Hackeos ilegales y filtraciones. Marcelo D’Alessandro, un gran amigo de los jueces federales. El peronismo en crisis: campaña electoral en tiempos de ajuste. Larreta y un aburrido llamado al “consenso”. Algunos comentarios sobre el llamado “fracaso” de la democracia.

Eduardo Castilla X: @castillaeduardo
Viernes 24 de febrero de 2023 21:01

Imagen: Sebastian Ramos, Horacio Rosatti y Marcelo D’Alessandro.
" - Hola Tano, hoy me entregaron el Focus!! Gracias.
-Nada que agradecer. Ni bien entren los Toyota te doy uno.
- Uhhhh, genial. Abrazo grande!!!!"
El “Tano” es ministro de Seguridad de la ciudad más importante el país. Quien agradece es juez federal. No son personajes de Sergio Olguín o Eugenia Almeida. No hay aquí ficción. Son la realidad viva del decadente régimen político argentino.
El diálogo entre Marcelo D’Alessandro y Sebastián Ramos trascendió en las últimas horas. Recreando la “tradición” de Jaime Stiuso, nació de una filtración ilegal. Un nuevo hackeo (y van…) al celular del funcionario porteño. Una nueva confirmación de que el espionaje político funciona 24/7 bajo la gestión del Frente de Todos, aquella que demonizó hasta el cansancio las escuchas ilegales y el vínculo entre espías y Poder Judicial. Esa práctica que el macrismo supo ejercer con intensa pasión desde siempre.
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El oficialismo nacional está casi obligado a celebrarla, a convertirla en herramienta política para la impotente batalla épica que libra por estas horas. El juicio político a los integrantes de la Corte Suprema aparece como instrumento de agitación electoral contra una oposición patronal a la que efectivamente le sobran lazos con la casta judicial.
Esa obligación nace de su impotencia estructural. Carente de un programa económico y social que enfrente la catástrofe económica, el Frente de Todos descarga toda su furia en el llamado Partido Judicial. Lo convierte en agente de todas las desgracias.
Esa perspectiva, sin embargo, no aquieta las tendencias centrífugas que habitan el oficialismo. La falta de un liderazgo político claro desordena al peronismo, lo empuja a las divisiones y las acusaciones mutuas. En ese denso juego de Todos contra Todos se elevan al cielo dos plegarias: que CFK acepte ser candidata y que Alberto Fernández acepte no serlo.
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Del otro lado de la política burguesa, el caos parece apoderarse de Juntos por el Cambio. Casi compensando la carencia de candidatos del oficialismo, la oposición patronal lanza nuevos aspirantes a presidente a cada momento. Una verdadera “sobreproducción” de figuras que oscila entre la rabia derechista de Pichetto o Bullrich y el pobre consensualismo de Larreta. En desesperada carrera hacia ese “centro político” que parece no comulgar con las llamadas minorías intensas, el jefe de Gobierno porteño ofrece un discurso vacío que -en tiempos más que recientes- aportó a la expansión de múltiples políticas de ajuste.
Los consensos de los que habla Larreta, ya se los dio el peronismo de Massa y los gobernadores del PJ votándole todas las leyes de ajuste durante el gobierno de Macri. Ese consenso también lo tienen hoy con el ajuste que aplica el FDT para pagarle al FMI. En eso no hay grieta.
— Nicolas del Caño (@NicolasdelCano) February 24, 2023
Representantes y no representados
Hace apenas días, el periodista Mario Wainfeld reseñó críticamente el documento elaborado por la Mesa política del Frente de Todos: “Carece de cualquier referencia a la gente común, de agradecimientos a su templanza, esfuerzo y solidaridad en años difíciles”.
Difícilmente el oficialismo pueda ejecutar ese acto de gratitud. El Frente de Todos arribó al poder con la promesa de “recuperar lo perdido”. Su gestión fue y sigue siendo casi todo lo contrario. La población ya le anunció su malestar en las elecciones de 2021, al retacearle millones de votos.
El derrumbe estratégico del peronismo gobernante se mide, entre otras cosas, en los números descontrolados de la inflación; en las tres millones de personas que buscan un segundo trabajo; en el abismo que separa el salario de trabajadores registrados y no registrados.
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El documento frentetodista ilustra, una vez más, la creciente separación entre representantes y representados. Esa tensión creciente, nacida de los grandes fracasos nacionales, que Antonio Gramsci supo identificar como elemento esencial de las crisis orgánicas.
Aceptando la “herencia” que legó Cambiemos, el peronismo se convirtió en continuador del ajuste previo; en garante y fiador de la deuda contraída por la gestión macrista con el FMI. Al hacerlo, profundizó una decadencia nacional preexistente, acelerada entre 2016 y 2019.
La democracia del espionaje y las corporaciones
La crisis social en curso tiene como contexto las cuatro décadas transcurridas desde el final de la Dictadura. Analizando lo que definen como “estancamiento de las democracias en América Latina, los investigadores Aníbal Pérez-Liñán y Scott Mainwaring encuentran razones estructurales en la compleja combinación entre una gobernanza de pobres resultados sociales y económicos; “Estados híbridos” incapaces de ofrecer solución a demandas esenciales como los servicios públicos o la salud; y el veto permanente ejercido por actores económico-sociales de peso que, en muchos terrenos, ofrecieron una continuidad en relación a los regímenes dictatoriales.
