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Red Internacional
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INFLACIÓN. En 2022 los salarios de convenio solo aumentaron un 2,8% frente al 8,4% de inflación

En otro duro año donde la crisis sigue golpeando a la clase trabajadora, el gran auge de los precios se ha traducido en una pérdida enorme de poder adquisitivo de lxs trabajadorxs, con una subida de los salarios por convenios tres veces menor a la subida de la inflación.

Miércoles 11 de enero de 2023

Una de las claves económicas del recientemente finalizado 2022 fue la significativa subida de la inflación, que cerró el año finalmente en un 8,4% de media, pero que durante momentos del año alcanzó las dos cifras.

La otra cara de la moneda, los salarios, no han cerrado el año con el mismo nivel de aumento. Según los datos del Gobierno, los salarios en los convenios solamente creció un 2,8%. El alza salarial media del 2,8% corresponde al total de 3.084 convenios con efectos económicos conocidos y registrados hasta diciembre de 2022, que afectan a 911.187 empresas y a 9.043.999 trabajadorxs.

Esta subida salarial en convenio supone un aumento tres veces menor que el encarecimiento de la vida, lo que se traduce, como no puede ser de otra forma, en una pérdida del poder adquisitivo de la clase trabajadora y los sectores populares.

En 2022 también hubo un descenso de los convenios colectivos registrados. Esto se enmarca en el contexto del conflicto salarial entre sindicatos y patronal causado por el rechazo de los empresarios a negociar un gran acuerdo de salarios a nivel estatal, sobre todo por su férrea oposición a avalar las cláusulas de revisión de los sueldos según los precios.

Los sindicatos mayoritarios CCOO y UGT denuncian que los sectores y empresas con un poder de negociación menor han conseguido un aumento sustancialmente menor en comparación con lxs trabajadorxs en sectores con mayor movilización y más fuerza para acordar mayores subidas. Porque tras la media del alza del 2,8% hay una gran desigualdad. Los datos del Ministerio de Trabajo muestran que un 30% de los trabajadores se ven afectados por convenios con subidas salariales superiores al 3%. Por otro lado, un 43% de los empleados se ven alcanzados por alzas entre el 1% y el 2% en sus convenios colectivos.

Pero más allá de las declaraciones de las burocracias sindicales ¿cuál ha sido el papel de las direcciones de CCOO y UGT en este proceso de pérdida de poder adquisitivo de lxs trabajadorxs? Desde mediados de 2022 CCOO y UGT lanzaron la campaña “Salario o conflicto”, en relación con la renovación de los convenios colectivos y la revisión de las tablas salariales.

Las peticiones a la patronal, como era de esperar, no surtieron efecto, especialmente la centrada en la inclusión de cláusulas de revisión de salarios según precios. Frente a esta más que esperada negativa, las direcciones de los grandes sindicatos se han negado a llevar adelante ningún tipo de acción consecuente con el nivel de pérdida de poder adquisitivo que experimentamos la clase trabajadora.

Ni coordinación de las diferentes luchas que se han ido desarrollando, la gran mayoría de estas ligadas a la pelea por el aumento de salario acorde al encarecimiento de la vida, ni tampoco se ha puesto sobre la mesa ningún tipo de jornadas de movilización que permitieran expresarse a la clase trabajadora en las calles, con sus métodos.

El pactismo de salón a tres bandas entre Gobierno - Direcciones Sindicales - Patronal, promovido especialmente por los dos primeros agentes, ha dejado sin perspectiva de organización y lucha a miles de trabajadores y trabajadoras que a día de hoy, cerrado ya el año 2022, ven como su salario crece tres veces menos que el encarecimiento de la precios.

Pero esta situación, resultado de la política del Gobierno “progresista” y de la inacción de las burocracias sindicales, no es algo inevitable. Ni tan siquiera ha sido en 2022 lo que ha sucedido en el 100% de los casos.

Diferentes sectores de trabajadores y trabajadoras se han organizado y luchado para pelear por aumentos de salarios que hicieran no perder su poder adquisitivo. Tenemos el caso de los conductos de autobuses de Barcelona y Zaragoza, por poner tan solo dos ejemplos.

Cómo contábamos en este mismo diario, en una noticia previa al respecto de estos dos ejemplos, en el caso de los autobuses urbanos de Barcelona (TMB) el conflicto empezó el pasado septiembre con un altísimo seguimiento, coincidiendo el primer paro con las fiestas de la Mercé.

La asamblea resolvió continuar con la convocatoria de huelga y piquetes en las cocheras, manteniendo el conflicto indefinido también durante el mes de octubre. La lucha acabó tras la victoria de los trabajadores logrando un aumento de salario de casi el 9% y gran parte de las reivindicaciones. Un gran ejemplo de cómo hacer frente a la inflación y a sus terribles consecuencias. Frente al discurso del Gobierno y las burocracias sindicales, que apenas exigen un 2,5% de aumento salarial en el marco de una inflación que llegó de un 8,9%, la plantilla de TMB demostró que los triunfos se consiguen con la organización y los métodos de lucha de la clase trabajadora.

En otoño también vimos cómo se recrudecía el conflicto del bus urbano de Zaragoza, tras 3 años de negociaciones infructuosas. Ante la falta de acuerdo, la plantilla decidió en referéndum con más de un 80% a favor, intensificar los paros parciales. Frente a estas protestas, los trabajadores de AVANZA sufrieron campañas de desprestigio, descalificaciones y ataques. Prácticamente a diario, desde los periódicos, las radios y las televisiones controladas por la burguesía de Zaragoza, se lanzaron consignas contra los trabajadores en huelga. Finalmente se llegó a un acuerdo refrendado por el 76% de la plantilla con una subida salarial del 8,5% y una cláusula de revisión de precios del 75% de la suma de los IPC.

Estos dos ejemplos son una muestra que frente a la convivencia entre gobierno y patronal y la inacción de la burocracia sindical, existe una alternativa, aquella que apuesta por la organización democrática de las y los trabajadores, la que apuesta por sus propios métodos y pelea decidida para hacer que esta crisis la pague la patronal y no nuestros bolsillos.