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Red Internacional
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Tribuna Abierta. En defensa del humor más negro

Reproducimos la opinión de Rocío García en respuesta a la nota "Gatos en el Espacio: el ’humor’ como excusa para humillarnos".

Martes 23 de febrero de 2016

“Jajaja…Oh ¿de qué me estaba riendo?¡Del obrero invalido! Jajaja…”. Mr. Burns. Temporada 5. Capitulo 10: “Problemas con el juego”.

“Somos anarquistas en el terreno de la investigación científica y la creación artística y por ende rechazamos cualquier exigencia vinculada al realismo socialista”. Extraído del Manifiesto por un arte revolucionario independiente.

La frase que encabeza todo lo que voy a escribir era la que cerraba con broche de oro una escena hilarante de las viejas temporadas de Los Simpsons. Era imposible no reírse, uno no podía no reír por lo absurdamente cercano que se nos hacía dicha escena. Su materia prima era la realidad. La realidad de las condiciones laborales, la de las vejaciones, de la precariedad, de la miseria. Una realidad que uno tranquilamente puede vivir. Y ese era exactamente el chiste. Uno lo entendía y se reía. Porque ahí está su principal función. Reírse de nuestras desgracias, propias o ajenas no importa.

¿Cómo uno puede reírse de algo tan horrible?. La respuesta la encontré un día que leía una selección de Sasturain sobre humor negro y una frase resaltaba sobre las otras. Era de Boris Vian y decía así “El humor es la cortesía del miedo”. Pero ¿Qué se quiere decir con cortesía?. Cortesía es amabilidad, buena educación.

Es eso, el humor seria la amabilidad, la tregua, el descanso que nos presta el miedo ¿Pero miedo a que? Pues miedo a lo que es. Miedo a la realidad que nos rodea, tan sombría y cruel. Poder reír, por lo tanto, es un consuelo. Poder sacar retazos de esa oscura realidad y convertirlos en producto de nuestro ingenio para nuestro propio divertimento no es más que digna muestra de la capacidad creadora del ser humano. Porque el humor es muchas cosas pero ante todo es eso, un producto de nuestra realidad.

Como toda expresión social, ya sea el porno, el cine, el comic, etc. todas muestran lo que la sociedad que las engendre tenga para mostrar y aspire a mostrar. Por eso no se le puede pedir a un chiste que no sea ofensivo, lo será en tanto lo sea el pedazo de realidad que nos está mostrando. Y la risa no invisibilizará la realidad, la expondrá, nos la mostrara como un espejo de lo que somos como Sociedad. Un espectáculo grotesco y amargo pero ante el cual nos podemos reír al entender lo que somos, entender el sin sentido, lo absurdo y lo grosero. Lo ofensivo y provocador. Por eso el humor tiene doble filo.

El humor también lastima. Los limites son tan ficticios que uno nunca sabe cuando esta apuñalando. Y, sin embargo, pedir que haya límites es una locura. Pedir un límite dependiendo a quien ofenda seria reducir una manifestación artística, creativa a la censura. Y la censura jamás será una herramienta útil a ninguna causa noble. Jamás. No importa cuánto duela, que tan irritante sea, que tanto nos muestre nuestra propia hipocresía o genuino resentimiento, porque atacar la libre expresión del otro será la piedra con que ataquen la nuestra.

No se puede condenar a ningún acto creativo a ninguna cadena, no importa que tan noble sea tu lucha, tú causa. No se puede imponer, someter ni censurar. ¿Qué sería de nosotros si utilizáramos los mismos métodos que condenamos? La libertad de expresión tiene un precio y es la de escuchar opiniones que incluso uno condenaría. Es la paradoja de la democracia.

Me gustaría decir que tampoco someto a alguien más a corrección política, pero eso lo hago todo el tiempo, aunque sea de forma inconsciente. Intentar corregir políticamente a alguien con ideas distintas a las de uno es casi imposible de evitar, las intenciones de hacerlo son naturales. Defendemos lo que creemos correcto. Es un deber moral… pero, no hay una sola moral. Esta depende de tantas cosas, entonces ¿Quién soy yo para decirle a una persona que temas no deberían ser abordados por la música, el arte y el humor? No, no soy nadie. No soporto a quien me dice de qué me debo reír como tampoco soportaría obligar a alguien a reírse de algo que no le causa gracia. Porque al fin de cuentas, el límite del chiste es eso: Que logre hacerte reír o no. Pero ese no es un límite moral en tanto no haya una única moral.

