Hernán Scandizzo es periodista e investigador del Observatorio Petrolero Sur (OPSur). Visitó la provincia de Mendoza en el marco de las Jornadas sobre Problemáticas Socioambientales, organizadas por el SUTE y diferentes asambleas socioambientales. En la conversación nos ofrece su mirada sobre los casi 10 años de fracking en Argentina, un recorrido marcado por la distancia creciente entre los discursos y los hechos.
Mariano J. Salomone Sociólogo
Viernes 20 de marzo de 2020 00:00
Atravesamos días en los que encontramos poco espacio para cualquier información que no esté contaminada por el avance global del coronavirus. Esta nota no será la excepción. Porque la epidemia tiene más de un punto de contacto con la industria hidrocarburífera. Por una parte, la contracción de la demanda que ha causado la cuarentena global, ha provocado la mayor caída del precio internacional del crudo en años. Pero por otra parte, la relevancia de esta pandemia ha contribuido a visibilizar un trasfondo común con otras situaciones críticas que el capitalismo global impone a la humanidad y el resto de los seres vivos que habitan este planeta. La nota aparecida en la revista Anfibia, “Las nuevas pandemias del planeta devastado”, inició un debate sobre la relación entre estas nuevas enfermedades virales y el grado de aniquilación de los ecosistemas, en su mayoría tropicales, que se ven arrasados por el agronegocio o la industria maderera para plantar monocultivos a gran escala. El artículo se preguntaba en qué medida, al igual que enfermedades como el chapare virus registrado en Bolivia o la ferocidad de los últimos brotes del ébola en Liberia y Sierra Leona (África), la mutación biológica del coronavirus que permitió el salto a los humanos pone al descubierto “cómo nuestra visión extractiva del mundo vivo está llevando a la humanidad a una encrucijada en la que pone en jaque a su propia existencia”.
Llevar las condiciones materiales de existencia al extremo de lo posible, parece ser el imperativo que organiza la respuesta sistémica frente a la crisis global. Sobre ese mismo trasfondo histórico-social, Hernán Scandizzo en su visita a Mendoza, nos invitó a reflexionar sobre la problemática del fracking. Debemos pensar la industria de los hidrocarburos no convencionales como parte de lo que denominamos la producción de energías extremas: “Este concepto de energía extrema se refiere no sólo a las características de los hidrocarburos, sino también a un contexto en el que la explotación de gas, crudo y carbón entraña cada vez mayores riesgos geológicos, ambientales, laborales y sociales” . El capitalismo, desde la revolución industrial, ha organizado el desarrollo de sus fuerzas productivas en torno a los combustibles fósiles. Frente al paulatino agotamiento de los reservorios de crudo a nivel mundial, la industria hidrocarburífera pareciera redoblar su apuesta, lanzándose ahora en busca de las últimas gotas de petróleo alojadas a mayor profundidad, en rocas más compactas, que requieren el uso de una tecnología más agresiva e infraestructuras que rozan lo grotesco, así como también impone la necesidad de una dinámica financiera tan desmedida como especulativa. Es el marco sobre el que debemos pensar el megaproyecto vinculado a la formación de Vaca Muerta en Argentina.
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-El ingreso del fracking en la argentina está cumpliendo cerca de los 10 años en el debate público, aproximadamente. Nos gustaría preguntarte qué balance se puede hacer de este recorrido. Quizás también marcar los posibles giros que pueden identificarse en el sector en relación a los cambios de gobierno.
En muy poco tiempo, Vaca Muerta pasó de ser un tema circunscripto a las oficinas del Estado y de las corporaciones del sector a instalarse en la agenda pública. Añelo, ciudad base de la actividad no convencional, paso de tener 2.700 a 7 mil habitantes en el término de dos años. Entonces, primero, hubo una irresponsabilidad en los anuncios. ¡Estábamos llamados al éxito! Y con un discurso así, obviamente, hubo una afluencia de la gente que desbordó la capacidad habitacional, los servicios de salud, de educación y demás. Hoy, a casi 10 años de los primeros anuncios, se ve cómo repercute todo eso. Y no solamente en Añelo, sino que se ve también en Neuquén, donde tenemos la toma de tierra más grande de la historia de la ciudad que se produjo en enero, son 1.500 familias, 4500 personas que fueron censadas. Y eso está vinculado con la distorsión económica muy fuerte que se acentuó con el avance de Vaca Muerta. Los ingresos de quienes trabajan en la actividad hidrocarburífera están muy por encima de los salarios del resto de las actividades. Esto hace que a muchos y muchas que no accedemos a las “mieles” de Vaca Muerta, se nos encarezca la vida. Y si lograste ahorrar y comprar los materiales… no tenés dónde edificar por lo que cuesta acceder a un terreno. Esos contrastes se han agudizado. La bonanza de Vaca Muerta no se ha cumplido y lo que está dejando en superficie son estas situaciones.
