hace unos días en Plaza Baquedano, en un acto que congregó a cerca de 300 personas, contando con gran cobertura mediática.
Tal como decía una columna, Beatriz Sánchez hace sentido. Su historia de vida, su rol periodístico, siempre filosa con los políticos tradicionales y empresarios, su reivindicación del feminismo y su humildad al momento de enfrentar los resultados de las encuestas, le hace sentido a cientos de personas que ven en ella una alternativa distinta a los políticos que han gobernado en las últimas décadas.
Es que el escenario en Chile ha cambiado; los viejos partidos de la democracia pactada son fuertemente cuestionados, y el develamiento de casos de corrupción en sus principales figuras no hace más que aumentar el descontento contra una casta de políticos patronales que se han encargado de administrar el legado de la Dictadura, en beneficio de la clase empresarial, de la que ellos son parte. Este descontento es el que se expresa en las calles, a través de los estudiantes, durante el 2011, u hoy en día en los movimientos NO+AFP y Ni una menos.
Este cuestionamiento y descontento además de mostrarse en las movilizaciones, ha avanzado a cristalizarse en una alternativa política, abriendo un espacio para el surgimiento de nuevos organizaciones de izquierda. Más aún teniendo en consideración la adaptación del PC a los ritmos de la vieja Concertación.
A la vez que representa algo novedoso y progresivo dentro del establishment, es necesario también ver más allá del espectro de Sánchez, y vislumbrar la alternativa política que representa y cuál es la que necesitamos.
Como hemos discutido anteriormente, el Frente Amplio representa un nuevo tipo de reformismo, es decir, busca administrar el actual Estado para lograr diversos “derechos sociales” por medio de leyes y reformas. Esto dentro de los márgenes de la democracia para ricos (que más o menos radical, sigue siendo burguesa), por algo varios dirigentes de Revolución Democrática fueron parte del actual gobierno de Michelle Bachelet, participando en la creación de la reforma educativa, que mantiene intacta la educación vista como un negocio. Mientras que la movilización de masas, que si bien no la desechan, cumple solamente un rol de presión.
A la vez que reivindican un ciudadanismo, que se plantea por fuera de la “vieja dicotomía” de izquierda y derecha, replican uno de los grandes triunfos del neoliberalismo, cuando se daba por muerta a la clase trabajadora como sujeto capaz de trasformar radicalmente la sociedad capitalista. No por nada en su interior conviven (con más o menos roces) organizaciones que se reivindican libertarias junto con organizaciones como el Partido Liberal, que representa a la burguesía “progresista”.
Así es como la ilusión transformadora que representa la candidatura de Beatriz Sánchez queda solo en eso, ilusión.
Por lo mismo, para que las aspiraciones de miles encuentre un vía transformadora, es necesario dotarla de una perspectiva abiertamente con independencia de la clase empresarial, que sea obrera, revolucionaria y anticapitalista. Es la tarea que se propone el Partido de Trabajadores Revolucionarios (PTR), organización que actualmente está en proceso de legalización, y que busca desarrollar ser un aporte en la construcción de una alternativa desde y para las y los trabajadores, mujeres y juventud; que represente las luchas más progresivas del último tiempo- como No + AFP, NiUnaMenos, el movimiento estudiantil y otras más- y combata por conquistar las reivindicaciones más sentidas del pueblo trabajador.
Lo que hace sentido, no es solo la disputa electoral, sino que la transformación radical de la sociedad. ¿Podrá surgir una alternativa que se proponga conquistar un gobierno de las y los trabajadores?