Algunos de ustedes me dirán posiblemente: “Vivimos en una sociedad patriarcal donde la mujer se encuentra en una situación sumamente vulnerable, es cosificada como objeto erótico masculino y sufren de tratos desiguales sin razón alguna. El reírse de violaciones, femicidios y discriminación naturaliza dicha situación.” Mi respuesta es que, yo como mujer de clase baja y fuera de los estándares de belleza dominantes, estoy bastante consciente de dicha situación, pero los temas de humor no son perpetuadores de situaciones lamentables sino que solo las ponen en un contexto absurdo, satírico e hilarante que busca visibilizar situaciones cotidianas o no que nos son propias como seres humanos que somos, con nuestras desvirtúes, nuestros conflictos y, lo más importante, nuestras contradicciones.

Las verdaderas perpetuadoras de miserias, jerarquizaciones absurdas de las diferencias, e injusticia son las relaciones de producción, la forma en que se divide el mundo entre unos pocos que lo tienen todo y unos muchos que no tienen nada. Por lo tanto pensar que uno debe enfrentarse al chiste y a quien se ríe es inútil en tanto significa luchar contra un espantapájaros. El problema no es el chiste, el problema es la realidad que refleja. Hay que cambiar esa realidad para cambiar el chiste.

El humor es un truco de magia que nunca entenderé muy bien como se hace. Reír no es cualquier cosa, quitando la química, el reír es una cuestión política. Reír es un acto político. Reír de lo que uno nunca pudo reír es un acto emancipatorio. No cualquiera se atreve a reír de cualquier cosa en público, hay temas tabú que son cuestión de sanción social.

Pero vayamos a lo importante, reír es una herramienta increíble. Nunca olvidare el relato de un superviviente del Holocausto que contaba como usaban el humor negro en el día a día dentro del campo. Mientras, muertos de hambre, frio, y a merced de enfermedades, tortura y desesperanza se animaban entre ellos riéndose de su posible muerte ese mismo día. Ellos se reían del destino más atroz e injusto porque eso los ayudaba a sobrevivir.

El humor es una cosa hermosa porque no es una sola cosa y ya. Puede ser una trinchera, una demanda, una rebeldía, una herejía, una insolencia, una resistencia ¿Y cómo no ser todas esas cosas si el humor es parte de nuestro mecanismo de defensa? No se lo puede negar. Por eso no puedo censurar a nadie que quiera reírse o hacer chistes que parecen traspasar el límite de lo permitido, como tampoco puedo obligar a nadie a que le de gracia cualquiera de los chistes delirantes y espeluznantes de los cuales yo me rio.

Por eso, hoy hago apología al humor más irreverente, negro, morboso y siniestro. Porque una vez que uno se enfrenta ante la realidad del chiste solo hay dos caminos. Los que entendieron el chiste y eligieron reír como la mejor forma de enfrentarse ante un mundo tan oscuro mientras se preparan para lo que vendrá y los que también lo entendieron pero no le encontraron la gracia y rehusaron dicha cortesía por anhelo de justa y pronta revancha.

Para quien esperase que me pusiera a ridiculizar a los ofendidos creo que los voy a decepcionar. No voy a hacerlo porque puedo comprender, yo tampoco supe encontrarle la gracia a algunos chistes.

A mí también la sociedad actual me produce desconsuelo, malestar y bronca. Pero en vez de negarme de forma mecánica y encerrarme a esos chistes que no me dieron gracia y, al contrario despertaron en mi un odio y abrieron heridas que nunca cerraron bien del todo yo prefiero exponerme, aceptar la provocación, entender el desafío de cambiar la realidad que se nos presenta, negarla de forma dialéctica con acciones, intentar destruirla para volverla a armar.

Yo creo que si tuviéramos que ridiculizar a alguien seria a los que se ríen y aun así no entienden de lo que va el chiste. El lado oscuro del humor, nuestra sociedad.
Con este panorama, la tarea es clara, tanto para los que eligieron reír como para los que se rehusaron. Parafraseando a Marx, no hemos hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.

¡Ofendidos e irreverentes de todos los países, uníos!