Nuevamente el movimiento estudiantil osó a prender la chispa, esta vez las estudiantes son las protagonistas, gritan lo que muchas callan, y marcan la agenda política del país llevando el sentimiento contra el machismo más allá de los establecimientos educativos.

Galia Aguilera Profesora, y dirigenta del Partido de Trabajadores Revolucionarios
Jueves 24 de mayo de 2018
Según CADEM un 91% de la población cree que el país necesita seguir realizando cambios para alcanzar la igualdad, una de las medidas más importantes sería terminar con la brecha salarial entre hombres y mujeres, como también la educación no sexista. Al mismo tiempo, el 74% de la población estaría apoyando la movilización feminista impulsadas por las estudiantes. El gobierno acaba de proponer su agenda legislativa de género, pero no considero ni la educación no sexista, ni la brecha salarial, ni que el salario mínimo tiene rostro de mujer, como tampoco el derecho al aborto legal.
El fenómeno de mujeres va en ascenso, mientra sectores conservadores, como los obispos de la iglesia católica renuncian ante la “vergüenza” del encubrimiento de delitos sexuales a menores, los mismos que imponen una moral que sataniza el derecho democrático de que la mujer decida ser (o no) madre, impidiendo la intervención hospitalaria e imponiendo el aborto en clandestinidad. El movimiento hace sonar las cadenas, se oye la juventud, se cuestiona la iglesia y las leyes, y se rompe el código moral de “calladita te ves mejor”.
Resuena la idea que estamos frente a momento histórico, tomas, paros, marchas, unidad de estudiantes y trabajadoras para discutir cómo parar el acoso y abuso sexual. y la gran pregunta ¿Contra qué luchamos? contra el machismo y el patriarcado han alzado la voz a través de los medios las estudiantes. ¿Cómo luchamos contra él? algunas se lanzaron contra los hombres, planteando el extremo que el sólo hecho de serlo lo hace responsable, y cada acto, palabra o movimiento será vigilada para ser castigada, lo que sólo hace peligrar esta lucha en una falsa pelea entre sexos; Otras se unieron con sus compañeros, y a las funcionarias y funcionarios, y académicas, e impulsan espacios triestamentales contra el autoritarismo universitario.
Hoy todos se muestran dispuestos a conceder las peticiones de las mujeres, desde el gobierno hasta los rectores, pero no se les cae la cara de vergüenza de tener cientos de mujeres subcontratadas y a honorarios, como pasa con las trabajadoras del aseo.
Si bien no se puede negar la responsabilidad individual, es fundamental la lucha contra las instituciones que sostienen, reproducen y permiten estas prácticas, como la iglesia, el Estado y la educación de mercado, pues son ellas las que generan las condiciones para que la opresión alimenté las bases materiales del sistema capitalista, transformando la opresión de género en un problema que no es meramente cultural sino que estructural.
Estas instituciones, las verdaderas responsables junto con los partidos políticos de la derecha y la nueva mayoría,han resguardado durante décadas a través de reformas mínimas la explotación y opresión a beneficio de los empresarios. Permite mayor explotación en los lugares de trabajo, las ganancias de empresarios crecen mientras batallones de mujeres deben depender de un salario más miserable que el de su compañero, gracias a esto la independencia económica no siempre es posible.
La brecha salarial no es un secreto para nadie, en Chile llega alcanzar el 40%, sumado a ello los planes de salud y las dificultades en los pre y post natal, como en los fueros, licencias médicas, salas cunas, siguen cargando estructuralmente sobre los hombros femeninos. Los empresarios y empresarias no pretenden perder una tajada de la torta, la opresión le es servil, la igualdad no es necesaria para ellos, prefieren despedir a alguien acusado de acoso (siempre y cuando no sea un alto cargo) y posar de sensible a la causa, que subir e igualar salarios entre hombres y mujeres.
Es un fenómeno histórico, pero no el único, no ha sido la primera vez que mujeres hacen retumbar las conciencias del mundo, ya otras olas han demostrado que no somos inferiores, pero el patriarcado logra recrearse, hubo avances políticos, sociales y culturales, el derecho a voto, la entrada masiva al mundo del trabajo (hoy con una clase obrera exponencialmente feminizada), los métodos anticonceptivos y hoy el derecho a no callar, sin embargo el patriarcado parece no irse, hoy el 70% de los pobres son mujeres y niñas, la brecha salarial sigue intacta, el trabajo precarizado como el subcontrato está encabezado por mujeres. no es la primera vez que las mujeres en la historia salen a la calle e imponen un cambio cultural, pero aun sin lograr una transformación profunda de la sociedad, lo más cercano ha sido las obreras rusas, que tienen el honor de ser las iniciadora de la primera revolución obrera y socialista en 1917, que puso al mundo de cabezas.
En tanto movimiento histórico, implica una responsabilidad, pero el movimiento es amplios, a las más privilegiadas les basta con la cuota de género en los partidos o el derecho de manejar sus bienes, que por supuesto son demandas básicas, pero hay que decir que la mayoría de las mujeres no están en estos zapatos. El 99% de las mujeres nos encontramos trabajando o somos parte de familias trabajadoras, algunas veces explotadas por otras mujeres, y muchas veces vapuleadas por otras desde sus cargos ministeriales y parlamentarios o puesto que cumplen funciones represivas. Si queremos un cambio para la mayoría de las mujeres, no podemos conformarnos con un cambio cultural, sabemos que desde hoy podemos conseguir varias de nuestras demandas y así aplacar parte de esta opresión, pero será una revolución social la que pondrá los verdaderos cimientos para acabar con el patriarcado y el capitalismo, que sustenta todas las opresiones por sexo, raza, etnia o nacionalidad.
No hay un feminismo, las mujeres que nos agrupamos en Pan y Rosas Teresa Flores, saludamos y participamos en este movimiento, pero también llamamos a levantar un feminismo clasista y socialista, junto a nuestros compañero estudiantes y trabajadores por una sociedad donde no exista ni explotación ni opresión, para prepararnos para estos fines es esencial impulsar un gran partido revolucionario de combate, que organice a miles de trabajadoras, trabajadores, mujeres, intelectuales y juventud.