En el correr de la tarde de ayer, fue notoria la viralización de un vídeo dando cuenta de un suicidio en el centro de la ciudad de Córdoba. Esto puso sobre la mesa el manejo de estos casos en medios de comunicación y redes sociales. A propósito del tema, La izquierda diario entrevistó a la psicóloga Alejandra Ayduh.
Sábado 22 de febrero de 2020 18:13
LID: Hoy circuló de manera viral un vídeo que muestra el suicidio de una joven y rápidamente corrió la alarma entre profesionales y medios, quienes desaconsejaron que se compartieran este tipo de imágenes e información. ¿A qué se debe?
Alejandra Ayduh: Esto tiene que ver precisamente con que existen lineamientos claros elaborados desde el Ministerio de Salud de la Nación en cuanto a cómo se debe actuar en casos de suicidio, sobre todo porque está comprobado que uno de los muchos factores que pueden llevar a una persona vulnerable al suicidio es la publicidad sobre el tema en los medios de comunicación. Por este motivo se desaconseja difundir detalles o imágenes vinculadas a un suicidio.
LID: ¿Cuál es la situación en Argentina con relación a esta problemática?
AA: Tenemos los datos difundidos por UNICEF en 2019 (Suicidio en la adolescencia. Situación en la Argentina) que dan cuenta de la situación en nuestro país. Hoy, el suicidio es la segunda causa de muerte en la adolescencia. Las cifras son tremendas. El relevamiento de datos muestra que hubo un aumento de las tasas en las últimas décadas en el país entre las y los adolescentes de 15 a 19 años. Justamente, esa situación social incluye esa responsabilidad de los medios, el rol de las redes sociales frente a estos casos como el de Córdoba cobra mayor relevancia si se toma en cuenta esta situación más general.
LID: ¿Y cuál es el rol de las instituciones de salud, el Estado y los programas frente a estos índices?
AA: Hay otro dato más que relevante que sirve del informe de UNICEF y tiene que ver precisamente con las instituciones involucradas en la prevención y atención del suicidio adolescente (escuelas, servicios de salud, etc).
Allí las y los investigadores señalan que existen falencias en todos los niveles, ya sea por falta de capacitación de los actores involucrados en relación con el tema o por insuficiencia de los recursos disponibles. De más está decir que con el ajuste en curso esto podría generalizarse a todo el sistema de salud de conjunto, así como también al sistema educativo, vivienda, etc.
En ese sentido basta con dialogar unos minutos con cualquier trabajador o trabajadora de la salud o la educación para dar cuenta de la situación alarmante que se vive en estas instituciones: desde falta de presupuesto, profesionales que reclaman día a día mayor personal, más capacitación y más recursos. Se puede afirmar que hay una responsabilidad concreta del Estado tanto nacional como provincial en que las condiciones generales de vida de las masas populares, y sobre todo la juventud, se vean cada vez más degradadas de conjunto. Y esto solo por citar un ejemplo que da cuenta de las implicancias del ajuste que se va a agravar con el pago de la deuda al FMI y los acreedores privados. Me viene a la memoria un caso puntual en el consultorio, de un paciente que empezó a racionar la medicación psiquiátrica para “hacer durar más el blíster” porque no podía pagar los medicamentos y al estar trabajando de forma precarizada no contaba con obra social. Esto, obviamente, impactó en su recuperación porque puso en juego el tratamiento.
LID: Pero en nuestro país hay una ley para la prevención del suicidio, ¿qué pasa con su aplicación?
AA: Es cierto, en marzo del 2015 se promulgó la ley 27130 que declara “de interés nacional en todo el territorio de la República Argentina la atención biopsicosocial, la investigación científica y epidemiológica, la capacitación profesional en la detección y atención de las personas en riesgo de suicidio y la asistencia a las familias de víctimas del suicidio”. Un año después la Unicameral de Córdoba votó la adhesión a esta ley. Sin embargo, al día de hoy esta ley aún no fue reglamentada en la provincia. Por eso, como planteó mi compañera Laura Vilches cuando le tocó votar esta ley en la Unicameral como legisladora del FIT, “no podemos disociar esta ley que parece positiva (de prevención del suicidio) de una política más general de ajuste que se está llevando adelante y que incluye a los propios trabajadores y trabajadoras de la salud.” Ajuste que, vale señalar, se siguió profundizando.
