En ambos lados del Río Bravo las ideologías conservadoras de la Iglesia, los grupos pro-vida y la derecha reaccionaria, amenazan el derecho a decidir libremente sobre nuestros cuerpos y sexualidades.
Marisol FN Agrupación de mujeres y disidencias Pan y Rosas
Cristina Sol Estudiante de Derecho Internacional, Universidad Autónoma del Estado de México
Lunes 9 de julio de 2018
Profundos cambios políticos atraviesan las realidades de México y Estados Unidos, al calor de la crisis capitalista que estalló en 2008. A 24 años del Tratado de Libre Comercio (TLCAN), ambos países comparten estrechos lazos políticos y económicos, así como importantes relaciones sociales y culturales.
En EEUU después de una enorme lucha de las mujeres, el aborto fue despenalizado en todos los estados en 1973, pero esto no significo un avance en la cobertura en los hospitales para que ese derecho fuera garantizado. Actualmente siguen siendo clínicas privadas, aunque algunas de ellas obtienen recursos para ayudar a abortar a mujeres que no tienen recursos.
En la década de los 90s con la “apertura democrática” se institucionalizaron las demandas de las mujeres, con la ampliación de leyes, protocolos, introduciendo la “perspectiva de genero”, y la incorporación de las Organizaciones No Gubernamentales ONG. Todo esto a costa de la implementación de planes de ajuste que precarizaron la vida del conjunto de la clase trabajadora, y que el feminismo combativo de los 70s pasara de dar una pelea en las calles a administrar los derechos, muchas de ellas incorporándose a las instituciones.
Sin embargo, en tiempos de crisis, lo que ayer otorgaron con la mano izquierda, hoy pretenden arrebatarlo con la derecha. Esto se expresa en el ascenso de sectores reaccionarios encabezados por Donald Trump en Estados Unidos; como la amenaza de poner un nuevo y conservador juez en el Tribunal Supremo que atente contra el derecho al aborto, o el recorte presupuestal a clínicas y grupos que facilitan el aborto impuesto por Trump.
Por otro lado, tras la aprobación de la Interrupción Legal del Embarazo (ILE) en la CDMX en 2007, la criminalización a las mujeres por abortar en otros Estados, así como las muertas por abortos clandestinos aumentaron. Recientemente, con el triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador y el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) es posible el fortalecimiento de la derecha evangélica, homófoba y antiaborto expresados en el Partido Encuentro Social PES, que son sectores con los que el actual presidente electo pacto para aumentar la votación.
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Sobre este contradictorio escenario político, marcado también por la emergencia de un movimiento internacional de mujeres, hoy reaparece en el centro del debate la lucha por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito en todo el mundo
Mujeres: migrantes y trabajadoras
A su llegada a Estados Unidos, las mujeres migrantes junto al resto de sus compañeros viven la xenofobia, la discriminación y son duramente perseguidos, sumado a esto se enfrentan a las peores condiciones laborales en dichos país, siempre amenazados con aceptar dichas condiciones o ser reportados con la policía migratoria. Hoy además, se enfrentan a la cruel separación de sus familias producto de las políticas racistas del republicano Donald Trump, antecedidas por el expresidente demócrata Barack Obama y replicadas por su homólogo mexicano, Enrique Peña Nieto en suelo mexicano.
En el cruento camino rumbo al “sueño americano”, el 80% de las mujeres migrantes en su paso por México –en su mayoría centroamericanas– sufren violencia sexual.
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Estas mujeres y sus familias no son las criminales que dice Trump. Se trata de trabajadoras pobres que debido a la falta de empleo, o las pésimas condiciones laborales impuestas para las mujeres, sumado al recrudecimiento de la violencia y militarización en sus países de origen –ordenadas desde la Casa Blanca hacia América Latina– se ven obligadas a migrar en búsqueda de un futuro mejor.
Los flujos migratorios entre 2009 y 2014 muestran que, de 719 mil 242 emigrantes hacia Estados Unidos, el 25.9% son mujeres (186 mil 479).
Fuente: INEGI 2014
Previo al cruento camino rumbo a la frontera norte de México, estas mujeres se ven obligadas a tomar anticonceptivos y esconder sus cuerpos, pues saben que la violencia sexual y racial es una constante en ambos lados del Río Bravo. Para aquellas que logran llegar a Estados Unidos en donde el aborto es legal, este derecho democrático está condicionado a su situación migratoria y su pertenencia de clase
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Según con datos del Consejo Nacional de Población (CONAPO), las personas migrantes de origen mexicano se insertan en actividades relacionadas con los roles de género tradicionales.
De acuerdo con datos de la CONAPO 2015, además de tener menor participación en el mercado laboral y menores ingresos, son más las mujeres que viven en situación de pobreza. En el periodo de 2013-2015, 30.3% de las mujeres migrantes se encontraban en situación de pobreza, contra el 22.3% de los hombres. El 16.0% de ellas gana 10 mil dólares o menos al año, en tanto que solo el 5.7% de los hombres tiene tan bajo nivel salarial
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¡Unir fuerzas en ambos lados de la frontera!
Mientras las ricas y empresarias se practican abortos seguros en clínicas privadas, las mujeres pobres, jóvenes, trabajadoras y migrantes pagan con su salud, su libertad y hasta con sus vidas, la clandestinidad del aborto y la doble moral de los grupos que se dicen “pro-vida”.
Además de las consecuencias de abortos clandestinos, estas mujeres enfrentan cotidianamente la violencia, la precarización laboral y la feminización de la pobreza en sus comunidades. En contraste, las empresas transnacionales obtienen ganancias multimillonarias producto de la superexplotación la clase obrera internacional -compuesta mayoritariamente por mujeres- en México, Estados Unidos y el resto del mundo.
Ante el fortalecimiento de sectores reaccionarios y conservadores que niegan u obstaculizan el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos en México y Estados Unidos, es urgente la organización de las mujeres migrantes y trabajadoras en ambos lados del Río Bravo y contra un enemigo en común: el Estado capitalista y sus instituciones racistas, patriarcales e imperialistas.
Tomemos el enorme ejemplo e Argentina, impulsemos un potente movimiento de mujeres a ambos lados de la frontera, con nuestros compañeros de clase, de manera independiente, combativo y en las calles, en defensa de nuestros derechos, y por aborto legal, seguro, libre y gratuito, garantizado en todos los hospitales, además de exigir la libertad inmediata a todas las presar por abortar.
Porque la fuerza organizada de las mujeres puede conquistar no solamente demandas democráticas como el derecho al aborto, como las compañeras en Argentina que participaron de la enorme jornada del 13J, y despues se sumaron al Paro nacional contra Macri, sus políticas de ajuste y la subordinación al FMI. Nuestra fuerza también puede potenciar la lucha de la clase trabajadora internacional en contra la explotación y por un mundo libre de cualquier tipo opresión y violencia.
Es por eso que desde la Agrupación Internacional de mujeres Pan y Rosas te invitamos a organizarte con nosotras y a pelear juntas desde esta perspectiva en nuestras escuelas, barrios y centros de trabajo.
De quienes no le pedimos nada a nadie ¡exigimos lo que por derecho nos corresponde!: nuestro derecho al pan, pero también a las rosas.
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