Venezuela se debate entre un gobierno cuesta arriba y una derecha que aún no puede.
Milton D’León Caracas / @MiltonDLeon
Viernes 18 de marzo de 2016
La derecha venezolana siempre pensó que serían los primeros en desbancar a uno de los gobiernos posneoliberales de la región, el chavismo, ensayando todo tipo de políticas, desde golpes declarados, boicots económicos, boicots políticos, movidas con acciones violentas de calle para forzar “la salida”, y luego de su triunfo parlamentario del 6D con políticas directamente destituyentes, pero observa cómo en otros países la derecha continental se le anticipa.
Fuerza electoral pero poca capacidad de movilización en la calle
Contradictoriamente Venezuela es el país con mayor crisis económica de la región sin parangón con respecto al resto de los países de América Latina. Esto transforma la situación angustiante para las amplias masas, así como también el de mayor crisis política en un gobierno que se ve a la deriva con un declive sin precedentes que muchas veces da la impresión que ha perdido el control, además de permanentes tensiones políticas endémicas.
Es el país del “Pero nunca nos faltará Dios. Dios proveerá” de Maduro cuando hizo rendición de su Memoria y Cuenta el año pasado hablando de la crisis económica, y ha transcurrido más de un año en que todo tiende a empeorar con fuerte escasez y desabastecimiento, inflación galopante, carestía de la vida y una aguda y constante caída del Producto Interno Bruto.
En tal situación la derecha continental e internacional consideraba que el gobierno de Maduro sería el primero en que marcara el punto de inflexión en la región. Sin embargo, se han percatado de que, si bien Maduro es un gobierno que ya no da más de sí, se tiene a una oposición que aún no puede, mientras ve que los tiempos se aceleran mucho más en otros países.
Es claro que uno de los puntos de sostén es que Maduro mantiene fuertemente el apoyo de las Fuerzas Armadas, un fiel de la balanza al cual se le viene haciendo mayores concesiones económicas y políticas, además claro está del control que se tiene del Tribunal Supremo de Justicia. Pero una de las grandes debilidades de la derecha es que se le hace difícil mostrar fuerza de calle al estilo por ejemplo de lo que ocurre en Brasil, carece de esa capacidad de movilización, mostrando al momento que su fuerza solamente es electoral. Esto es lo que le ha impedido al momento avanzar aún más en sus planes destituyentes.
El empujón del imperialismo para que la oposición se “apure”
Pero el imperialismo yanqui ha querido dar de nuevo su empujón en Venezuela, aprovechando la coyuntura internacional. Obama quiere dejar su legado, así como lo hace en Cuba, en Colombia y en otros países, y buscar en la medida de lo posible que durante su paso por la Casa Blanca también dejó las cosas “ordenadas” en Venezuela.
Por primera vez el Presidente estadounidense habló de “cambio de gobierno” en Venezuela. No hace más de una semana, muy cínicamente, Obama había afirmado en una entrevista en la revista The Atlantic que no trató como un “adversario” a Hugo Chávez porque no le veía como una “amenaza”. Pero de “repente” el gobierno de Maduro se transformó en una “amenaza” para la “seguridad nacional” de Estados Unidos con su Decreto, y este mismo mes, al cumplirse una año, ha renovado dicho Decreto porque ahora Venezuela ya no sólo es una “amenaza” para los Estados Unidos sino que incluso para los países de la región. Cinismo aparte, capaz la administración de la Casa Blanca considera que la figura de Chávez es aún valorada entre grandes sectores del país, sobre todo los pobres, y clava el diente en lo que considera que cuelga más en el aire, para avanzar mucho más en sus planes imperialistas en la región.
Barak Obama muy suelto de cuerpo, y con claro carácter injerencista declaró en una entrevista a CNN que “Mientras más pronto el pueblo venezolano pueda decidir un Gobierno en el que confíe que es legítimo, y que pueda comenzar a instituir políticas económicas que lo saque de la espiral en la que se encuentra, mejor será para todos nosotros”. La derecha del país agradece y lo ha considerado como un visto bueno declarado y abierto por parte del imperialismo para avanzar en sus políticas destituyentes. Por su parte Maduro sostuvo que las declaraciones de Obama dan "luz verde para el golpismo y el terrorismo, luz verde para la locura".
