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Red Internacional
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Mundo Obrero Y política. Encuentro de los clasistas de los 70 y los obreros clasistas del presente

El 20 de junio viajamos al sur de Santa Fe. Junto a jóvenes obreros de Lear, VW, MadyGraf y Gestamp, ese día hicimos un alto en nuestras obligaciones y celebramos el cumpleaños de un querido obrero metalúrgico de la ex Somisa, hijo de otro obrero que supo enfrentar, con sus compañeros, la Dictadura.No fuimos a una ciudad cualquiera sino a la mítica ciudad obrera de Villa Constitución.

Mirta Pacheco @mirtapacheco1

Sábado 27 de junio de 2015

Foto: Izquierda a derecha: Zenón Suarez, Liliana militante del PTS organizadora de mujeres precarizadas, Chiche Hernandez: militante desde la década de los 70, obrero de la ex Somisa; José Montes: dirigente del PTS, historico referente del Astillero Río Santiago, militante desde los 70; ex obreros de Villa Constitución también militantes de los 70

Villa…, la ciudad del Villazo que quedó en la historia como el momento en que el combativo movimiento obrero, con su epicentro en los aguerridos obreros de Acindar, a principios de 1974, le asestan un duro golpe a la burocracia sindical de Lorenzo Miguel, a la patronal y al gobierno de Perón que hacía rato ya había emprendido su curso a la derecha.

Lo que pasó después es historia más conocida: un año después el gobierno de Isabel Perón, la odiada burocracia de la UOM y las patronales, sedientos de sangre obrera, devuelven el golpe…muertos y desaparecidos serían la antesala del golpe cívico militar de 1976. Pero en Villa, en sus calles, en las familias obreras, pervive en la memoria esa gran gesta, que se resiste a morir, que es la pesadilla de los sueños de la burguesía.

En realidad esa pesadilla burguesa es miedo de clase que hoy ve un germen de ese pasado en los jóvenes obreros industriales de la zona norte del Gran Buenos Aires, de ese sindicalismo de izquierda que comenzó a hacerse un camino para enfrentar y construir la victoria sobre las ignominias patronales.

Ese mediodía en el camping esos jóvenes obreros de Gestamp, los indomables de Lear, los obreros de la Volkswagen, otros trabajadores y trabajadoras de la zona, muchos con sus familias, se cruzaron con unos cuantos viejos obreros que fueron protagonistas de esas batallas del proletariado industrial de los 70 para celebrar a un amigo y compañero que, sin conocernos, todos teníamos en común.

La vieja tradición de lucha y antiburocrática del proletariado argentino, dándose la mano con la juventud obrera que enfrenta día a día a la burocracia (la sucesora de aquellos años). Jóvenes trabajadores que con la democracia obrera y la independencia política y sindical como método, buscan recuperar los sindicatos como herramientas de lucha para el conjunto de nuestra clase.

Y en ese ámbito de festejo, de baile, de risas, de camaradería obrera conocimos a Zenón un viejo obrero protagonista del Villazo y sus recuerdos nos llevaban a aquellos años:

Zenón Suarez: Soy del Chaco, de origen campesino, las vueltas de la vida y el estudio me trajeron a Rosario y empecé a trabajar en Swift y sin querer ni darme cuenta me encontré en la lucha sindical, digamos que fue así como me fui involucrando en la vida sindical y política. A los 18 arranque, era un momento muy duro, muy difícil para comprometerse, había que hacerse cargo, ponerle el cuerpo hasta el final. Mis ideas venían del peronismo, empecé a hacer mi experiencia desde ahí y empecé a enfrentarme al peronismo cuando empezó a traicionar, más o menos por el año 69. Era la víspera del Rosariazo, donde participé y ahí fui aprendiendo mucho, fundamos la agrupación “La chaira” que salió de ahí, de nuestra militancia en el Swift y tiene un significado especial en Rosario, porque marchamos por toda la ciudad durante el Rosariazo, combatimos a la Policía, tomamos el barrio Saladillo, donde vivían muchísimos trabajadores de distintas fábricas. Yo aprendí ahí, en la lucha misma, aprendí de los despidos, de los ataques patronales, de lo que hacía la burocracia, de los que se vendían, de las listas negras. Aprendí a cambiar de oficio, era todo muy acelerado, había que tomar decisiones repentinamente, ser concreto y actuar rápidamente.

Hice de todo y me pasó de todo, y mi conclusión es que eso es lo que les pasa a los que tenemos la vida ligada a la lucha revolucionaria, era común en ese contexto y así construíamos nuestra propia vida. Milité en varios grupos de izquierda, me dediqué a estudiar el marxismo, mientras intervenía en la realidad que nos atravesaba.

Finalmente termino trabajando en ACINDAR, de donde surgió el Villazo, en el año 74, cuando ocurren los hechos de Trelew y otros y soy fundador de la lista Marrón. Me integro en la fábrica donde se había habilitado un laminador, una inversión con mucha tecnología, automatizada, muy moderna para la época y como mi oficio era de electricista, quedo en ese sector. Me encuentro con compañeros de distintos grupos políticos”.

