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CRÓNICA // OPINIÓN. En defensa de la vida, a pesar de todo

Vivencias cotidianas en un día de trabajo en el Hospital Gral. de Agudos Gral. San Martín. La crisis de la salud pública, un tema que ni el gobierno kirchnerista ni el actual de Cambiemos han puesto en la agenda política.

Natalia Aguilera Enfermera. Congresal de Cicop del Hospital San Martín de La Plata por la Lista 5 en la Multicolor

Jueves 21 de julio de 2016

Como trabajadora de la salud veo cotidianamente el deterioro de los hospitales públicos, algo que ni el gobierno K, ni el actual gobierno de Macri está dispuesto a poner en la agenda política. Un ejemplo de para qué sectores gobiernan.

Quienes asisten diariamente a los hospitales pueden dar cuenta de la desinversión, la falta de insumos y personal; es decir la privatización encubierta en la que está la salud pública. Claro está, ninguno de éstos políticos patronales asiste, sino que es el pueblo trabajador, y somos los trabajadores sanitarios quienes sostenemos la atención. Vivencias cotidianas en un día de trabajo.

Todo comienza a cama caliente: sale un paciente que “está bien”, porque viene uno que está peor. Una limpieza rápida, (y se escucha: ya, pero ya llega). Lo que es muy frecuente en la salud pública, mucha demanda para las poquísimas camas que hay, y cada vez más necesidad del pueblo trabajador. Llega el paciente, con el piso aún mojado…y es ahí donde empieza la movida en la terapia intensiva. En ese momento cada profesional va contando lo que le viene pasando a ese sujeto que está despierto, con miradas brillosas y desconcertadas, sin entender qué es lo que hablan sobre él. Es muy joven, con muchas ganas de vivir, con miedos de no entender que le está pasando, pero sabiendo que nada está bien. Mientras tanto los minutos corren, aunque a veces se enlentece casi al punto de parar. Es ahí donde las enfermeras y enfermeros, con mucha adrenalina, corren, gritan, discuten por ver a quien le dan la última guía, llave de tres vías, nariz, filtro, o cualquier insumo porque cada vez hay menos. Es en ese momento donde respiran profundo y se miran entre ellos, miran a los compañeros y también al paciente… y todos parecen llenarse de odio.

Empiezan a sentir como cada vena de su cuerpo está a punto de estallar, y ahí, en voz alta, se preguntan: “¿por qué vine hoy?”. Mirando a su alrededor, con una laguna en los ojos. Pero de repente se escucha al paciente “gracias por decirme que es lo que me está pasando”. Tu compañero que te dice “paramos el sangrado, está mejor”. Es ahí donde uno se convence de que nada de lo que hace es en vano, que a pesar de que haya caídas, hay otros que se levantan. Me siento como muchos de ustedes.

Todos los días es una gran gimnasia para ponernos en movimiento, para atrevernos a desafiar. Es ahí donde damos cuenta de la enajenación a la que somos sometidos para que sólo pensemos en trabajar, y no en cómo cambiar o transformar la realidad. No nos acostumbremos a esta situación, hay que enfrentarla, pensar distinto, cuestionar. Esta realidad la vivimos a diario los trabajadores hospitalarios. Somos nosotros los verdaderos sostenedores de la salud pública, contra el sistemático vaciamiento de los gobiernos de turno, ayer el kirchnerismo y hoy Cambiemos con Macri y Vidal a la cabeza. Para ellos los trabajadores somos un número, sin importarles los costos que esto conlleva: condiciones de trabajo brutales, precarización y tercerización, jornadas de más de 10 horas para poder llegar a fin de mes a costa de nuestra salud. Y para los que asisten a los hospitales hay largas colas para un turno, de 3 a 6 meses para una cirugía, internaciones que se complican incluso hasta llegar a la muerte. Esta situación es producto de la desinversión, falta de insumos y personal que pronto va a llevar a un colapso de la salud pública. Ante esta situación los trabajadores realizan a diario enormes esfuerzos para administrar los escasos recursos y poder garantizar la atención de los pacientes.

La organización, a través del desarrollo de agrupaciones, en cada lugar de trabajo y estudio es la clave para resistir y enfrentar el ajuste y los tarifazos, como hacemos con mis compañeros, cotidianamente en el hospital.

Canalizando esa bronca que sentimos ante todas las vivencias que tenemos debemos transformarlas en motivos para seguir luchando, no solo por nuestros puestos de trabajo y condiciones de vida; sino además atacar nuestro verdadero enemigo: un sistema social que genera hambre, familias en la calle, discriminación, maltrato, miseria, pobreza para los trabajadores; mientras unos pocos se la siguen llevando en pala. Es por eso que la construcción de una herramienta política de los trabajadores, las mujeres y la juventud se hace imprescindible.