Después, está la cuestión relacionada con el objetivo del autoabastecimiento. El gas y los combustibles abundantes y baratos no los estamos teniendo. Porque todos lo tarifazos que hemos sufrido durante el macrismo tienen que ver con la financiación del sector hidrocarburífero. Durante el kirchnerismo, para promocionar Vaca Muerta, hubo transferencias desde el Estado, en buena medida hacia YPF, pero también hacia el conjunto de empresas que extraían gas a partir de subsidios. Lo que hizo el macrismo fue eliminar los subsidios al consumo, que beneficiaba al pueblo en general; entonces hubo una transferencia desde el Estado y desde el conjunto del pueblo para garantizar la explotación petrolera. Entonces, el acceso barato a la energía es algo que no ha sucedido, y lo de abundante está por verse. Porque si bien ha habido una reducción de las importaciones de gas, estamos muy lejos de haber logrado el horizonte del autoabastecimiento.
En 10 años también se muestra la fragilidad de estos discursos que pronosticaban una bonanza tal que lograría transformar a la Argentina, de un país importador a alcanzar el autoabastecimiento e, inmediatamente, posicionarla como exportador en el mercado mundial de la energía. La producción está lejos de alcanzar esos niveles pero además la infraestructura de transporte de gas que está saturada. Había una infraestructura de Loma La Lata, que fue el mega-yacimiento de gas convencional, que estaba ociosa pero se saturó rápidamente. Y no han logrado las inversiones para garantizar la ampliación de la red de gasoductos o el acondicionamiento y la ampliación del tendido ferroviario para transportar las arenas que requiere la fractura hidráulica. Entonces se van haciendo visibles las distancias que existen entre los discursos y los hechos.
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También los diferentes gobiernos han subrayado el supuesto “interés” de las grandes corporaciones por Vaca Muerta, sin embargo la “lluvia de inversiones” que anunciaba el macrismo no fue siquiera una garúa. Las mayores inversiones durante el kirchnerismo las hizo YPF y durante el macrismo, las grandes beneficiarias y las que hicieron alguna apuesta, fueron empresas que tienen su foco de negocios en Argentina. Que tampoco es que podemos decir que se trata de la burguesía nacional… es Techint con Tecpetrol, es Galuccio (el ex CEO de YPF) con Vista, es Bulgheroni con PAE (en donde están BP y la china CNOOC), que son quienes tienen cercanía o son parte del poder político y económico. Pero las inversiones de Shell, Wintershall o Total son marginales si, teniendo en cuenta sus carteras de negocios, las comparamos con las que hicieron YPF, Tecpetrol o Vista. Si ponemos en paralelo a Vaca Muerta en Argentina con el Presal en Brasil (el megayacimiento de aguas profundas), vemos que en Argentina los desarrollos masivos de Shell van avanzando muy de a poco; mientras que en Brasil es la principal empresa privada y está a la par de Petrobras en relación al volumen de inversión. Entonces hay una actitud que es totalmente diferente. Aquí en Argentina uno realmente no ve que las grandes corporaciones se saquen los ojos por hacer pie en Vaca Muerta.
-Qué análisis se puede hacer de las primeras definiciones de Alberto Fernández en relación al fracking y lo que pareciera asomar como la posibilidad de un nuevo impulso o apuesta por la explotación de hidrocarburos no convencionales, al menos presente en el discurso del presidente, ahora en el contexto de una deuda externa que resulta agobiante.
Se habla, por ejemplo, como alternativa a Vaca Muerta, ir por la recuperación terciaria de yacimientos convencionales. Pero eso es algo de corto plazo. Porque estamos hablando de yacimientos que se están agotando y a los que también le tenés que inyectar dinero para que levantar la producción. Puede tener un costo financiero menor a la aplicación del fracking, pero es un horizonte mucho más breve. La recuperación secundaria o terciaria puede servir si estás en un proceso de transformar tu matriz energética, entonces “mientras tanto” sostenes la explotación de hidrocarburos. Pero si apostás a Vaca Muerta no es porque estás pensando en una transición. Si apostás a Vaca Muerta, por el volumen de inversión que demanda, estás haciendo una apuesta que va a ser sostenida en el tiempo, unas cuántas décadas. Se trata de horizontes diferentes. También se puede interpretar que quieren seguir apostando a Vaca Muerta, pero la situación no se los permite, entonces la recuperación secundaria y terciaria puede ser punto intermedio, un salir a la superficie a tomar aire y ver cómo llegar a la orilla.
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-Justo esta semana ha sido noticia, en todos los medios, la caída del precio internacional del barril…
- En Mendoza hace un par de años que el gobierno local ha tomado la iniciativa de impulsar la explotación de no convencionales, precisamente en la porción de Vaca Muerta que comparte la provincia. Aún se encuentra en una etapa incipiente, lejos del desarrollo masivo que transitan los no convencionales en la Patagonia norte. ¿Nos gustaría conocer qué mirada tenés sobre este avance en Mendoza?
Está todo por verse. En la provincia hay 20 pozos fracturados desde 2016, realizados por YPF y El Trébol (Phoenix), y se han hecho varios anuncios en 2019 para posicionar a Mendoza como la próxima frontera no convencional. Pero también en Mendoza hay una movilización popular en defensa del agua con capacidad de frenar este tipo de proyectos.