Con la cuarentena anunciada desde el martes para Antofagasta y el 80% de las comunas de Santiago, gran parte de la juventud trabajadora seguirá asistiendo a sus trabajos, exponiéndose al contagio, mientras los que están cesantes tienen que intentar resistir los problemas económicos sin ningún tipo de garantía. ¿Cómo enfrentar esta situación?
Viernes 8 de mayo de 2020
Este martes se implementó la cuarentena en la ciudad de Antofagasta y en el 80% de las comunas de la Región Metropolitana, demostrando el fracaso de la “nueva normalidad” anunciada por el Gobierno.
En este sentido, en la segunda región la alcaldesa Karen Rojo y la diputada Paulina Núñez apoyaron la medida. Sin embargo, aunque era algo que muchos esperaban, las críticas no se hicieron esperar, apuntando a que la medida había llegado completamente tarde.
A esto debemos agregar que sólo ha significado más control sobre la vida de los trabajadores y el conjunto del pueblo pobre, además de la profundización de un estilo de vida agobiante, custodiada por carabineros y militares, en donde es necesario pedir permiso para todo; lo que no ha significado un aumento en las medidas de prevención y contención del contagio, ni menos en una mejora en las condiciones de salud.
Y es que la realidad es que esta cuarentena está hecha a la medida de los empresarios. Los sectores no esenciales siguen funcionando, como la minera, sectores del retail y comercio no alimentario o de higiene, como la industria, y lo peor es que lo hacen en precarias condiciones de higiene y seguridad. En este sentido, es totalmente claro que al gobierno de Piñera le interesa proteger las ganancias empresariales, por sobre la necesidad vital de contener realmente el avance del virus. Condenando a millones a vivir sin trabajo o expuestos al contagio, fortaleciendo a la vez la represión de carabineros y militares en las calles. ¿A quienes busca silenciar y contener?
Esto lo podemos ver en la represión a las movilizaciones pacíficas del 1ro de mayo, con detenciones a la prensa, dirigentes sindicales y personal de salud, mientras exigían insumos, mejores condiciones laborales y no despidos. También en el transporte de milicos y FF.EE a las regiones, sacando incluso a las boinas negras a patrullar en las comunas bajo cuarentena en la Región Metropolitana. ¿Contra quién está luchando el gobierno? ¿Contra el virus o contra la clase trabajadora y todo ese sector de la población que salió a la calle durante el estallido social?
¿En qué condiciones está la juventud trabajadora pasando esta cuarentena?
La cuarentena recientemente impuesta encuentra a la juventud trabajadora siendo despedida, o bien, trabajando en los sectores más precarios; muchos ni siquiera tienen contrato, otros han optando por trabajos part time en retail o de repartición de servicios (Rappi, UberEats, Pedidosya). Este sector se encuentra en una línea de fuego abierto de los empresarios, también resulta, que algunos son parte de los sectores esenciales de la producción: alimentación, repartición de productos y servicios derivados, que no pueden paralizar sin más, porque son necesarios para el sustento de la vida.
Los que continúan trabajando en delivery, retail y otro servicios lo hacen en condiciones precarias sin insumos de higiene. En este sentido, los que mantienen trabajos informales, ya sea sin contrato o en los servicios de delivery ven esta situación mucho más agudizada, ya que la mayoría de las veces los implementos entregados por los jefes no alcanzan para toda la jornada laboral o, en el peor de los casos, debes llevarlos tú mismo, lo que es una tarea difícil con el stock de alcohol gel y mascarillas. Todo esto sucede mientras los empresarios se reparten sus ganancias, como lo hace Cencosud o LATAM.
Organizarnos para sobrevivir
Ante los ataques empresariales y la crisis del COVID lo que la juventud trabajadora necesita es organizarse, tomando en sus manos las lecciones que nos dejó la revuelta de octubre -que aún no se cierra- junto con la exigencia más rabiosa a la CUT para que rompa este silencio cómplice y criminal, para que de una vez llamen a paralizar los sectores no esenciales, con el objetivo de conquistar un plan de acción para enfrentar la crisis a la medida de los trabajadores y no de las ganancias capitalistas, por un sueldo mínimo de emergencia de 500 mil pesos, en base a impuestos a las grandes fortunas, como las millonarias ganancias de las mineras del norte, y la prohibición total de los despidos durante esta crisis.