Entienda por qué está ocurriendo una migración desde la posición favorable al impeachment hacia otro golpismo institucional, las elecciones anticipadas a presidente.

Leandro Lanfredi Trabajador petrolero | Rio de Janeiro
Miércoles 30 de marzo de 2016
Fotografía:EFE/Fernando Bizerra Jr
Día tras día aparecen nuevas voces en los medios, haciéndose eco de una propuesta ventilada hace muchos meses por Aécio Neves como respuesta a la crisis política: elecciones presidenciales anticipadas después de la destitución en el Tribunal Superior Electoral, o incluso elecciones anticipadas a presidente y al parlamento, como ha considerado el principal columnista del diario O Globo, Merval Pereira.
¿Qué hizo crecer esa propuesta? Entienda por qué ella es parte del “golpe institucional” e importantes referencias de la izquierda como Chico Alencar, del PSOL de Rio de Janeiro y grupos políticos como el MES de la excandidata a presidenta por el PSOL, Luciana Genro, así como el PSTU están ayudando y confluyendo en las voluntades golpistas de Merval Pereira, Marina Silva y Aécio Neves, aún bajo otras formulaciones.
¿Por qué está ocurriendo una migración desde la posición favorable al impeachment hacia otro golpismo institucional, las elecciones anticipadas a presidente?
La crisis del gobierno de Dilma y del PT se combina con una crisis cada vez mayor del régimen político y de representatividad, incluso referentes tucanos (del PSDB) fueron rechazados en las manifestaciones a las que ellos mismos habían convocado, como fue el caso del excandidato presidencial Aécio Neves y el actual gobernador de San Pablo, Geraldo Alckmin, en la Avenida Paulista el 13 de marzo. Los sectores de la oposición parlamentaria de derecha están divididos sobre cuál es la mejor táctica para sacar a Dilma y, más aun, qué poner en su lugar.
Algunos abogan por el impeachment y un gobierno de coalición liderados por el actual vicepresidente Michel Temer (PMDB). La Federación de Industrias del Estado de San Pablo exige la “renuncia ya” mientras otros quieren la destitución a través del Tribunal Superior Electoral (TSE) y elecciones presidenciales anticipadas. Otros llegan a considerar una combinación entre la destitución por vía del TSE y una propuesta de enmienda constitucional que convoque elecciones al parlamento, como dijo Merval Pereira, en caso que la operación Lava Jato, que investiga los esquemas de corrupción en Petrobras, siga el curso de la “lista del fin del mundo” –producto del testimonio de los “arrepentidos” de la constructora Odebrecht y que involucra a centenares de políticos de diversas fuerzas políticas en los esquemas de corrupción- y crezca el ya altísimo rechazo a este Congreso corrupto.
El impeachment por la vía parlamentaria está encontrando dificultades para ser aprobado, incluso con ruptura del PMDB de Michel Temer con el gobierno hay aún importantes posibilidades de que con una buena dosis de ministerios, cargos comisionados y otras modalidades de esta “democracia del soborno”, Dilma y Lula logren los 172 diputados para frenar el impeachment.
El impeachment por esta vía también encuentra resistencia debido a que ni siquiera tiene algún fundamento jurídico, ya que se basa en la denominada “bicicleta fiscal”. No es por nada que la revista de las finanzas imperialistas The Economist criticó esta tesis que abriría una inseguridad jurídica sobre gobiernos estaduales y municipales que también practican fraudes a la Ley de Responsabilidad Fiscal. La Orden de Abogados de Brasil (OAB) propuso una nueva formulación para el impeachment, pero la nueva formulación -a pesar de incluir nuevos argumentos, como el testimonio del arrepentido petista, el parlamentario Delcídio do Amaral- sigue usando el argumento de la “bicicleta”. Esta salida, por la vía parlamentaria, está debilitada, fortaleciendo las otras dos salidas burguesas a la crisis: el golpe judicial por la vía del TSE y nuevas elecciones, o el nombramiento de Lula como ministro para que aplique los ajustes junto a un gobierno de Dilma debilitado y en las cuerdas, cediendo todo al imperialismo, arrodillándose para evitar la caída.
La debilidad del impeachment parlamentario reside no solo en la incertidumbre de poder cosechar votos, sino en dos otros problemas para la futura gobernabilidad: uno, la incertidumbre de qué partidos y fracciones de partidos se embarcarían en un gobierno de “reconstrucción nacional”, como lo denominó José Serra, lo que ni Aécio Neves ni Marina Silva aceptaron. El segundo tipo de problemas para un gobierno Temer-Serra-Fiesp sería su aceptación, ya que el mismo no sería fruto de ningún sufragio.
Los defensores de estas nuevas elecciones son, antes que nadie, los líderes en las encuestas electorales: Aécio Neves y Marina Silva. Sin embargo, lo peor es que se le suman otros dentro del campo de la izquierda, como Chico Alencar y Luciana Genro del PSOL, y el PSTU.
¿Por qué nuevas elecciones serían un golpe institucional?
