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Red Internacional
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ANÁLISIS 26J. El voto en los barrios obreros

Voto polarizado entre los barrios más golpeados por la crisis. El PSOE pierde su influencia y la falta de una alternativa anticapitalista divide a la clase trabajadora entre Podemos y el Partido Popular.

Marta Clar Barcelona | @MartaClar1

Lunes 27 de junio de 2016

Foto: Twitter

Este 26J nos deja como resultado una clase obrera polarizada electoralmente. El Partido Socialista pierde su influencia sobre sus bastiones históricos en Cataluña, concretamente el llamado "cordon rojo" vuelve a teñirse de morado, haciendo evidente la consolidación de En Comú Podem, ha diferencia del flojo impacto de la fórmula Catalunya Si Que Es Pot. Sin embargo, al mismo tiempo, el Partido Popular vuelve a cobrar fuerza entre los barrios más precarizados de Madrid, Valencia y Sevilla.

En el distrito de Nou Barris de Barcelona, uno de los más golpeados por la crisis, con un elevado porcentaje de población inmigrante y la renta familiar más baja de la ciudad, en Comú Podem se ha situado como la fuerza ganadora con un porcentaje prácticamente idéntico al de las elecciones del 20D, con un 30% de los votos, arrebatándole el primer lugar al PSOE. Esta similitud con las anteriores elecciones, se repite en el Hopistalet de Llobregat, donde la coalición morada ha confirmado su primera posición con una escasa diferencia de casi tres mil votos respecto al PSOE.

La situación en Hospitalet es alarmante. Una ciudad donde la crisis hace estragos, donde más de 15.000 personas están en situación de emergencia social y necesitan recurrir a ayudas para cubrir las necesidades alimentarias básicas, y más de 3.000 familias se encuentran con necesidad de alquiler social, mientras la ciudad cuenta con alrededor de 1.000 pisos vacíos propiedad de entidades bancarias.

El 26J confirma la derrota del partido de Pedro Sánchez en uno de sus bastiones históricos catalanes, donde la brecha de la pobreza cada vez se hace más amplia.

En el barrio obrero de Benimaclet, en la ciudad de Valencia el PP ha logrado superar el empate técnico, consiguiendo ser la primera fuerza con el 33% de los votos, dos puntos arriba de la coalicción A La Valenciana, de Podemos y Compromís. Pese a los contínuos escándalos de corrupción, el Partido Popular valenciano ha roto el empate técnico del pasado 20 de diciembre a su favor.

En la ciudad de Madrid, Unidos Podemos ha conseguido mantenerse como primera fuerza en Villa Vallecas y Puente de Vallecas, uno de los barrios que más ha sufrido el desempleo. Como ya ocurrió en las municipales bajo la fórmula de Ahora Madrid, la formación liderada por Pablo Iglesias le arrebata uno de sus principales feudos al PSOE, aunque esta vez con un 34,42% del voto, bastante por debajo del 42% en las municipales del 2015. Sin embargo, ha perdido Usera, quedando por detrás del Partido Popular que ha ganado cuatro puntos en relación a diciembre. En Vicálvaro, ésta vez también ha quedado por detrás del PP.

En Sevilla, el Partido Popular ha mantenido la victoria, incluso en los barrios más pobres. En el distrito Sur ha conseguido una subida importante de cuatro puntos, mientras que Podemos-IU aunque se ha mantenido en tercer lugar, ha caído tres punto respecto de las pasadas elecciones presidenciales, cuando las dos formaciones se presentaban por separado. En Cerro-Amate ocurre lo mismo, esta vez la coalición continúa en segundo lugar, por debajo del PSOE, pero con menos votos que presentándose por separado.

El marcado giro al centro que viene protagonizando Podemos y su mano tendida al PSOE, el partido de la "cal viva" y uno de los principales pilares del Régimen del 78 no ha convencido homogéneamente a la clase trabajadora y los sectores populares que más han sufrido las consecuencias de la crisis. El recorte de 36.000 millones de euros previstos para el gasto social respecto al 20D como gesto amable hacia Bruselas, y la propuesta de reestructuración de la deuda a un máximo del 6% de total, se alejan mucho de aquel Podemos que se presentaba como principal y única alternativa a los recortes y la precariedad.

El fracaso del "sorpasso" al PSOE y la recuperación creciente del Partido Popular en los barrios más golpeados por la crisis, no solo evidencia que el Régimen del 78 sigue vivo, sino que supone un profundo cuestionamiento a la estrategia reformista de Unidos Podemos, incapaz de levantar una verdadera alternativa para resolver los principales problemas de la clase obrera, las mujeres y la juventud.

Los zig-zags de su discurso cada vez más moderado y un programa que deja sin respuesta cuestiones tan importantes como la precariedad laboral, la privatización de los servicios públicos, la apertura de fronteras o la regularización sin contrato ni restricciones para la población migrante y refugiada, han sido la causa de este desencanto.

Tan solo la construcción de una verdadera alternativa al Régimen del 78 y sus partidos, que desde una perspectiva anticapitalista y de clase plantee la necesidad de reactivar la movilización social, podrá ofrecer una salida a las enormes aspiraciones democráticas y sociales que siguen vigentes entre amplios sectores de la población pese a los resultados del 26J.