Fernández que calificó de miserables a los empresarios por despedir en cuarentena, les respondió con un salvataje destinado al pago de salarios y una prohibición de despidos limitada. El gran capital alista sus cañones contra los trabajadores. Qué respuesta hace falta.

Gastón Remy Economista, docente en la Facultad de Cs. Económicas de la UNJu. Diputado provincial del PTS - FITU en Jujuy, Argentina.
Jueves 2 de abril de 2020 10:20
Editorial de Gastón Remy en Pateando El Tablero, la izquierda en radio, 101.7 Jujuy FM
- A diferencia de los miserables que soportaban el cólera en Francia hacia fines de 1820 y eran retratados por el poeta Víctor Hugo, en pleno siglo XXI y bajo los efectos del coronavirus, Alberto Fernández calificó de miserables a los empresarios. Con énfasis las acusaciones se dirigieron a Paolo Rocca, dueño del gigante Techint, tras su orden de dejar en la calle a 1.450 obreros de la construcción.
- A penas a dos semanas de la cuarentena, el argentino más rico del país, tomó esta decisión contraria a toda lógica en este duro momento. Pero lo que guía al capital, no es la beneficencia como dejara en claro su obra el padre de la economía política, Adam Smith, si no el fin de lucro. Paolo fue claro, “en el mes próximo no voy a tener ingresos y por ende no voy a poder pagar los sueldos”.
- Lo que oculta éste, para nada gentil hombre, es que su fortuna según la revista Forbes ascendía a 8.000 millones de dólares en 2018. Está claro que los salarios de los trabajadores despedidos no son un problema financiero para Techint.
Por esto mismo, la decisión de despedir de Rocca hay que leerla como parte de un grito de otra guerra, no la sanitaria a la cual los gobiernos nos han convocado a alistarnos, si no una guerra donde las ganancias del capital chocan de frente con las necesidades vitales de la clase trabajadora.
- Rápidamente, salieron junto a Techint, otras subdivisiones de los generales, anunciando suspensiones, despidos y rebajas salariales como el dueño de varios ingenios azucareros en Tucumán, Jorge Rocchia Ferro, que posee millones de litros de alcohol en su haber; y pese que su actividad no dejó de producir, este empresario anunció una rebaja salarial del 30%.
- En el caso del personaje principal de la obra Los Miserables, Jean Valjean, un hombre que roba pan por hambre y termina en la cárcel, sin embargo, la historia de la familia Rocca tiene antecedentes oscuros. Agostino Rocca (el abuelo de Paolo) que prestó servicios para el régimen de Mussolini, huyó de Italia tras la llegada de los aliados al finalizar la Segunda Guerra. Su prontuario policial no lo ha guiado el hambre, si no el fin de lucro. El emporio Rocca logró crecer de 30 a 46 empresas al finalizar la última dictadura; pero también sus negociados siguieron durante el menemismo haciéndose de la estatal privatizada SOMISA, como también, durante los gobiernos kirchneristas, cuestión que fue redactada en los famosos “Cuadernos de Centeno”. Una historia similar la podemos encontrar en otros de su propia clase, como la familia Blaquier, que supo amasar su fortuna pasando del reclutamiento forzoso de la mano de obra de los pueblos originarios a realizar secuestros y desapariciones de trabajadores con el ejército durante la última dictadura.
- Son estos empresarios los que nunca pierden, sea con el gobierno que sea, y para ellos su codicia es a prueba de toda ética. Llamarlos miserables, no hace más que confirmar los atributos propios de una clase social que vive del trabajo ajeno y de los negocios con el Estado, por eso, ante sus comportamientos sociales más valen las acciones que las palabras.
- Pretender que los empresarios ganen un poco menos, es una ilusión en el marco de la guerra que las patronales han lanzado sobre la clase trabajadora. Según la consultora Analytic peligran 5,5 millones puestos de trabajo, comenzando por el sector más vulnerable de los autónomos y cuentapropistas, aunque advierten que no se puede descartar que no se vean afectados incluso aquellos que hoy están en empleos registrados.
- Luego de la exigencia que se hacía cada vez más fuerte de sectores afectados, la izquierda y organizaciones laboralistas, finalmente Alberto Fernández decretó la prohibición de despidos y suspensiones por 60 días. Sin embargo, esta medida tiene límites al no contar con retroactividad por lo que los despidos y suspensiones realizados antes del 31 de marzo no están cubiertos por el decreto y, sobre todo, porque deja sin protección a alrededor de 5 millones de trabajadores y trabajadoras que están en la informalidad.
- Por eso, defender el derecho al trabajo y al salario no puede quedar en manos de los gobiernos, que a lo sumo pretenden mitigar los embates de los grandes empresarios solo durante dos meses, cuando la economía tiene pronóstico reservado para el resto del año; mientras se los compensa con millones facilitando el pago de los salarios, a costa de desfinanciar el ANSES y más endeudamiento vía emisión. En este marco, las cacerolas envalentonadas por Cambiemos, exigiendo un “gesto de la política”, pretenden desviar la atención sobre los gestos antipopulares de los grandes empresarios, como también, evitar que sean sus patrimonios millonarios los que tengan que hacer un gesto y contribuir con los recursos que se necesitan frente a la crisis sanitaria y económica.
- Desde la izquierda siempre hemos planteado terminar con los privilegios de la casta política como forma de evidenciar que gobiernan para cuidar los intereses de los dueños del país. Intereses que hay que afectar si de esta crisis no se quiere salir con mayor desocupación, flexibilización y pobreza. Las y los trabajadores debemos prepararnos y organizarnos para dar esa pelea por nuestros derechos.
- Por todo esto hace falta prohibir despidos y suspensiones en todas las actividades desde el inicio de la pandemia, reincorporar a todos los despedidos, que las patronales paguen los salarios al 100%, haya o no licencias, junto con un salario de cuarentena de 30.000 pesos para los desocupados y cuentapropistas que se quedaron sin ingresos. Afectando recursos con impuestos sobre la riqueza de los dueños del país, comenzando por los 50 más ricos, y del no pago de la deuda a los especuladores financieros.
- Estas son medidas de primer orden solo las puede pelear una fuerza social que no tiene nada para perder. Los otros miserables, aquellos que viven de su propio trabajo, las y los trabajadores que ante la pandemia mostraron otros valores en pequeñas acciones solidarias. Los y las trabajadoras de salud que ponen su cuerpo y alma en los hospitales, las y los docentes y estudiantes que producen mascarillas, las y los obreros de la fábrica recuperada Madygraf que reconvirtieron su imprenta a la fabricación de alcohol en gel, los trabajadores del Astillero Río Santiago que arman camas para los hospitales o los pedidos para que Aceros Zapla fabrique tubos de oxígeno.
- Son sus fuerzas y convicciones, extendidas por todo el país y ligadas a la defensa del empleo, las que pueden ir preparando una salida de otra clase a la que pretenden los grandes empresarios, sus gobiernos y los dirigentes sindicales vendidos. Se trata de arrebatarles nuestro futuro a los miserables de siempre.

Gastón Remy
Economista, docente en la Facultad de Cs. Económicas de la UNJu. Diputado provincial del PTS - FITU en Jujuy, Argentina.