La importante autopartista está bajo la órbita de la UOM de Vicente López, en el norte del Gran Buenos Aires. La seccional está dirigida por algunos viejos miembros de la Triple A. Hoy, mientras apoyan políticamente a Massa, acompañan a las patronales persiguiendo y despidiendo a los trabajadores. Entrevistamos a un delegado.
Miércoles 29 de abril de 2015 11:00
Los trabajadores de esta autopartista que abastece a las principales automotrices pertenecen a la seccional de la UOM de Vicente López. Esta seccional está dirigida por algunos personajes nefastos que fueron parte de las bandas de la peronista Triple A que atacaba a los delegados y dirigentes combativos del movimiento obrero en los 70.
Actualmente, dan su apoyo político a Massa. Para los trabajadores, sólo persecución, despidos y suspensiones. Reproducimos la segunda parte de la entrevista que le realizamos al delegado Ignacio Serrano.
Lo que nosotros identificamos era un modelo “Metalsa” que consistía en tomar pibes jóvenes, hacerlos laburar en malas condiciones de dos a cinco, hasta que se lastiman (tendinitis, hernias, problemas en las cervicales, etc). Y cuando esos compañeros sufren esos problemas, la empresa ve que ya no le sirven más y ahí los descarta.
Esto nos llevó a tensiones con el gremio también, porque la dirección del gremio termina estando de acuerdo con este modelo que imponía Metalsa. Ya que a los delegados que respondían a ellos sí marcaban a los compañeros para que los despidan.
A mediados del año pasado, luego de que los trabajadores en asamblea rechacen masivamente la propuesta de la empresa de un banco de horas, que era una forma de ahorrarse pagar horas extras en el sector de Toyota, con suspensiones de por medio; Metalsa nos señala como culpables a los dos delegados independientes y empieza a echar a los activistas. Los despedidos se organizaron en una comisión.
Y en noviembre del año pasado la burocracia hace asamblea en mi sector sin avisarme, para informar a los compañeros que la seccional había decidido bajarnos de delegados. Ahí les hicieron firmar un papel por su participación en la asamblea, cuando en realidad estaban haciéndolos firmar por un acuerdo con mi revocatoria como delegado. Aun así, muchos no firmaron. Luego el gremio me notificó que me bajaban como delegado. Frente a esto, iniciamos un juicio al gremio y empezamos a ir a la puerta de la fábrica con los despedidos y una juntada de firmas. Metalsa respondió con gente de seguridad, escribana y todo. También gente de la lista Marrón se acerca a querer pegarme. Y a pesar de todo esto, muchos compañeros firman nuestro petitorio, aunque no logramos tener la mayoría que nosotros podríamos haber tenido si hubiera habido libertad para juntar nuestras firmas.
Nuevamente empezó la represión por parte del gremio, hasta hubo amenazas por facebook, por lo que presentamos una demanda penal. Nuestro pedido es por la anulación de esas elecciones porque no puede ser que no haya fiscales en el conteo de votos y que se convoquen nuevas elecciones limpias para el sector Toyota. Sabemos además, que en el resto de los sectores donde habrá elecciones, van a querer repetir el fraude.
En última instancia, el tema de mi revocatoria, de los despidos de activistas, de las persecuciones y las amenazas no son algo aislado que se haya dado en Metalsa. En parte, hay una resolución política que toma lo más rancio de la burocracia sindical que se reúne y dice “nosotros tenemos que eliminar a los zurdos de las fábricas”. Y por “zurdo” entiende cualquier tipo de expresión independiente de la clase obrera que se les escape de las manos. Fuimos víctima de eso al igual que Lear, Gestamp, Paty y otros lados.
Así, la burocracia está lesionando la organización de los trabajadores, porque es un ataque muy grande a la democracia y la libertad sindical. Los compañeros tienen que poder expresarse en asamblea sin miedo a ser marcados y echados. No puede ser que haya persecución porque alguien piensa de determinada forma política.
A escasos días del primero de mayo, donde los trabajadores a nivel internacional darán sobradas muestras de su voluntad de lucha, los trabajadores de Metalsa tienen un gran desafío. Porque en su pelea independiente de los Massa, los Scioli, los Macri y todos los burócratas que los apoyan, deben ponerse de pie. Los reclamos son legítimos. Y merecen la libertad en sus lugares de trabajo, así como en la vida.