LID: ¿Antes contaste que te identificabas con las ideas peronistas en tus inicios, pasados los años, que relación tenias con el peronismo?

  •  “Y… pegué un giro de 180 grados pasados los años y la experiencia que fui haciendo. Era peronista y del ala de derecha, catolicón también, quería ser militar, bastante reaccionario. Y después me volví ateo, marxista y empecé a ver la vida de otra manera, pero porque la vida misma me trataba de otra manera, no era como yo pensaba. Tuve una serie de experiencias que me fueron golpeando y vi el peronismo en la acción y eso también me hizo romper. Ya casi con diez años de experiencia y lucha sindical fui descubriendo mis cualidades. Así me di cuenta que mi fuerte era la oratoria, que cuando hablaba en las asambleas, o en alguna actividad, sentía que la gente me escuchaba, que mis ideas llegaban. Así que me concentré en eso, fui avanzando en profundizar las ideas marxistas en la aplicación concreta para la vida, así empecé hasta a entender las relaciones humanas de la sociedad capitalista.

    Seguí en Acindar y empezamos a militar en la clandestinidad, yo algo de experiencia tenia porque en el Swift se militaba de forma clandestina, yo había trabajado también en Somisa, volvieron esas épocas, ya con el peronismo traicionando, hasta buchoneando compañeros. Entonces con un compañero de la fábrica que venía planteando que no podíamos exponernos, que nos tenían marcados, formamos una agrupación en la clandestinidad. Eso me permitía formarme y a la vez formar otros militantes, generar conciencia del momento político, pero centralmente en el trabajo sindical.

    Después me di cuenta que la política traspasaba la fábrica. Entre el 74 y el 75 fui dirigente vecinal del barrio donde vivía, en la villa al costado de Rosario y tomábamos los problemas del barrio, la falta de luz, de agua potable, las condiciones de precariedad en las que vivíamos hacían que también nos organicemos y hacíamos llamados a los vecinos a reunirse. Un día que convocamos había más de 1000 vecinos en la puerta de mi casa, me asusté, no sabía qué hacer, y ahí formamos un consejo vecinal, que fue muy combativo y justamente funcionábamos frente al cuartel 121 del ejército. Para ese entonces ya estaba muy marcado y cuando se empieza a poner más densa la cosa, porque habían querido llevarse gente del barrio, yo me meto para defenderlos y caigo detenido. Así que mi militancia era todo terreno, porque militaba como delegado en Acindar y en la Vecinal.

    La cosa ya estaba muy brava, porque lo clandestino no alcanzaba, había que pensar en la autodefensa, propia y la de los compañeros que estaban organizados, había grupos de tareas que en cualquier lado te daban una paliza o te podían matar.

    Entonces empezamos a organizarnos en ese sentido, cuidar la casa de los compañeros, acompañarnos, nunca andar solos. La militancia en la zona era bastante virgen, no tenía la experiencia del Rosariazo, del Cordobazo y otras gestas obreras que habían sido de gran lección, de aprendizaje para la clase obrera.

    En marzo del 74, se lanza la toma de Acindar, y como yo había estado muy enfermo, me reincorporaba a la fábrica después de unos meses, ese día no pude entrar, pero los compañeros me informaban de todo. Ya habíamos ganado la comisión interna, el cuerpo de delegados y queríamos conquistar el sindicato. Y esa vez con todos los trabajadores de Villa, ganamos.

    Ya en esa etapa actúan los grupos fascistas, bandas de choque y si bien antes habíamos pensado en la autodefensa, yo me integro al PRT porque consideraba a esta organización como muy avanzada en estas cuestiones y fue una de las razones por las que empecé a militar ahí y formamos el primer comité fabril, dentro de la fábrica, pero nosotros no teníamos política para la fábrica, solamente teníamos política militar y eso jugó muy en contra. Con decirte que el PRT no nos reivindica a nosotros, reivindica los actos militares, que después fueron todos derrotados, más tarde se transforma todo en aparato, se disuelve el partido, se transforma en ERP, se elimina la democracia interna y hay una subestimación a la vida sindical, eso lo sufrimos nosotros.

    Pero a pesar de todas las que pasé, de los triunfos y de las derrotas que sufrimos, de la represión y de la dictadura, yo me siento orgulloso de mi historia y de mi clase.

    Conocer estas historias en primera persona, tiene el valor de transmitir experiencias, porque las nuevas generaciones de obreros combativos no pueden partir de cero. Sin hacer por ello una reivindicación acrítica.

    Para que “una nueva generación se plantee el horizonte de una sociedad sin explotación, donde las banderas de libertad e igualdad, que siempre enarbolaron los movimientos proletarios y socialistas en las grandes revoluciones de nuestro tiempo, nutran nuevamente el imaginario emancipador” *

    *Insurgencia obrera en la Argentina 1969-1976 (Clasismo, coordinadoras interfabriles y estrategias de la izquierda). Ruth Werner y Facundo Aguirre. IPS 2007