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Como te decía, se trata de un fenómeno que si bien se expresa con la singularidad de cada persona y su padecimiento, es profundamente social, por lo que la degradación de las condiciones sociales tiene un fuerte impacto. Me quisiera extender un poco en este punto, porque, como ya escribía tempranamente Marx en su trabajo Acerca del suicidio, éste no es un problema individual y mucho menos, moral, que era la visión imperante en el siglo XVIII. En aquel texto, ya Marx, apoyándose en el trabajo de Jacques Peuchet, encargado de los archivos policiales de París entre 1845 y 1847, señalaba hasta qué punto (y cito) "la pretensión de los ciudadanos filántropos se basa en la idea de que solo basta con darle a los proletarios un poco de pan y un poco de educación. Como si los únicos en soportar las condiciones sociales actuales fueran los trabajadores, como si en lo que respecta al resto de la sociedad, el mundo existente fuera el mejor de los mundos posibles…”.
Es impresionante, pero las historias analizadas por Marx tienen una enorme actualidad porque ponen al desnudo la tiranía familiar, el patriarcado, la violencia de género así como las consecuencias del desempleo. En ese sentido 174 años atrás y retomando este texto, el revolucionario alemán señala que la cifra anual de suicidios, naturalizada en aquella época, no era otra cosa que un "síntoma de la organización defectuosa de la sociedad moderna", y en tiempos de hambrunas, de inviernos muy duros, el síntoma siempre es más notorio. De esta manera, los índices de suicidio muestran un poco que se torna casi "epidémico" en tiempos de desempleo y cuando sobreviven "las bancarrotas en serie".
Y si bien las mayores causas fuentes de suicidio, corresponden a la condición miserable de la vida que impone el capitalismo, no es lo único, y ya el propio Marx decía que se encuentra en todas las clases sociales, entre los ricos ociosos y los artistas o políticos. Pero lo que le interesaba a Marx combatir era la idea de que el suicidio era un problema de moralidad y respondía antes que nada a las condiciones de existencia, signadas por la degradación de vida de los sectores populares y la clase trabajadora, la opresión por condición de género, la condena por escapar a determinados mandatos sociales.
LID: Eso lo señalan organismos internacionales, ¿no?
AA: Sí, imagínate que hasta la OMS reconoce que la principal causa detrás de los problemas de salud mental tienen relación con “los cambios sociales rápidos, a las condiciones de trabajo estresantes, a la discriminación de género, a la exclusión social, a los modos de vida poco saludables, a los riesgos de violencia y mala salud física y a las violaciones de los derechos humanos”, entonces todos aquellos aspectos que aumentan al calor de la crisis y el ajuste como perder el empleo, el ser rechazado de un trabajo, o rotar cada tres meses como hace gran parte de la juventud precarizada en las fábricas, la baja súbita de los salarios que tiene como consecuencias que las familias no obtengan lo necesario para vivir, se vuelven preponderantes y esto lo vemos a diario en el consultorio dando cuenta del profundo malestar con el que se vive y las consecuencias concretas que esto tiene en la salud.
LID: En Chile, cuestiones vinculadas a la salud mental, como por ejemplo, estados depresivos y también índices de suicidio, quedaron al desnudo por las denuncias de la juventud y hasta hubo graffitis al respecto denunciando sus raíces sociales...
AA: Efectivamente, fue muy significativo ver esos carteles y afiches en las marchas planteando consignas como “no era depresión, era capitalismo”, o “esta revolución me devolvió las ganas de vivir”, que denuncian la ligazón entre las condiciones sociales y el padecimiento psíquico.
No es casualidad que, como señalan los trabajadores del metro en Chile (que tiene una de las tasas más altas en Latinoamérica) esos intentos de quitarse la vida que veían a razón de uno por semana, tras la rebelión, se redujeron drásticamente. Es decir, frente a una realidad opresiva, que no deja una perspectiva de vida que no sea agraviante por la falta de trabajo, las condiciones de explotación o la opresión misma, el suicidio aumenta. Lo vimos el año pasado también en nuestro país, cuando en las vías del subte de Buenos Aires, una jubilada se arrojó a las vías del tren. Por suerte, el maquinista pudo frenar a tiempo y cuando le preguntaron a la mujer por qué había tomado esa decisión, contó que lo hacía porque no tenía dinero para pagar sus remedios. Cuando el horizonte hacia el futuro se abre y hay expectativas en poder cambiar las condiciones actuales, en lugar de decidir quitarse la vida, las crisis personales (que tienen una profunda raigambre social, como señalaba antes) tienen también otra perspectiva de resolución.
Por eso, como concluía Marx junto con su archivista Peuchet, no hay parche y cambio parcial que pueda resolver el problema, sino que es la perspectiva de la transformación radical de este orden social capitalista que hace de los seres humanos carne de cañón para explotar y oprimir al máximo, la que puede permitirnos pensar una salida profunda y realista ante el acuciante problema del suicidio.