A causa de la crisis del capitalismo de los años setenta, se fue imponiendo globalmente el “toyotismo”: una nueva forma organizativa en la producción que se combinó con las nuevas tecnologías informáticas.
Lunes 25 de noviembre de 2019
A causa de la crisis del capitalismo de los años setenta, se fue imponiendo globalmente el “toyotismo”: una nueva forma organizativa en la producción que se combinó con las nuevas tecnologías informáticas.
Se pulverizaron los procesos productivos, se reacomodaron los ritmos de trabajo, a nivel mundial se re configuró la división internacional del trabajo, los mercados y el consumo mutaron.
El “toyotismo” requiere un trabajador flexible, multifuncional, horizontal, comprometido con la empresa. Ya no se trata de trabajos rutinarios, ni de horarios rígidos. La nueva modalidad productiva se vincula de una forma distinta con la distribución y el consumo, por ejemplo, se reducen los inventarios con la ayuda de las tecnologías de la información, la producción se ajusta al just in time.
La fábrica se deslocaliza y se muda a regiones con salarios bajos (competitivos, según el eufemismo neoliberal) y así las principales economías occidentales puedan competir con la emergencia de la economía asiática (China e India).
En esa lógica se incorporan masivamente contingentes de migrantes, mujeres y “minorías” culturales que constituyen un ejército de reserva de fuerza de trabajo disponible para la superexplotación, cuyos salarios se pagan por debajo de su valor.
Estas condiciones rompieron el pacto social que sostenía a lo que se llamó Estado de bienestar, que otorgó ciertos beneficios económicos a los trabajadores (principalmente a través de sindicatos convenientemente socialdemócratas) a cambio de su renuncia política anticapitalista, ya no tiene razón de ser ante el agotamiento de la bonanza económica que dejó en su tiempo el fordismo/taylorismo.
La ofensiva económica y política transformó al conjunto de la clase trabajadora, no sólo a los obreros de la fábrica. El agotamiento industrial y el crecimiento del sector servicios (dominado por las finanzas) promovieron el crecimiento de los trabajadores de servicios. La pulverización de la producción, también generó nuevas ramas y empresas, con ello, los trabajadores del marketing, las ventas y los call centers.
Una larga y diversa lista de trabajadores que no pretendemos agotar, pero que tiene su explicación en esta restructuración productiva y ofensiva política provocada por el capital y su lucha por salir de crisis.
Los Estados formalizaron esta configuración, quitaron candados legales y lograr romper las resistencias del trabajo. Se ha legislado para establecer el outsourcing y nuevos tipos de contratación (honorarios, eventuales, servicios profesionales, por proyecto, etcétera) para evitar cualquier compromiso de la empresa con el trabajador, se niegan derechos laborales o se ven disminuidos, los sindicatos son atacados, destruidos o puestos a modo de las patronales.
Se trata de las bien conocidas políticas laborales neoliberales impuestas por el Estado, cuya finalidad es socializar las pérdidas, que los trabajadores paguen la crisis del endeble sistema financiero global.
Este tipo de personal, flexible y despolitizado, constituye lo que se ha designado como trabajador precario.
El Estado mexicano, en su la lógica neoliberal de contraer el gasto corriente y así obtener recursos para el pago de su deuda, se ha valido también del uso de este tipo de trabajadores, ya que no paga pensiones, aguinaldos, prestaciones y demás costos que implican los derechos laborales.
De hecho, en administraciones anteriores ha introducido la precarización laboral como mecanismo de recaudación y el nuevo gobierno profundiza este mecanismo de recaudación en su afán de logar dos objetivos: seguir pagando la deuda (dependencia al capital financiero) y obtener recursos para los programas sociales.
En este contexto de “toyotismo", precarización laboral y neoliberalismo, se inscriben las luchas de los trabajadores estatales que, paradójicamente, se enfrentan al débil progresismo de la denominada Cuarta Transformación.
Es necesario organizarse con el conjunto de los trabajadores, basificados o precarizados, para poner un alto a esta ofensiva laboral que se viene desplegando a raíz de esta restructuración productiva.