Pero las declaraciones de Obama, más que una política antiimperialista, Maduro las usa para buscar desviar la atención política de la situación angustiante. Mientras avanza en planes económicos antipopulares como la devaluación de la moneda, el aumento de la gasolina y hasta antinacionales como acuerdos con transnacionales como la Gold Reserve para solo mencionar alguna, y la sangría que significa el pago de la deuda externa honrando su “compromiso” con los acreedores internacionales acosta de agudizar el desabastecimiento y la carestía de vida.
Cuando la “fuerza” también viene del sur
No sólo su triunfo electoral del pasado 6D en las parlamentarias envalentonó a la derecha, sino los acontecimientos políticos que venían del sur del continente evaluando que esto socaba también al gobierno de Maduro. El triunfo de Macri lo festejaron como propio, y a casi 100 días de gobierno, consideran al nuevo inquilino de la Casa Rosada como un fiel aliado quien, a las pocas horas de la declaración de Obama en CNN respaldaba al injerencista yanqui y declaraba que “Yo tomé una posición muy clara y contundente en favor de las libertades del pueblo venezolano”. No es necesario aclarar que para el impresentable derechista Macri, “pueblo venezolano” es sinónimo de sus aliados de la derecha venezolana, y en momento alguno el pueblo trabajador de nuestro país caribeño.
Los vientos del altiplano boliviano también les llegan alentadores para la oposición, lugar desde donde menos se lo esperaban, con un Evo Morales trastabilloso luego de la derrota en el referéndum y envuelto en escándalos que cada vez más lo debilitan, festejando que ahora el “indio” como despectivamente lo llaman, no podrá candidatearse de nuevo. Aunque Evo Morales, en su oportunismo, no se hace problemas en danzar con el diablo, como lo demostró en su partido de futbol con Macri en Argentina, como hacer acuerdos con grupos económicos y transnacionales.
Pero donde la derecha se mantiene expectante y es su gran foco centralizado es en las movilizaciones que la derecha está llevando a cabo en Brasil contra el gobierno de Dilma Rousseff, el PT y Lula. Como si fuese un partido de mundial de futbol, no desprenden el ojo expectante esperanzados en ver que el gobierno de Dilma Rousseff se derrumbe, y con ello que arrastre también a la propia figura de Lula, considerando que sería el punto de quiebre para una ofensiva mayor en Venezuela, ya que terminaría de dejar a Maduro sin apoyo regional.
La necesidad de una salida independiente
El pueblo pobre venezolano, los trabajadores y sectores de las clases medias bajas vienen padeciendo la fuerte crisis económica que sacude al país. Maduro no se cansa de hablar que a pesar de la crisis y la caída de los precios del petróleo no recorta los planes sociales como las Misiones, pero esto no es más que una farsa, en los hechos prácticamente se encuentran paralizadas por la ausencia de fondos, y el tremendo “ahorro” de divisas que el gobierno hace para poder saldar sus “compromisos” con los buitres internacionales, y ahora con la pomposa Agenda Económica Bolivariana para destinarle recursos a los empresarios. El ajuste ya se aplica, no sólo por los aumentos de gasolina, la devaluación y otras medidas en curso, sino sobre todo por el acicate de la galopante inflación que golpea fuertemente el poder adquisitivo del pueblo trabajador.
Y mientras la crisis del gobierno se profundiza, la derecha acelera su demagogia política buscando embaucar al pueblo, pero se trata de una oposición carnalmente ligada a los empresarios, que busca también lanzar sobre las espaldas de los trabajadores y del pueblo los costos de la crisis, no en vano se inspira en el ajustador Macri, y en tanto gobierno neoliberal y antiobrero de la región.
Es por esto que el pueblo trabajador tiene que hacerle frente a las políticas del gobierno de Maduro, que se sigue travistiendo de “socialista” pero de lo que no tiene nada, al mismo tiempo no dejarse engañar por la demagogia de la oposición de derecha. En medio de la crisis que vive el país, los trabajadores y el pueblo pobre, tienen que luchar por una salida independiente, partiendo de la confianza en sus propias fuerzas, organizándose desde ya en cada lucha, en cada conflicto, coordinándose con los trabajadores de otros lugares de trabajo, para que la crisis no siga cayendo sobre sus espaldas. Una herramienta política de los trabajadores se hace necesaria para aglutinar a todos aquellos que comienzan a sacar las lecciones de fracaso del chavismo y que esta crisis no la termine de capitalizar la derecha, alrededor de un programa de independencia de clase.