La reunión del G20 expresó las dificultades de la economía mundial. El FMI y la OCDE felicitaron el ataque a los jubilados. Las contradicciones domésticas.

Pablo Anino @PabloAnino
Miércoles 21 de marzo de 2018

Fotografía: Ministerio de Hacienda
Este lunes y martes Buenos Aires fue sede de la reunión de ministros de Finanzas y presidentes de Bancos Centrales del G20. Cambiemos juega a que el país es líder internacional cuando la economía local no alcanza ni al 1 % del PIB mundial.
No sólo eso: este país semi colonial y dependiente está dominado por el capital imperialista. Muestras sobran: adicción a la deuda externa para disimular desequilibrios económicos, pleitesía a los fondos buitres y, fundamentalmente, una estructura económica con predominancia extranjera, desde la industria, pasando por los servicios y la minería, hasta los agronegocios.
El Gobierno celebra la reunión del G20 como expresión de la “vuelta al mundo”. Pero el feliz mundo de librecambio que sueña el macrismo está convulsionado por las medidas proteccionistas de Donald Trump.
La apertura económica de nuestro país trae tensiones permanentes de la UIA con el Gobierno por el ingreso de importaciones, principalmente en rubros como el textil. A su vez, el macrismo no logra éxitos para expandir las exportaciones argentinas.
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El acuerdo del Mercosur con la Unión Europea está más conversado que un partido de truco y se sigue postergando. Además, el proteccionismo de Trump le costó varios dolores de cabeza a Macri: problemas para que ingresen limones a Estados Unidos y suba de aranceles para el biodiesel argentino.
Este lunes, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, tuvo que rogar al secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Steven Mnuchin, quien participó de la reunión del G20, que exima a la Argentina del arancel al aluminio y al acero que decidió aplicar Trump a todos los países, excepto Canadá y México. La medida yanqui afecta las exportaciones de Techint y Aluar. El Gobierno argentino deberá esperar noventa días para ver si hay resolución favorable.
La reunión del G20 concluyó con un documento de compromiso que expresa las dificultades para el crecimiento mundial, las vulnerabilidades financieras y un tibio llamado a mayor “diálogo y acción” sobre el comercio internacional.
Fuera del libreto oficial del G20, Steven Mnuchin, en una conferencia de prensa, defendió las medidas proteccionistas a las que calificó de "comercio justo”.
En términos prácticos, el principal avance de la reunión del G20 podrían ser las reuniones informales que mantuvieron varios países, entre ellos Argentina, para examinar posibles sanciones financieras contra Venezuela y aumentar la presión imperialista.
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El macrismo, que busca sacar de la agenda pública la discusión de la economía, recibió las felicitaciones de Christine Lagarde, la titular del FMI, y del Secretario General de la OCDE, Ángel Gurría, por las reformas que sacaron plata del bolsillo de los jubilados y beneficiarios de planes sociales en simultáneo que bajaron impuestos a las empresas.
La última vez que el FMI fue tan eufórico en saludar las políticas económicas fue cuando la Alianza de Fernando de la Rúa recortó los salarios de los empleados públicos y las jubilaciones. Podría ser un presagio: todos a los botes.
Terrenal
Lejos del glamour que ofrece el G20, la economía local padece de varios desequilibrios, entre los cuales se destaca la retroalimentación entre la inflación y el dólar.
Febrero marcó una inflación de 2,4 %, según Indec. No obstante, en otras jurisdicciones las direcciones de estadística midieron una suba mayor, incluida la oficialista Ciudad de Buenos Aires.
Para marzo se esperan guarismos cercanos al 2 %. En abril las mediciones podrían superar ese número: es que en el cuarto mes del año están planificados más tarifazos. En mayo sube el agua.
A este ritmo el primer semestre podría comerse prácticamente toda la meta inflacionaria del año. El “segundo semestre” requeriría inflación cero para alcanzar el 15 % que prometieron los cuatro jinetes del apocalipsis en la conferencia de prensa de diciembre cuando recalcularon la meta.
El 15 % de aumento en las paritarias que firmaron varios jerarcas sindicales es un ataque al consumo de pueblo trabajador. Pero la mayoría de los acuerdos tiene aditamentos que disimulan el verdadero aumento que, no obstante, no cubre la inflación real que se espera para este año que supera el 20 % en la mayoría de las estimaciones y se va acercando al 25 % en algunas otras.
La “cláusula embarazo”, que establece revisión en nueve meses, de muchas de las paritarias firmadas hasta el momento puede conjugar un panorama complejo hacia fin de año cuando sea evidente para los trabajadores que la meta inflacionaria es una total ficción. Y que la plata alcanza para menos.
La suba de la inflación es alimentada, además de por los tarifazos y la suba insaciable de los precios por parte de las grandes empresas, por la escala del dólar observada desde diciembre y que en un principio el Gobierno dejó correr, pero después buscó ponerle un freno.
Es lo que viene ocurriendo durante marzo. El Banco Central vendió más de U$S 1.000 millones de sus reservas para contener el dólar. Es que busca limitar el traspaso a precios de la suba de la divisa norteamericana justo en el período de discusión paritaria.
Las dificultades para domar la inflación se observan en los límites del presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, para bajar la tasa de interés de manera más agresiva.
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No es la única tasa que importa. Este miércoles, el ministro de Finanzas, Luis Caputo, estará atento a lo que pase en la reunión de la FED de Estados Unidos que podría definir una suba de la tasa de interés. Serían malas noticias para el plan de endeudarse sin límites.
Los desequilibrios económicos por el momento son disimulados por una escalada de deuda incesante. De este modo, se entiende que exista tanta protección política para Caputo, que esta semana eludió visitar el Congreso para dar explicaciones sobre sus empresas offshore vinculadas a operaciones con bonos argentinos.
El “modelo” es el endeudamiento.

Pablo Anino
Nació en la provincia de Buenos Aires en 1974. Es Licenciado en Economía con Maestría en Historia Económica. Es docente en la UBA. Milita en el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS). Es columnista de economía en el programa de radio El Círculo Rojo y en La Izquierda Diario.