Primeros comicios bajo pandemia. El PRI celebra su triunfo en dos estados donde nunca ha perdido la gubernatura y con poca participación popular. El Morena no reconoce el resultado. Triunfadores y perdedores de las elecciones locales que preludian los comicios de 2021.

Bárbara Funes México D.F | @BrbaraFunes3
Martes 20 de octubre de 2020
En Hidalgo, el PRI se quedó con 32 de 84 presidencias municipales, con poco menos de 60% de participación. El Morena ganó 6, pero en alianza electoral con el PT, el Verde y el Partido Encuentro Social Hidalgo. Uno de los candidatos triunfadores fue Damián Sosa, hermano de Gerardo Sosa Castelán, líder del Grupo Universidad preso en el penal de alta seguridad del Altiplano mientras le siguen un proceso penal por delincuencia organizada y manejo de recursos de origen dudoso.
Mientras tanto, en Coahuila, el tricolor obtuvo los 16 municipios, con poco más de 50% de participación en los comicios, y el Morena quedó como primer partido de oposición, mientras el PAN retrocedió a un modesto tercer lugar.
Por su parte, el presidente sólo declaró “Lo que celebro es que no hubo violencia, que acudió la gente a votar, muy poca, pero participaron y eso es lo más importante, lo más destacado. Las autoridades electorales van a decidir quién gana y si hay inconformidades hay procedimientos para acudir a esas denuncias”.
Ganadores y perdedores
El PRI quiere posar de ave fénix, resurgiendo de sus cenizas…pero justo en dos de sus bastiones históricos, donde nunca ha perdido y donde cuenta con una estructura partidaria y electoral muy fuerte.
Esto ocurrió a escasos días del escándalo de la detención del general Cienfuegos, un hecho que reavivó las llamas ante los nexos entre el Ejército, el PRI y el PAN con el crimen organizado, y salpicó nuevamente al tricolor.
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En ese contexto, el retroceso del Morena en ambos estados -donde había ganado las senadurías en 2018- también es innegable. La guerra de tribus al mejor estilo PRD en la disputa por la presidencia del partido le ha jugado en contra al partido del presidente AMLO.
Los dichos de Porfirio Muñoz Ledo, uno de los contendientes en la crisis interna del partido oficialista, fueron lapidarios. Reconoció la derrota del Morena y afirmó que el resultado de Coahuila e Hidalgo muestran un serio revés. Que demuestra que hace falta un partido sólido y organizado.
¿Revierte el resultado de las elecciones el desprestigio del PRI conseguido a fuerza de pulso tras la masacre de Iguala y la desaparición forzada de los normalistas de Ayotzinapa? Aún es temprano para eso, y para llegar a esa conclusión, el tricolor debería recuperarse en estados tan importantes como el Edomex, Jalisco, Nuevo León o la Ciudad de México.
Pero tal vez sirva para levantar los ánimos alicaídos de la oposición burguesa que aún no halla cómo fortalecerse, aunque busca postularse como la mejor opción para garantizar los negocios capitalistas.
Morena, por su parte, sale con algunas magulladuras de esta primera contienda. Repite alianzas con la derecha cristiana y con el Verde ex aliado del tricolor, y encima con un candidato pegado al más reciente escándalo de corrupción, el Patronato de la Universidad de Hidalgo. Nada bueno para el partido que prometió el cambio para más de 30 millones de personas que le dieron su voto a AMLO, hastiadas de la represión y la corrupción del PRI, del PAN y del PRD.
La acusación de fraude que lanzó el actual presidente nacional del Morena, Alfonso Ramírez Cuéllar, con el no reconocimiento del resultado anunciado, configuran su posible estrategia ante las elecciones del año que viene, que según analistas puede llevarlo a perder credibilidad.
Una posibilidad sería que el Tribunal Electoral falle a favor del partido de AMLO. Así modificaría el resultado de las elecciones, pero esas maniobras legales no necesariamente ocultarán cierto desgaste del gobierno, por el mal manejo de la pandemia, la implementación de despidos del sector público en nombre de la falsa austeridad republicana, el aval a despidos y recortes salariales en el sector privado, la continuidad de los megaproyectos, el empoderamiento del ejército y la actitud servil ante el gobierno de Estados Unidos, fungiendo como Border Patrol contra los migrantes.
Con el 2021 en el horizonte
Estos comicios dejan importantes conclusiones para la clase trabajadora, la juventud y las mujeres. El regreso del PRI, carnicero de incontables masacres, aliado del crimen organizado y saqueador de las arcas nacionales, o del PAN -iniciador de la guerra contra el narco y la militarización- es una pésima perspectiva.
A su vez, el discurso progresista de AMLO, que tantas ilusiones generó, se estrella contra la realidad de sus alianzas con los empresarios que despiden y precarizan la vida de las mayorías y con lo que él denominaba “la mafia del poder” antes de ser presidente. Con enemigos de los derechos de las mujeres y la comunidad LGTBI, como el PESH, y entreguistas del país que se venden al mejor postor, como el Partido Verde.
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Por eso, cada día se hace más acuciante que la clase trabajadora, en alianza con los sectores populares, forje su propio partido político, anticapitalista y socialista, que luche para que esta crisis económica, sanitaria y social que estamos viviendo, la paguen los capitalistas.