Una vez más, como fue el 27-S y el 1-O, el bloque soberanista confía la suerte de la República Catalana a las urnas, aunque esta vez impuestas por Rajoy. Sectores del prosecismo, frente a la represión del Estado, comienzan a renegar de la República Catalana.
Ivan Vela @Ivan_Borvba
Federico Grom Barcelona | @fedegrom
Miércoles 15 de noviembre de 2017

Foto: EFE
Las fuerzas soberanistas aceptaron, con más o menos rapidez, la imposición de los comicios del próximo 21-D. Esos comicios, bajo la espada del 155, destinados a obviar la voluntad del pueblo catalán expresada en el referéndum del 1-O y en las múltiples jornadas de concentraciones, -destacando la huelga general del 3-0 o la última jornada de movilizaciones del pasado miércoles 8 de noviembre-, son hoy el objetivo.
En este marco su hoja de ruta pone rumbo a las urnas, a buscar una mayoría “clara en escaños y votos”, como han afirmado durante las últimas 48h el diputado en el Congreso por ERC, Joan Tardà o el propio Carles Puigdemont.
No obstante este giro no es nuevo, sino que representa más bien un retroceso a la hoja de ruta “clásica” del procesisme desde el 2012 hasta el mismo día 20 de septiembre de este año. Aquella que encorseta la pelea por la República Catalana (anteriormente por la independencia) en las instituciones.
No obstante el movimiento no se encuentra en la misma casilla del tablero. Desde el día 20 de septiembre, con el encarcelamiento de más de una decena de miembros del Govern asociados a la Consellería d’Economía, el movimiento popular no ha parado de crecer y organizarse.
Desde el rol clave en la celebración del 1-O, hasta la extensión y consolidación de los CDR’s, Comités de Defensa de la República, que a fecha de hoy suman más de 230 inscritos.
Esto, junto al inevitable aumento de la represión por parte del Estado central con las instituciones policiales y judiciales en el centro ha hecho que la dirección del procés haya tenido que realizar esta vuelta a hojas de ruta pasadas bajo un balance de sus acciones claramente superficial. Azuzando un discurso del miedo a la violencia como las declaraciones de, Anna Simó, secretaria de la Mesa del Parlament para la que la DUI era inviable “por culpa de un Gobierno que según dicen está preparado para ejercer una represión más dura de la que muchos podían prever”.
Así como que el “reconocimiento” de que no se tiene mayoría suficiente, como señaló Artur Mas, lo que es una negación del Referéndum del 1O y su resultado. En la misma línea se pronunció Joan Tardà, que tuvo el descaro de decir que si hoy Catalunya no es independiente es porque “no ha existido una mayoría de catalanes que así lo hubieran querido”, frente a un pueblo que puso el cuerpo para que se realizara el referéndum y un gobierno del que forman parte que no opuso la más mínima resistencia.
El mismo Puigdemont afirmó en el diario “Le Soir” que “otra alternativa a la independencia es posible”, aunque matizara que él, como President, lo había intentado sin éxito. También Clara Ponsatí (Consellera d’Educació), afirmó recientemente que “el Govern no estaba preparado para aplicar la independencia”.
Una afirmación de una responsable del Govern y miembro de la ANC (Assamblea Nacional Catalana), que apoyó el discurso oficial basado en dos premisas; tenemos estructuras de Estado preparadas y tendremos apoyo internacional. Además de las habladurías de que liderarían una resistencia pacífica que brilló por su ausencia.
No era de extrañar que Europa, la Europa del capital y enemiga de los trabajadores y los pueblos, fuera a dar la espalda a este proceso alineándose con el Estado español, lo que le daba vía libre a la represión y judicialización del proceso, lo que llevó a la detención de casi todo el Govern, además de los dirigentes de Omnium y la ANC.
¿Y después del 21D?
Pero escrito el nuevo relato, ¿qué camino se abre el día posterior a la votación? Tanto PDCat, como como ERC, han dejado claro que buscarán formar candidaturas amplias. Descartada la convergencia entre las tres formaciones (sumando a la CUP) de cara al 21-D o inclusive un Govern de contención posterior, como afirmó Marta Pascal (PDCat) ante los micrófonos de RAC1, la dirección del procés fija en los “comunes” las posibles alianzas.
En este sentido, ERC, es quién más abiertamente se ha expresado por esta vía. Si hace dos semanas se ofrecía como apoyo de gobierno municipal en Barcelona, hoy ha sido Oriol Junqueras quien, desde la cárcel de Estremera, se ha dirigido a la militancia de ERC con dos mensajes claros: Puigdemont también es nuestro candidato y la solicitud de tejer complicidades con los “comunes”.
Sobre este último punto Junqueras señala la necesidad de “tejer complicidades” con “aquellos que equiparan República y 155. Por dolorosa e incomprensible que a veces nos parezca su actitud. Da igual. La mano la tenemos que tener extendida”.
Es decir, el desenlace del relato propuesto por la dirección del procés es la entablar alianzas con aquellos que no han reconocido en ningún momento el resultado del 1-O y que aportan como solución la negociación y el referéndum pactado. Poco menos que un brindis al sol, cuando al otro lado del pacto están PP, PSOE, C’S y la Corona.
Por su parte la CUP se expresó el domingo pasado por la participación en estas elecciones “ilegítimas e impuestas”, como las definió Anna Gabriel en la Asamblea Nacional Extraordinaria el pasado fin de semana en Granollers.
Lo hará bajo una “candidatura propia, lo más amplia posible, claramente rupturista, independentista y de izquierdas”. No obstante, el momento actual y el ataque represivo del Estado español, no se combaten únicamente desde las urnas, es necesario que para que realmente exista un movimiento “rupturista, independentista y de izquierdas” debe haber una ruptura y denuncia a la actual dirección del procés.
Si bien ésta viene sufriendo los mayores azotes de la represión del Estado español, con multa y penas de cárcel, no es menos cierto que la actual situación, de una Generalitat tomada por el Gobierno central y un nulo plan de defensa de la República y las instituciones catalanas, es también responsabilidad suya.
Por ello a la defensa incondicional de los presos políticos y la exigencia por su inmediata libertad, no se puede dejar de señalar que la estrategia procesista de la dirección, a la que busca volver basada en urnas, consensos, negociaciones y esperanzas en la UE, es andar en círculo.
El 21-D puede ser reescribir la hoja de ruta, o una oportunidad para presentar candidaturas de los que sí quieren pelear por una república, de romper con el procesisme con candidaturas de carácter anticapitalista que promuevan un programa independiente a la dirección de Junts pel Si, basados en la movilización social y que unan de forma estratégica la lucha democrática por la independencia con un programa de demandas sociales que sume a la clase trabajadora, la única “ampliación” de la base del movimiento que aportaría un valor cualitativo.