Si atendemos al territorio argentino, esas continuidades se reflejan, por ejemplo, en los servicios de Inteligencia. Antonio “Jaime” Stiuso se desempeñó en la Side desde 1972 hasta 2014. En esa larga trayectoria, el llamado “jefe de los espías” pasó por la Dictadura y las gestiones de Alfonsín, Menem, Duhalde, Néstor Kirchner y Cristina Kirchner. ¿Cómo sorprenderse, entonces, de la vigencia de los métodos se espionaje ilegal?
Se adivinan, asimismo, en las continuidades dentro del propio aparato represivo. Tan solo ayer, en 2019, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires confirmó que 282 de sus efectivos policiales habían pasado por los llamados años de plomo de 1976-1983. ¿Cuántos revestían en funciones dentro de otras fuerzas, federales o provinciales? O en el seno del aparato judicial, donde -también hasta 2019- solo habían sido procesados 48 jueces y fiscales de los más de 400 denunciados o sospechados de participación en el régimen genocida.
¿“Fracaso” de la democracia?
Expresando mucho de frustración y nada de rebeldía -como bien definió Fernando Rosso-, la derecha libertariana construye su propio relato sobre la democracia. Criticando exclusivamente al funcionariado político, elimina del análisis cualquier referencia al poder económico o a esa casta pura que constituye la cúpula del Poder Judicial.
Ubicado formalmente “fuera” del sistema político, el empresariado ejerció y ejerce otro veto constante a los mecanismos democráticos. “Votando” a diario por medio de la coacción económica, el gran capital decide los destinos del país desechando la voluntad de millones. Voluntad que este régimen político solo habilita ejercer cada dos o cuatro años.
Esa democracia capitalista es la democracia de los Stiuso y el espionaje ilegal. De los Stornelli, los Sebastián Ramos y los Rosatti; casta privilegiada intensamente enlazada al poder económico y a los servicios de Inteligencia. ¿Cómo no recordar aquellos otros chats ilegales que ilustraron un ameno viaje a Lago Escondido de jueces, empresarios del Grupo Clarín y el mismo Marcelo D’Alessandro?
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Los debates sobre la “crisis de la democracia” remiten, necesariamente, a la distancia entre lo que fueron sus promesas discursivas iniciales y los ásperos resultados del presente. Sin embargo, sería impropio hablar de su “fracaso”.
Como sistema político, la democracia capitalista acompañó las políticas de entrega nacional y ajuste empujadas por el gran capital imperialista en estas décadas. Fue el régimen de un tenaz ataque al nivel de vida de las mayorías trabajadoras, pausado solo en los años del llamado boom de las commodities. Fuente de decepciones y desilusión para millones, cumplió la consigna que su naturaleza social le dictaba: la rentabilidad burguesa por encima de la vida de las masas populares.
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Cuestionar la democracia capitalista
Una democracia sin restricciones implicaría dejar atrás el limitado horizonte del capitalismo. Superar, de manera revolucionaria, el techo que impone la dominación social y política de la clase capitalista, permitiendo a millones discutir y decidir -libre y conscientemente- acerca de los múltiples problemas que afectan la vida cotidiana.
Por ejemplo, debatir colectivamente la utilización de los recursos naturales en relación amigable con el ambiente, escapando a la lógica extractivista que hoy empujan todas las fuerzas políticas capitalistas. O discutir, asimismo, los destinos de la riqueza nacional producida por millones de manos y hoy apropiada, mayoritariamente, por unos pocos.
Una democracia así solo puede empezar a desarrollarse bajo un gobierno de los trabajadores y el pueblo pobre. Apostar estratégicamente por esa perspectiva requiere la necesaria construcción de un partido político revolucionario de la clase trabajadora. Implica trabajar por organizar y poner en movimiento la fuerza que la clase obrera, las mujeres y la juventud pusieron en escena reiteradas veces.
Eso significa, entre otras tareas, desplegar una persistente lucha en todos los terrenos. Combatir, por ejemplo, las reaccionarias concepciones de la derecha libertariana al tiempo que se batalla activamente por las ideas socialistas revolucionarias. Enfrentar políticamente a los enemigos de la clase trabajadora en cada barriada popular, en cada lugar de trabajo o de estudio. Trabajar, allí también, por la organización democrática y consciente de los explotados y oprimidos. En desarrollar estratégicamente esa perspectiva milita diariamente el PTS-Frente de Izquierda Unidad.
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Eduardo Castilla
Nació en Alta Gracia, Córdoba, en 1976. Veinte años después se sumó a las filas del Partido de Trabajadores Socialistas, donde sigue acumulando millas desde ese entonces. Es periodista y desde 2015 reside en la Ciudad de Buenos Aires, donde hace las veces de editor general de La Izquierda Diario.