Las elecciones fuera de término serían convocadas a partir de la impugnación de la fórmula presidencial Dilma-Temer en el TSE. Es decir, un puñado de jueces elegidos por nadie, llenos de relaciones con el imperialismo y la oposición tucana, con el descaradamente reaccionario juez Gilmar Mendes tomando la decisión de quién gobernaría. Un secuestro de la voluntad popular expresada en las elecciones, con el agravante de no corresponderse con ningún movimiento en las calles por izquierda que puede sustituir al actual gobierno.
Sería un cambio en las reglas del juego con el juego en marcha y sobre la base de maniobras palaciegas, funcionales a Marina y Aécio. No serían cambios impuestos por movilizaciones progresistas de las masas, sino funcionales al establecimiento de un nuevo gobierno con “mandato” para realizar los ajustes más duros y rápidos que quieren las burguesías nacional e imperialista.
¿Quiénes serían los principales sujetos de la impugnación y las nuevas elecciones? El TSE para las elecciones presidenciales anticipadas (como quieren Aécio y Marina). El TSE, STF (Supremo Tribunal Federal) y Sérgio Moro para seguir la operación “Lava Jato” hasta el final y así implicar a todo el Congreso y exigir una nueva elección también para parlamentarios, como quiere Luciana Genro. O sea, en la práctica, todas las apuestas convergen en apostar a un poder no electo por nadie, el judicial, y que está muy ligado al imperialismo, que “limpie” la presidencia e incluso el parlamento. Una “limpieza” que sería funcional a una “nueva mayoría” más a la imagen y semejanza del poder judicial, bonapartista y ligada al imperialismo.
Fraseología de izquierda para una política de derecha, funcional a un golpe institucional
Podríamos denominar a la izquierda que se suma a esta política como “izquierda Lava Jato”. Se da la mano con el poder judicial y el imperialismo en nombre de una apuesta que incrementaría su caudal de votos, del casi nada al algo miserable más, aunque sea bajo el costo de una elección en la que claramente la superestructura política va a girar hacia la derecha, en consonancia con los otros países de Sudamérica.
Se trata de una política que no solo es totalmente adaptada al régimen democrático burgués al permitir que éste renueve su cara por derecha y con el fortalecimiento de instituciones reaccionarias como el poder judicial -con figuras como el juez Sérgio Moro a la cabeza- sino que da alas directamente a que se fortalezca lo que existe de peor en la política sobre la base de un golpe institucional.
Chico Alencar, parlamentario independiente del PSOL de Rio de Janeiro, firma junto con Randolfe Rodrigues (ex PSOL, actualmente integrante Rede de Marina Silva, nombrado por la operación Lava Jato aun que todavía sin pruebas) un plebiscito revocatorio. Que sea aprobada una enmienda constitucional previendo que en caso de que se recolecte un determinado número de firmas, el pueblo decidiría en un plebiscito por “sí” o por “no” a la continuidad del gobierno y parlamentarios. Aparentemente la tesis busca unas “elecciones generales”, pero ¿qué firmas serían recolectadas? El partido Rede, de Randolfe, junto con el Movimiento Brasil Libre (MBL) y Aécio recolectarían firmas para Dilma y Chico Alencar también para los parlamentarios. ¿Qué plebiscito revocatorio ocurriría suponiendo que la élite le vea utilidad a esa táctica? El de Dilma y Temer, es decir, otro camino para intentar, con la legitimidad de las firmas y plebiscito, alcanzar el mismo fin que el desgastado impeachment, o la impugnación de la fórmula Dilma-Temer.
La tesis de Luciana Genro y también del PSTU es de “elecciones generales” y no solo de plebiscito, como quiere Chico Alencar. Pero no hay en la realidad ningún movimiento que quiera aplicar esta política. No hay movimiento para sacar a Alckmin, Sartori o Haddad. Lo hay para sacar a Dilma, o a Dilma y a Temer. Punto.
¿Quién sería el sujeto de las supuestas elecciones generales ya sea bajo el comando de Moro, Gilmar Mendes y Cia. o de este Congreso corrupto aprovando una enmienda constitucional para que “el pueblo” recolecte firmas?
En la versión más “izquierdizada” de la política que unifica, con todos los matices, a Merval Pereira, Marina Silva, Aécio Neves, Chico Alencar, Luciana Genro y el PSTU sería una “unidad de acción” de recolección de firmas de Rede, el PSOL y el PSTU con el MBL, Revoltados Online y consortes. Como si de una “unidad de acción” como esta pudiese salir algo progresista.
Se trata de la política de derecha del impeachment continuada por otros medios, o de la impugnación vía que el TSE, Moro y el STF sigan su obra de la operación Lava Jato intentando acercarla a la “Mani pulite” italiana, que cambió a los partidos pero no la corrupción, o incluso “izquierdizando” la propuesta con una unidad de acción en el plebiscito revocatorio. O Globo y otros diarios frecuentemente dan espacio para mostrar esta política de Randolfe y Chico Alencar, también de Luciana Genro y el PSTU, tomando nota agradecidos de la existencia de una cobertura por izquierda para su golpismo institucional llegado el caso de que quieran adoptar esa táctica.