La guerra y el nacionalismo de las vacunas estalló este miércoles en Europa tras difundirse que en un depósito de Italia había 29 millones de dosis de AstraZeneca. Las peleas sobre si el destino es el Reino Unido o la Unión Europea, se convierten en un nueva capítulo del Brexit, y dejan al desnudo la crisis de las vacunas por el lobby de las farmacéuticas.

Juan Andrés Gallardo @juanagallardo1
Miércoles 24 de marzo de 2021 12:13
El Brexit volvió a meter la cola en Europa y esta vez en medio de la guerra de las vacunas. Un total de 29 millones de dosis de la vacuna de AstraZeneca se encuentran bloqueadas tras ser encontradas en un depósito de la farmacéutica Catalent en Anagni, cerca de Roma.
La pelea que desata en medio de la escases mundial de vacunas es sobre el destino de las mismas. El Reino Unido, sede de la investigación de Oxford AstraZeneca, las reclama como propias, mientras que la Unión Europea (UE) denuncia que son parte de las dosis prometidas para la Europa continental.
El diario italiano La Stampa, que publicó la denuncia, precisa que se trata de una cantidad por la que estarían compitiendo Bruselas (sede de la Unión Europea) y Londres (Reino Unido). Mientras que para la UE se trata de "un suministro equivalente al doble de las dosis recibidas hasta ahora de la empresa anglosueca (16,6 millones), para los británicos, esta cantidad de vacunas "es imprescindible para garantizar la segunda dosis a casi quince millones de ciudadanos".
Por lo tanto la discusión que abrió en Europa es si el laboratorio de origen anglo-sueco da prioridad al Reino Unido por sobre el resto de los países, más allá de los contratos firmados. Está discusión es en realidad un hecho en todo el mundo: luego de haber garantizado las millonarias fortunas para las farmacéuticas que apadrinan y financias distintos países imperialistas, ahora sigue el hecho expreso de que les garanticen dosis prioritarias para esos países, sin importar los contratos firmados.
El descubrimiento de esta impresionante cifra de vacunas escondidas tuvo lugar luego de la visita del comisario europeo de Mercado Interior, Thierry Breton, a la planta de Leiden, en Países Bajos, gestionada por Halix. Esta es una de las dos plantas que utiliza la empresa farmacéutica para producir el medicamento en la UE (la otra está en Seneffe, Bélgica).
El problema es que la planta de Halix no ha obtenido aún la autorización de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA), por lo que sin su visto bueno, las dosis no pueden ser entregadas a los países de la Unión Europea.
Esto, sin embargo, no es aplicable al Reino Unido que, de hecho, en los últimos meses habría importado todas las vacunas producidas en la fábrica holandesa.
Las dudas sobre qué estaba pasando con las dosis que se producían en esta fábrica de Países Bajos, llevaron a investigar la planta italiana donde se encontraron las 29 millones de vacunas. Allí quedó claro que en la planta de Catalent en Anagni, era utilizada por AstraZeneca para el llenado y acabado de cada frasco.
El primer informe enviado a Bruselas dice que en los frigoríficos de los almacenes de esta localidad de la región del Lacio hay 29 millones de dosis de la vacuna y fuentes de la UE explicaron al diario que probablemente no todas fueron producidas por Halix, pero están preparadas para ser inyectadas y la farmacéutica pretendía enviarlas al Reino Unido y no a los países de la Unión Europea.
El Gobierno italiano dijo este miércoles que las dosis iban a ser destinados a Bélgica y no al Reino Unido, como informó hoy el diario La Stampa, sin embargo aún no hay confirmación oficial de la empresa ni del Reino Unido.
Esta guerra ante la escases global de vacunas es el resultado directo de la irracionalidad capitalista que anta una pandemia mundial ha privilegiado las ganancias de las farmacéuticas.
La Unión Europea y Estados Unidos se opusieron frontalmente en la Organización Mundial del Comercio al pedido encabezado por India y Sudáfrica para que se liberen las patentes de las vacunas y se puedan fabricar libremente y en forma masiva. Esta resistencia, que afecta en primer lugar a los países más pobres, muchos de los cuales no tienen prácticamente acceso a alguna de las vacunas, también está empezando a afectar a los países ricos a medida de la lentitud en la vacunación se combina con la extensión de nuevas variantes del virus, más contagiosas, y un cierto relajamiento tras un año de confinamientos unilaterales. Y eso es lo que se puede ver en esta escándalo de AstraZeneca.
El aumento de nivel de contagios en todo el mundo es notorio. En Europa algunos países volvieron a algún tipo de confinamiento total o parcial (como Italia o Francia), mientras que otros discuten qué hacer. Alemania, anunció un cierre total durante las Pascuas, medida que fue descartada por la canciller Angela Merkel a tan solo 24 horas de ser anunciada por las presiones internas de los gobiernos regionales y las grandes empresas que privilegian una economía abierta y sus ganancias por sobre la salud y la vida de millones de personas. América Latina, por su parte vive una situación trágica en Brasil, donde el negacionismo de Bolsonaro y la política de los gobernadores llevó al récord mundial de 3100 muertos en un solo día, mientras que la mayoría del resto de los países registran aumentos de contagios a diario.
Todos los especialistas ya aseguran que la combinación de escases de vacunas y distintos ritmos de inoculación a nivel internacional, junto a la circulación de nuevas cepas están llevando al mundo a un nuevo nivel de la pandemia. Ambas situaciones podrían ser remediadas si no fuera por la irracionalidad capitalista que impide que se suspendan las patentes de las vacunas para que estas se puedan producir de forma masiva, en todos los países que puedan hacerlo y a bajo costo, para su distribución mundial inmediata. Por otra parte, ante la circulación de nuevas variantes más contagiosas que la original, los gobiernos no han hecho más que decretar cuarentenas unilaterales e incluso estados de sitio, como política represiva que tiene en el centro del discurso la culpabilización de las personas e individuos por la propagación del virus.
Los distintos gobiernos apostaron a la vacunación como salvación rápida para salir de la pandemia. De esta manera evitaron fortalecer los sistemas de salud desfinanciados durante años de ataques neoliberales, o mejorar y producir masivamente test para hacer un rastreo de casos que permita tomar medidas sanitarias localizadas y racionales, en lugar de cierres totales o políticas represivas.
Ante esta irracionalidad, es más urgente que nunca la exigencia de la liberación total de las patentes y la intervención estatal inmediata de todas las farmacéuticas y laboratorios, para ponerlos bajo control de los profesionales de la salud y al servicio planes racionales de producción y distribución de vacunas y testeos, en la perspectiva de nacionalizar estas empresas bajo control obrero, junto con los recursos del sistema de salud privada. Estas junto a otras medidas urgentes de carácter sanitario, económicas y sociales son necesarias para que las ganancias de un puñado de empresas y países no siga estando por encima de la vida de millones de personas en todo el mundo.
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Juan Andrés Gallardo
Editor de la sección internacional de La Izquierda Diario